Ficciones

Mis vecinos, los yihadistas

Tres hombres árabes acaban de convertirse en los nuevos vecinos del autor de este diario cuando hay un atentado en la ciudad...

Sábado, 6 de noviembre de 2015

Siempre es lo mismo. El mismo parque, el mismo banco, la misma gente... Hoy he pasado de salir con Javi y me he quedado en casa leyendo y observando a hurtadillas cómo se mudaban los vecinos de enfrente. Al menos eso ya cuenta como hacer algo distinto.

Mis nuevos vecinos también lo son. Tres hombres árabes de unos veintitantos solos en un piso. Promete, cuanto menos, algo nuevo. La pena es no haber entendido ni media palabra de lo que hablaban entre ellos...

No sé cómo se llamarán en realidad pero, en mi cabeza, yo ya les he puesto Moha, Ahmed y Mustafa.

Viernes 13 de noviembre

Ayer me salté las clases y me fui a hacer skate.

Por la noche hubo un atentado. Así de cotidiano, así de inesperado.

Un yihadista secuestró una cafetería del centro y se inmoló. 15 personas han muerto y otras tantas están heridas.

Ha habido un atentado suicida y mi vecino árabe ha desaparecido repentinamente

Ahora me siento un poco tonto por haberme quejado de la monotonía, nunca imaginé que las cosas pudieran cambiar tanto de una semana a otra.

Creo que lo único que puedo hacer es esforzarme en no tener miedo, y eso es lo que estoy intentando. Sin embargo, no he podido evitar fijarme en que, desde entonces, falta uno de mis vecinos de enfrente...

Domingo, 15 de noviembre

En serio, al principio pensé que sería cosa de la psicosis y la paranoia, pero cada día que pasa sin haber visto a Ahmed o encontrármelo en el rellano, me parece que cobra más y más sentido lo que no quiero precipitarme a decir.

¿No es raro que una semana después de que llegaran al barrio Moha, Ahmed y Mustafa haya habido un atentado en la ciudad?

Lo peor es que, como son nuevos en el edificio, ningún otro vecino parece haberse percatado de la ausencia.

Tendré que encargarme yo solo de esto. Para empezar, ya he ido al trastero a buscar los viejos prismáticos de mi padre. Creo que se ha pensado que quiero espiar a alguna vecina, pero mejor parecer salido que racista

Martes, 17 de noviembre de 2015

He estado pensando y, en el caso de que fueran yihadistas, ¿no sería mejor tenerles cerca? A fin de cuentas no van a estar tan locos de delinquir en sus propias casas…

Mejor parecer salido que racista

En este punto ya no sé ni lo que quiero porque, si deseo que la policía encuentre su escondrijo, mi casa es susceptible de volar por los aires (imagínate que los encuentran y se inmolan en el acto). Pero si deseo que no lo encuentren, creo que podría estar convirtiéndome en simpatizante de la yihad.

De hecho, probablemente, ya esté incurriendo oficialmente en algún tipo de encubrimiento...

Qué lío.

Jueves, 19 de noviembre de 2015

Ayer por la noche, los de abajo dieron una fiesta y armaron un follón tremendo.

Sin embargo, cada vez que alguien llamaba a su puerta para quejarse, se callaban y hacían como que no había nadie. Luego seguían.

No deja de entrar y salir gente de su casa, ¿estárán preparando un nuevo atentado?

Estábamos a punto de llamar a la policía cuando a Moha y Mustafa también se le hincharon las narices y bajaron a aporrear la puerta.

No se volvió a oír nada más en toda la noche y, hasta donde yo sé, siguen con vida.

Al menos, no les vi salir con ningún Kalashnikov.

¿Los guardarán debajo de la cama o en el altillo del armario?

Viernes, 20 de noviembre de 2015

Escribo rápido para dejar constancia de un comportamiento muy extraño que está teniendo lugar en este mismo instante. Moha y Mustafa están escuchando Camarón de la Isla a todo volumen. Estoy convencido de que lo están haciendo para disimular, deben de haberme pillado espiándoles... Cada vez los tengo más vigilados y reconozco que se me está yendo de las manos. Tal vez sea hora de decirselo a alguien.

Están escuchando Camarón para despistarme

Domingo, 22 de noviembre de 2015

Al final, las cosas acaban cayendo por su propio peso. Ayer me encontré una bolsa de la compra abandonada en el rellano. Dentro atisbé a ver una lata grande y brillante, y en mi cabeza saltaron todas las alarmas. Subí corriendo por las escaleras para avisar a mis padres. Había que salir de allí echando leches y avisar a la policía.

Ya me veía en todos los telediarios cuando mis padres empezaron a reírse de mí. ¿Qué clase de padres se ríen de un hijos que se ha pasado las dos últimas semanas velando por que sus cuerpos sigan enteros el día de mañana?

Una bolsa de la compra olvidada puede ser una bomba cuando tus vecinos son árabes

La respuesta se encuentra en lo que pasó inmediatamente después...

Habían tardado 15 años en decirmelo y habían esperado a que escaleras abajo hubiera una lata de atún a punto de explotar para contarmelo:

—ERES ADOPTADO —dijeron.

¿Adoptado?, ¿yo?

Resulta que no nací en Madrid, nací en Huesca y mis padres biológicos me entregaron en adopción a los pocos días de nacer. 

Todo este tiempo había estado tan preocupado por la diferencia del vecino y resulta que el diferente era yo...

Acabo de descubrir que soy adoptado y no nací en España

Miércoles, 23 de noviembre de 2015

Al final, la lata de atún no explotó y ni siquiera era de ellos, sino de los estudiantes del tercero A.

Lo único bueno es que todo ha terminado porque, nunca vais a adivinar quién ha subido conmigo hoy en el ascensor. Bueno, o sí.. Tampoco es muy difícil, es Ahmed, el supuesto terrorista.

Resulta que en realidad se llama Adrían, pero que me ha dicho que le llame Adri. Adrián es de Móstoles y venía con una maleta, directamente del aeropuerto.

Ya no sé si mis padres me contaron que era adoptado para que no temiera a los vecinos. Lo que sí sé es que el raro era yo.

Había estado tan preocupado por la diferencia del vecino y resulta que el diferente era yo

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