jueves 25 de junio de 2009
Sónar 09
Tres días de cielo electrónico
Jueves 18
Jueves por la mañana. Litros de café, últimas gestiones previas y directos al Sónar. Año tras año sigue sorprendiendo comprobar la naturalidad con la que el Sónar de Día se integra en el nucleo urbano de Barcelona. Dos calles más allá, la vida transcurre con total normalidad y, casi como cada día, la parcialmente mutilada Plaza del Angels se llena de patinadores y gentes ociosas amantes del sol y el alterne a la luz del día que no le hacen ascos a la lujosa banda sonora que el Sónar les brinda a sólo unos pocos metros de distancia.
Poco después del mediodía, dentro de ese nodo de actividad frenética en el que se convertirá durante tres días el entorno cerrado del CCCB y el MACBA, la gente va goteando. El que llega mira y se deja ver. Los más madrugadores buscan las caras sombras del Village, se reparten los metros de falso cesped, o acampan bajo las lonas del más recogido SonarDôme, un vergel de caras bonitas y gestos relajados, de gentes llegadas de todo el mundo que huelen a mar y visten sus mejores colores para brillar al ritmo de un primer día de fiesta. Sónar es uno de esos escasos enclaves espacio-temporales capaces de regalarte la sensación de estar en el momento justo en el lugar adecuado. No sabemos qué piensan ustedes, pero para nosotros esa sensación es de las que no tiene precio.

El Dôme nos regaló los primeros mejores momentos de la mano de Mwëslee y Chelis, un vigués y un zaragozano, dos cabezas y cuatro manos entregadas a un baño matutino de sensual y colorista funk sintético. Dos platos, dos lectores de CD, un mixer y MPC al servicio de una lluvia de ideas, vistiendo un estribillo de Adelle de beats fracturados pegados con celo sintético, abriendo el diccionario del future soul y el skweee por algunas de sus páginas más gozosas y representativas, mezclando voces rituales del Magreb con beats gordos y frecuencias torcidas, sugerentes rítmicas de regusto brasileño y delirios psicodélicos. Para cerrar, nada mejor que el “Space Is The Place” de Sun Ra rebozado de ruidos y ecos. Para ellos fue la primera tanda de merecidos aplausos justo antes de que el barcelonés Miaau llegara a seducirnos con su electrónica emotiva y cinemática. En sus manos el techno es sólo una herramienta, un juego de escuadra y cartabón electrónicos con los que delinear densas fantasías instrumentales que apuntan a extraños y oníricos parajes que poco tienen que ver con los dominios del club de baile. Muy sugerente lo de este micho.
La mañana se movió en terrenos deliciosamente tranquilos, con mucha música para escuchar sentado, para degustar con calma y destensar los nervios que nos procura la vida. Y esa va a ser una de las tónicas dominantes de un Sónar en el que este año abunda el beat making de perfil relajado, ese downtempo que mira de reojo al funk púrpura del futuro, que se envenena de psicodelia ligera, o se jacta de su deformidad de acento wonky.

El sospechoso habitual Jeff Mills protagonizó el primer momento grande en el Village. El de Detroit desempolvó su disfraz de The Wizard para, a cuatro platos, y tirando de vinilos viejos -en alguna que otra ocasión le llegó a saltar la aguja-, rememorar sus tiempos de DJ radiofónico al lado de The Electrifying Mojo. Como en aquellas legendarias sesiones, Mills volvió a exhibir su fascinante capacidad para mezclarlo todo con una facilidad pasmosa, despachando una soberana sesión a base de generosas raciones de funk y disco, de oscuras rodajas de electro robótico, techno primigenio, y mucho -pero que mucho- proto-rap. Curioso ver cómo la gente respondía con mayor entrega ante los ritmos más tórridos y orgánicos, o ante el boom bap de los clásicos himnos del hip-hop más old school, devolviendo un feedback considerablemente más frío ante los sonidos más sintéticos y abstractos, ante esas perlas viejas del techno y el house primigenio o la más atávica EBM que de cuando en cuando colaba en la mezcla. Por sus platos pasaron desde Erick B & Rakim hasta Marshal Jefferson, aunque lo que mejor sabor de boca nos dejó fueron sus citas al hip-hop de los primeros ochenta. Baile al sol y brazos en alto disfrutando de una generosa lección de historia en torno a las músicas de baile de raíz negra.
Tras The Wizard, el estilizado y sensual house pop de Luomo se disfrutó como un sorbete amable, como un tentempié en terraza de copa fina que no consiguió despertar las pasiones de casi nadie de los allí presentes. Quizá no fuera la mejor hora para disfrutar de lo suyo. Como nota curiosa, junto a Ripatti, en el escenario, estuvo en todo momento el animoso Jake Shears (el cantante de Scissor Sisters), contoneándose de forma divertida a la espera de que le tocara encargarse del micro. En un proyecto, el de Luomo, que en tiempos recientes descansa en multitud de voces ajenas, se agradeció la presencia de una garganta real sobre las tablas del Village. Mejor cuando él cantó que cuando las voces llegaban a nuestros oídos disparadas desde un disco duro.

