Ficciones

Carta de una versión de mí mismo que ya no recuerdo

Borré mis recuerdos para intentar ser una persona mejor

*Pinturas de Jen Mann.

Querido yo mismo,

Si estás leyendo esto es que algo ha fallado.

Las instrucciones que tenía Marta eran muy precisas. Y me temo lo peor.

La parte buena es que Marta y tú seguís siendo mejores amigos.

¿O debería decir Marta y yo?

Seguiré utilizando la segunda persona para dirigirme a ti porque se me hace más fácil escribir así. Además, por mucho que esté escribiendo esto para una versión futura de mí mismo, cuando llegue el momento de leerlo ya seré completamente distinto.

Cuando leí la noticia de que un grupo de investigadores estaban experimentando con un mecanismo que permite borrar ciertos recuerdos de la mente, sentí que esa era la oportunidad de rehacerme

O, al menos, debería ser así.

En el pasado decidí someterme a un tratamiento médico para eliminar mis recuerdos y convertirme así en una nueva persona. Entonces le di a Marta una carta destinada a mí mismo. ¿La razón? Ella sólo debía entregármela si volvía a comportarme como la persona que no quería ser…

Así que supongo que necesitas respuestas.

Lo primero que quiero decirte es que si he tomado esta decisión es porque me encuentro en un callejón sin salida. Comprenderás que borrar la mayoría de recuerdos de tu mente no es una decisión que se tome a la ligera. Pero creo que es la única manera que tengo de acordarme de vivir.

Hace dos meses cumplí 35 años. Pero me siento como si tuviera 70.

No es una cuestión física, ni de salud: es mi alma la que está envejecida.

Desde la adolescencia, mi único principio ha sido la búsqueda del placer. He pasado los últimos 18 años de mi vida experimentando con todos los vicios posibles. He estado en fiestas que la gente paga para documentar. He cenado en restaurantes siderales. He bailado con el sol y follado en grupo. He dormido en cinco continentes y nadado en cincuenta mares. Y durante todo este tiempo he procurado que las risas fueran lo suficientemente fuertes como para ensordecer mi consciencia.

Solo espero que mi memoria no entienda de karma

Pero a cada año que pasaba, a cada nueva experiencia inolvidable, a cada viaje alucinante, a cada a chica que me llevaba a la cama, a cada sensación explosiva... el agujero que tenía en mi interior se hacía un poco más grande.

Por el camino rompí el corazón a cuatro chicas que ni siquiera merecía, dejé de lado a los amigos que no se amoldaron a mí y pospuse cualquier tipo de responsabilidad. Incluso cuando hacia cosas loables, lo hacía por vanidad y curiosidad antes que por convicción.

Durante muchos años, mi vida ha sido una continua carrera hacia delante.

Pero ya no puedo más.

¿Qué sentido tiene la vida cuando te has vuelto inmune a cualquiera de los estímulos que pueda darte?

La desidia puede ser una enfermedad mortal. Pero eso no es lo peor.

Lo más duro ha sido darme cuenta de que soy incapaz de amar. He llegado a la conclusión de que no puedo querer a nadie. Y mucho menos a mí mismo.

Todo esto me ha llevado al callejón sin salida del que te hablaba.

Por eso, cuando leí la noticia de que un grupo de investigadores estaban experimentando con un mecanismo que permite borrar ciertos recuerdos de la mente, sentí que esa era la oportunidad de rehacerme.

Hace años que los médicos practican terapias con oxitocina para ayudar a los pacientes a superar experiencias traumáticas.

Durante toda mi vida he procurado que las risas fueran lo suficientemente fuertes como para ensordecer mi consciencia

Pero esto es distinto.

En este caso se trata de eliminar los recuerdos que uno ya no quiere para dejar espacio a otros nuevos.

En realidad, este proceso de “borrado” es algo que el cerebro hace de forma natural. Inconscientemente, desechamos la información prescindible para que quepa nueva. Este mecanismo, sin embargo, solo se da con información parecida entre sí. Por ejemplo, cuando nos cambiamos de tarjeta de crédito y debemos aprendernos el nuevo pin, el cerebro borra progresivamente el viejo para evitar que nos confundamos.

Durante mucho tiempo, la mayoría de estudios alrededor de la memoria estuvieron centrados en cómo almacenamos nueva información. En los últimos años, sin embargo, el foco se ha centrado en cómo olvidamos.

Quizá porque cada vez tenemos más necesidad de ello.

Uno de estos estudios descubrió las personas que tenían epilepsia eran más propensas a sufrir un fenómeno que se conoce como olvido a largo plazo acelerado. Como se puede intuir por su nombre, la gente que lo sufre se olvida de lo que acaba de aprender mucho más rápidamente de lo que se considera normal.

Pues bien, el tratamiento al que me voy a someter consiste en alterar la actividad cerebral de forma controlada, como si se provocaran pequeños ataques de epilepsia, para promover este olvido de recuerdos.

Cuando nos cambiamos de tarjeta de crédito y debemos aprendernos el nuevo pin, el cerebro borra progresivamente el viejo para evitar que nos confundamos

Aunque todavía no es posible escoger los recuerdos específicos que quieren eliminarse, los avances en el escaneo del cerebro sí permiten delimitar el tipo de memorias que quieren borrarse.

En mi caso he pedido que me borren todos los recuerdos relacionados con el placer, la diversión, el sexo y el amor. Quiero provocarme un alzheimer emocional para liberarme del peso de la disipación. Que mi alma renazca sin necesidad de un cuerpo distinto.

Marta dice que practico una suerte de budismo tramposo: que es imposible burlar las consecuencias sin haber corregido las causas. Y yo le contesto que mi deseo no tiene nada que ver con la religión, pero que, en todo caso, una de las claves del camino budista es, precisamente, la liberación de esa cadena perpetua de causas y efectos.

Solo espero que mi memoria no entienda de karma.

Quiero empezar de cero. Intentar ser una persona distinta. Darle la vuelta a mis prioridades.

Lo único que me da miedo es que me esté engañando a mí mismo, que mis motivaciones vuelvan a ser las equivocadas.

Por esto le voy a dar esta carta a Marta con una sola instrucción: que me la dé si vuelvo a recaer en los mismos comportamientos del pasado.

Quizá si sabes qué tipo de persona eras puedas corregir tu comportamiento. Al fin y al cabo, regresar al pasado es la mejor forma de conocerte.

O, quizá, simplemente será la confirmación de algo a lo que vengo dando vueltas en los últimos días.

Estoy empezando a pensar que, a lo mejor, no quiero hacer esto para cambiar. Sino para vivir ciertas cosas dos veces.

Y experimentarlas con la misma intensidad que el primer día.

¿Podemos huir de nuestra alma?

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