jueves 01 de octubre de 2009
Grandes éxitos en mi casa
Juan Manuel Freire
Quienes aseguran que no debe juzgarse un libro por su portada deben decir lo mismo, me imagino, en cuanto a los discos. Pero pocos deportes más excitantes y arriesgados que comprar discos de los que no sabes nada, tan solo que sus portadas pueden contigo. En una temporada de mi vida –una posadolescencia que todavía colea, para qué engañarnos– me hice con todos y cada uno de los discos con torres de electricidad en la portada existentes en el mercado. Después me pasé a las portadas con polaroids difuminadas de exnovias de músicos colgados. Y hoy todavía no puedo resistirme a algún retrato en perfecto blanco y negro de alguna chica guapa: me habría comprado el álbum de God Help The Girl aunque no hubiera sabido que Stuart Murdoch estaba por medio.
La sobreinformación de Internet está impidiendo que esta práctica absurda –pero encantadora– siga su curso con peligrosa normalidad. Es raro no conocer el disco de una tienda. Y si haces tu exploración en la red siempre tienta reproducir algún sample de ese disco ignoto; tampoco está el asunto económico para dar triples saltos mortales de consumo. La verdad es que casi dan ganas, en un absurdo juego romántico, de encerrarse a cualquier estímulo del exterior durante tres o cuatro años y luego salir, una mañana de sábado, a comprar discos de los que, con suerte, no sabrás nada. Si es que por entonces todavía existen las tiendas. Definitivamente, queridos amigos, la era digital es trágica para el romanticismo.
La sobreinformación de Internet está impidiendo que esta práctica absurda –pero encantadora– siga su curso con peligrosa normalidad. Es raro no conocer el disco de una tienda. Y si haces tu exploración en la red siempre tienta reproducir algún sample de ese disco ignoto; tampoco está el asunto económico para dar triples saltos mortales de consumo. La verdad es que casi dan ganas, en un absurdo juego romántico, de encerrarse a cualquier estímulo del exterior durante tres o cuatro años y luego salir, una mañana de sábado, a comprar discos de los que, con suerte, no sabrás nada. Si es que por entonces todavía existen las tiendas. Definitivamente, queridos amigos, la era digital es trágica para el romanticismo.
Por cierto, por si se lo preguntan, la foto que ilustra esta columna es de "Fish Tank", la nueva película de Andrea Arnold, que hace años me perturbó con ese thriller egoyaniano llamado "Red Road". Todavía no la he visto, pero poco importa. La película merece el tributo aunque tan solo por esas imágenes de prensa con la joven promesa Katie Jarvis bailando como loca en un piso vacío. Esto, ¿cómo has dicho? ¿Que no juzgue una película por sus imágenes de prensa?
Prefab Sprout: "Ride" [de "Let's Change the World With Music"; Kitchenware - [PIAS] Spain, 5/10]

Prefab Sprout: "Ride" [de "Let's Change the World With Music"; Kitchenware - [PIAS] Spain, 5/10]

La decisión de Sony Music de no publicar "Let's Change the World With Music" en su momento tan solo puede calificarse de inmoral. De sacrilegio, si quieren, dado que al parecer su principal preocupación era la imaginería religiosa en las letras. Paddy McAloon asegura en las notas interiores de esta obra maestra resucitada –una colección de maquetas de entre 1992 y 1993 terminadas de cocer por el ingeniero Calum Malcolm– que su afán era hablar de la trascendencia; de la trascendencia a través de la música. Una idea, quizás, poco cool en 1993, por no decir en 2009, con la posironía campando a sus anchas. Pero el caso es que el álbum está obteniendo ventas estimables –sobre todo en Noruega, curiosamente–, la crítica lo ama y pocos se atreven, por ahora, a meterse con Paddy y sus nuevos-viejos temas celestiales. El mejor de ellos podría ser, quizá, "Ride", electro-funk y superclase.
Lake Heartbeat: "Mystery" [de "Trust in Numbers"; Service, 9/11]

Lake Heartbeat . Mystery.mp3
Cuando uno es exagerado admirador de algo, tiende a ver ese algo por todas partes. Me pasa con Fleetwood Mac pero, sobre todo, con Prefab Sprout, a los que he visto recientemente en Stars, The Postal Service, The Changes, Junior Boys y, por último, al menos por el momento, Lake Heartbeat. Nunca he escuchado a Ben Gibbard soltar prenda sobre Paddy, pero con este dúo sueco no me equivoco, dado que Prefab aparecen los primeros en su lista de influencias en MySpace; justo antes de Nabakov [sic], Polanski y Genet, entre otros. Son gente con clase, eso está claro: seguramente vistan de Filippa K y, aleluya, sepan dar las gracias o pedir perdón cuando toca. Su álbum de debut es la promesa de un mundo mejor, además de un contenedor de hits que no te lo acabas. Para iniciarse, nada como esta "Mystery".
Memory Tapes: "Stop Talking" [de "Seek Magic"; Acéphale]

Memory Tapes . Stop Talking.mp3
Aunque mejorar algo como "Bicycle", en la intersección de New Order con The Tough Alliance, parece una misión poco menos que imposible, Dayve Hawk supera el desafío en esta odisea dance-pop en ochenta mil partes que responde al nombre de "Stop Talking"; una orden fácil de cumplir ante música tan apasionante. Esto es la suma realmente ideal de sus vaporosos Memory Cassette con sus danzones Weird Tapes, sobre todo a la altura de ese final posrockero. El disco se publica, esencialmente, en vinilo –de colores: la primera tirada es en azul claro, con algún que otro entre el blanco y una neblina azulada–, pero Rough Trade vende en exclusiva una edición en CD con música adicional en un segundo disco: un instrumental de 30 minutos. ¡Me lo llevo!
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DBmartes 06 de octubre de 2009
danielmiércoles 07 de octubre de 2009
Monikalunes 26 de octubre de 2009
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