De vuelta en el Dôme, Mulatu Astatke brilló en su papel de padrino del ethio-jazz, llevando las canciones de su reciente “Out There” (Strut, 09) a terrenos mucho más orgánicos en compañía de The Heliocentrics. Hay algo en sus fraseos tranquilos, profundos y fluidos, en las líneas melódicas de sus metales, en los dibujos del vibráfono (que se oía menos de lo que nos hubiese gustado), en lo cadente y sinuoso de esa música templada empapada de jazz y psicodelia exótica, de funk americano y afrobeat, que resulta extrañamente balsámico, narcótico. Que lo suyo embriaga, vamos.
En el mismo escenario, apenas cuarenta minutos después de Mulatu, el francés Débruit se convirtió en una de las sorpresas -o no, porque en sus discos ya venía apuntando muy buenas maneras- de la jornada. Volcado sobre la pantalla de sus dos laptops (uno, el principal, cubierto por una toalla blanca que te llevaba a buscar analogías con el eterno pañuelo blanco de Louis Armstrong), el parisino brilló repartiendo andanadas de future funk de tremenda pegada, beats tan gordos como cojos atravesados de torcidísimas melodías sintéticas en clave de p-funk futurista que hacia el final de su actuación fueron dejando paso a especias más exóticas: algo de house anoréxico condimentado de efectos y pitidos digitales, una especie de dancehall caribeño que fue subiendo de revoluciones hasta acabar en terrenos cercanos al kwaito, y hasta un tema elegantemente bordado de guitarras congoleñas. Nos quedamos con ganas de más.

En el mismo ámbito estético -el del beat making más o menos downtempo- pero en el extremo opuesto del espectro de méritos -del lado de la decepción-, el también parisino Onra se mostró desde el principio incapaz de contagiar a la parroquia con sus escuálidas y previsibles bases. De sus dos MPCs (nada de laptop) sólo salieron ritmos un tanto cansinos, repetitivos y esquemáticos, en los que echamos muy en falta el músculo del funk o la presencia de esos arabescos de exótica orientalista que hacen de sus discos experiencias tan recomendables.

En el Complex, le tocaba el turno a Grey Filastine. Confiados que somos, nos plantamos en la puerta del recinto a las 19:30 horas, hora prevista para el inicio de su concierto y... Sorpresa. Cerca de un centenar de personas se agolpaban en la puerta del Convent del Angels intentando entrar a un recinto prohibido. Razón: aforo completísimo. Un tipo ve nuestra acreditación colgando del cuello y nos pide auxilio. Dice ser amigo de Grey, y haber viajado desde Australia hasta Barcelona sólo para ver a su amigo metiéndose en el bolsillo al más inquieto público del Sónar. Al final él y nosotros pudimos entrar a comprobar como Filastine, envuelto en la oscuridad cómplice del Convent del Angels, y ocasionalmente acompañado de una violinista -y chelista- francesa (de Lion, aunque sus aportaciones apuntaran a las músicas tradicionales del norte de África) y de una MC norteamericana (de Nueva Orleans, aunque no nos pregunten por sus credenciales, que somos muy malos recordando nombres), se lució multiplicando la pegada de su electrónica global para brindarnos una de las mejores actuaciones de la jornada del jueves. Percusiones reales de acento altermundista sobre bases apretadas con sabor a dub y a electro booty, a folclore arabesco y dubstep wonky. Las frecuencias bajas bufaban en las cajas antes de salir catapultadas hacia sienes y pecheras, haciendo de su apuesta una experiencia eminentemente física, algo muy de agradecer habida cuenta de la escasa presión sonara (si les decimos que vimos a agentes municipales midiendo los volúmenes de ruido en los exteriores del complejo entenderán el porqué) que exhibió el soundsystem del Dôme durante todo el día.
Poner a The Sight Below a levantar sus nebulosas de filiación shoegazer en el escenario SonarVillage (el más grande) a eso de las 19:00 de la tarde fue una decisión arriesgada. Su música hubiera encajado mucho mejor en horas más tempranas y en un entorno más recogido, quizás en el SonarHall, un escenario que se le acabó quedando pequeño -de nuevo aforo completo y gente haciendo cola para poder acceder hasta los bajos del CCCB- a los congoleños Konono N°1 y a sus aquelarres rítmicos a golpe de percusiones repetitivas y sus tres punzantes likembes electrificados.

Esperados tras su baja del año pasado -las autoridades les denegaron los pertinentes visados-, la gente disfrutó de lo lindo de su trance africanista a la manera de la tradición bazombo. Likembes que tan pronto suenan a frases de guitarra eléctrica como a secuencia electrónica, unas líneas de bajo ondulantes y profundas que no sabes desde dónde suenan, y canciones larguísimas, ritmos eternos, que van ganando o perdiendo dinámica al antojo de los gestos físicos de unos músicos que parecen haber vivido más de siete vidas. Tarde o temprano, aunque no quieras, aunque estés a otra cosa, su insistente y cálido remolino rítmico acaba por absorberte. Al final no te queda más remedio que bailar y bailar. Cuántas sonrisas de satisfacción vimos en la cara de quienes salían del Hall empapados en sudor.
Un vistazo a Sonarmatica:
Mira nuestra galería de fotos del Jueves.
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titolunes 22 de junio de 2009
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Jaladriellunes 22 de junio de 2009
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Jordimartes 23 de junio de 2009
Martamartes 23 de junio de 2009
Danielmiércoles 24 de junio de 2009
Cangrejomiércoles 24 de junio de 2009
Gigiamiércoles 24 de junio de 2009
Wawamiércoles 24 de junio de 2009
Quesito troceadomiércoles 24 de junio de 2009
Lolamiércoles 24 de junio de 2009
Javimiércoles 24 de junio de 2009
Ramondomingo 28 de junio de 2009
Los Orbital muy bien, aún pueden hacer bailar a miles de personas, Joker nos propone ritmos nuevos, La Roux nos hace bailar, etc etc
todo es novedoso, todo es Sonar, no se le puede criticar con la mente cerrada, tenemos que pensar más alla, como lo hacen los ingleses o alemanes con lo que hablé, todos ellos enamorados del Sonar!
palazzolunes 29 de junio de 2009
sophrosyne_lunes 29 de junio de 2009
AVANTRARAlunes 29 de junio de 2009
Linkyjueves 09 de julio de 2009
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