Ficciones

Si tus hijos fuesen a morir desnutridos, ¿les darías carne humana?

Una distopía sobre un futuro cercano en el que el ser humano tendrá que empezar a tomar decisiones incómodas por todas las que ha postergado

15 de enero de 2025

La vida de la pequeña Shui estaba a punto de apagarse. Se consumía del mismo modo en que lo había hecho la vida del niño que, en el último momento, la volvió a iluminar.

Decenas de periodistas, locales e internacionales, se agolparon a la hora de la cena en el comedor de los Deng. Todos querían dejar constancia de lo que, en el país asiático, se ha calificado de milagro y en el extranjero de aberración.

Nunca nadie había imaginado que el próximo gran hito de la humanidad se produciría en un pueblo recóndito de la China rural más pobre. Sin embargo, allí estaba Shui, en medio de la nada, comiéndose los sesos de su vecino. 

La niña, sentada en el regazo del padre, era alimentada por su madre, visiblemente emocionada:

“Cuando no puedes alimentar a tus hijos, te acostumbras a vivir oprimida por la oscuridad. Sin embargo, ahora que mi hija ha vuelto de entre los muertos estoy segura de estar sintiendo, por primera vez en mi vida, eso que en otros lugares llaman 'felicidad'”.

Mei Ling, la madre coraje, hacía estas declaraciones a los medios allí congregados sin poder contener el llanto. Eran lágrimas que contenían el dolor de una vida marcada por la miseria pero que, a medida que resbalaban por su mejillas ya empezaban a curarle las heridas.

En cuanto a la papilla, con una textura y olor indiferenciables de la de cualquier otra, fue bien recibida por Shui, que llevaba varios días sin probar bocado.

Así, la pequeña, de tres años, se ha convertido en la primera niña de toda una generación de chinos que podrán crecer gracias al consumo de carne humana.

Los Deng y los Yang, el yin y el yang de una misma situación

Al otro lado de la mesa, otro matrimonio observaba la escena compungido mientras se agarraba de las manos. Se trataba de los Wang, los padres del niño fallecido por causas naturales que se había convertido en el plato principal de la noche.

Hasta tanto solo dos días antes, Gang Yang era un niño de siete años que, a pesar de llamarse “fuerte” en chino, no pudo soportar los envites de la gran hambruna que asola al país desde hace ya cinco años.

“A estas alturas, el único consuelo que sentimos es que su muerte haya podido servir para algo”, declaraba el padre de Gang a la salida del acto.

Ahora nuestro hijo vive a través de Shui”, quiso añadir la madre, aún fuertemente agarrada a su esposo, antes de perderse juntos en la densidad de la noche rural china.

Aunque a los Deng les haya sonreído la suerte en el último momento, ellos mismos son también un matrimonio joven envejecido prematuramente por la desgracia. Tanto Meri Ling como Huan conocen bien la amargura de perder a un hijo.

Dos años antes de que Shui viniera al mundo, Meri Ling dio a luz a un bebé que no superó su primera semana de vida. La malnutrición hizo que su cuerpo no pudiera producir leche materna y lo único con lo que pudo llegar a alimentar al recién nacido fue con agua con azúcar

“Me he preguntado muchas veces por qué ansiaba tanto traer a otra persona a este mundo que agoniza y ahora lo sé... Los hijos son vida y son esperanza y lo que ha pasado hoy con Shui es la prueba”.

La gran enfermedad del siglo XXI

Los Deng y los Yang son familias modelo de la situación que atraviesa el gigante asiático. Una primera potencia mundial cuya extensa población supera la capacidad del país de poder alimentarla.

Se trata de una situación en la que muchos ven el reflejo del oscuro futuro que se cierne inminente sobre el resto del planeta.

Según las previsiones, en 2030 habrá que alimentar a más de 9.000 millones de personas en un mundo en el que más de 2.000 millones de seres humanos ya están malnutridos y en el que cada año mueren varias decenas de millones por inanición.

Las cifras hablan por sí solas y son imparables. La FAO, para combatir la desnutrición, aboga por un mejor reparto de la carne. Sin embargo, expandir la superficie dedicada a la ganadería y la agricultura no es una opción sostenible. De hecho, hace tiempo que se vienen tomando medidas para reducirlo. Por eso, muchos gobiernos ya han empezado a regular e invertir en la cría de insectos.

Es la realidad del futuro más próximo. Un futuro en el que el cambio climático y la escasez de agua complicarán de una forma alarmante la producción de alimentos.

Comer muertos

El gobierno chino emitía la semana pasada el comunicado oficial con el que ponía en marcha el plan piloto con el que quiere salvar a su pueblo de la inanición. Un plan que el mismo presidente chino calificaba de “desesperado” y de “última opción”.

A partir de ahora, las autoridades chinas controlarán y repartirán la carne de los ciudadanos que fallezcan por causas naturales y sean aptos para el consumo humano.

Tras el despiece, los huesos serán devueltos a sus respectivas familias, que entonces podrán llevar a cabo la ceremonia fúnebre que deseen.

Si todo acaba funcionando según lo previsto, en menos de un año China podría haber acabado con la hambruna y haberse convertido en un país con 0% de desnutrición infantil.

La aplicación de esta medida solo ha sido posible gracias a las investigaciones que el país venía desarrollando en secreto, desde hacía décadas, para encontrar la cura a enfermedades asociadas al consumo de carne humana. Enfermedades como la de Creutzfeldt-Jakob, la variante humana de las vacas locas, que ya no se interpondrán entre la vida y la población china.

Sin embargo, la opinión internacional se muestra preocupada por una medida que podría acabar degenerando en un aumento de la tasa de asesinatos o incluso en granjas de humanos.

Una opción que no descarta el especialista consultado por esta revista, el doctor en biología de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Lorente, quien afirma que la carne humana es tan apta para su consumo como la de cualquier otro animal. Se engloba dentro de las carnes rojas y es altamente nutritiva.

La única razón por la que el ser humano no la come es moral.

Sigue leyendo:

Capítulo 2: Año 2040. Una historia de amor extremo en medio de un mundo caníbal

Capítulo 3: Año 2041. La supervivencia de la epecie se decide en un tribunal

Capítulo 4: Año 2060. La vida en el extraño balneario del que nadie sale con vida

Capítulo 5: El mismo infierno se escondía detrás de una simple puerta de madera

Capítulo 6: Lo dejaron todo para vivir como los primeros Homo sapiens en 2061

Capítulos 7: Su vida era perfecta hasta que descubrió que se basaba en una gran mentira

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