Ficciones

El poema que Pablo Iglesias dedicó a Errejón y que predice la guerra en Podemos

Circula por Telegram el soneto "Nuestra obligación" que Pablo Iglesias dedicó a Íñigo Errejón cuando coincidieron en la Facultad de Políticas de la Complutense

Sólo unos pocos lo saben, pero al comienzo de la amistad entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, cuando apenas tenían 24 y 19 años, el actual líder de Podemos le dedicó un poema a su ahora portavoz en el congreso.

Fue el propio Iglesias quien en una entrevista concedida a El Larguero de Cadena Ser en 2015, contó la historia de que al conocer a Íñigo en la Facultad de Políticas lo primero que le sorprendió de él fue su juventud y su humildad:“le veo allí, sentado en la puerta de la cafetería, con un trocito de pan y al trocito de pan le estaba echando un sobrecito de azúcar. Y no pude evitar acercarme y decirle: 'Pero, ¿por qué comes pan con azúcar?'. Y me dice el pobrecito: 'Es que es como un suizo'”.

Poco después de esta anécdota y de muchas conversaciones sobre el estado político de España y del mundo, Iglesias daría lo mejor de sí y escribiría un soneto dedicado a su amigo titulado “Nuestra obligación”, un poema que los dos olvidarían con el tiempo, pero que hoy circula por algunos grupos de Telegram de círculos anticapitalistas.  

Hay un proverbio somalí que dice: «Yo y mi clan contra el mundo, yo y mi familia contra el clan, yo y mi hermano contra mi familia, yo contra mi hermano».

Esa evolución es precisamente la que se aprecia en el poema de Iglesias. Un texto que bien leído podría ser una premonición de la guerra por el poder que se está librando ahora mismo en las entrañas de la organización morada.

“Nuestra obligación” cuenta la historia de dos hombres con un mismo destino.

Dos jóvenes que querían comerse el mundo.

Dos jóvenes que soñaban con desenvainar la espada de Bolívar, aun sabiendo que, llegado el momento, sólo uno de ellos la podría empuñar.

«NUESTRA OBLIGACIÓN»

                                               A Íñigo

Se lo quitaron todo al pueblo, nos ganaron,

se extinguió la intensa luz del socialismo,

y destripando aquel granate mecanismo

entendimos cuántas cosas nos fallaron.

Por eso hoy somos tú y yo frente al abismo

los adalides de la roja y su mordida,

que la revolución hay que pagarla con la vida

y no perder nunca de vista el espejismo.

Cuando el poder vaya perdiendo la partida

miraremos con cariño hacia el pasado:

tu bollo suizo, mi turbante, la perilla…

y será el pueblo con el puño levantado

llegado el día de la lucha quien decida

quién de los dos será por siempre recordado.

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