Ficciones

Confesiones de una azafata de podio cabreada

Prefiero que me despidan y estas son mis razones

He salido en muchas portadas de periódicos, pero nunca me he hecho famosa al lado de ningún campeón. Es lógico: yo soy azafata y él el deportista al que todos admiran.

Tampoco soy la chica de la foto, pero ambas somos “chicas de podio”, “grid girls”.

Formamos parte del personal que hace posible estos eventos deportivos. Entre otras cosas, nuestro trabajo consiste en felicitar a los ganadores de la carrera y celebrar su triunfo por unos segundos. Hay que sonreír, llevarle flores y besar una de sus mejillas mientras duran los disparos de los fotógrafos.

A veces hay que compartir, con la máxima naturalidad posible, sus momentos de euforia. Desde hace más de 50 años, los pilotos disparan su chorro de felicidad contra sus compañeros. También eyaculan champán sobre las azafatas.

No es la primera vez que Hamilton lo hace.

Es difícil hacerse famosa cuando tu trabajo consiste en poco más que decorar. No quiero que se me malinterprete aquí: yo tengo que conseguir que me miren. Debo ser muy visible e invisible al mismo tiempo.

No es ninguna ofensa, es un trabajo de cara al público, el que yo siempre quise hacer. Recepcionista, modelo de alta costura, portero de discoteca. Nos pagan para ser vistos, pero nunca somos protagonistas. Se supone que somos piezas indispensables de un engranaje.

Mi compañera china, la de la foto con Lewis Hamilton en el gran premio de Shanghái, sí se hizo famosa el pasado abril. Por sorpresa, el piloto apuntó el champán hacia su oreja como si quisiera hacer diana. Hubo medios de comunicación que la entrevistaron y escribieron su nombre.

Duró solo uno o dos segundos, y no pensé mucho en ello

Liu Siying, de 23 años: "Licenciada en Artes Visuales en Shanghái, trabaja en el departamento de administración de una inmobiliaria y, como es fan del piloto finlandés Kimi Raikkonen, se presentó a las pruebas para ‘decorar’ el podio y aprovechar para saludarlo".

Liu, avasallada por los medios, le quitó importancia al episodio del champán con Hamilton: “Duró solo uno o dos segundos, y no pensé mucho en ello. Simplemente me dijeron que estuviese quieta en el podio y eso es lo que hice".

Ella simplemente hizo su trabajo. Pero yo no creo que ese sea nuestro trabajo.

La foto de Liu hizo que otra vez estallara la polémica sobre el machismo con el que las azafatas convivimos en el mundo deportivo y en las ferias de expositores.

Un debate que siempre nace para volver a morir en pocos días.

Este cartel, por ejemplo, anunció una carrera ciclista belga que se celebró el pasado marzo. La Unión Ciclista Internacional consiguió que se retirara.

Somos azafatas, no somos parte del premio. Aguantar burlas y demostraciones de poder machista no forma parte de nuestro oficio. Si lo es, prefiero que me despidan de este harén. 

¿Es posible celebrar, anunciar, felicitar, llevar trofeos a un escenario sin ser infravalorada por ello? ¿Es posible ser admiradas en nuestro trabajo como las geishas lo eran en sus delicadas artes?

Yo creo que sí, creo que hay que repensar esta profesión, dotarla de nuevos valores añadidos. Quizá así habría también hombres trabajando junto a nosotras.

Y tú, campeón, no seas perdedor.

Subidos a los podios hay muchos perdedores

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