martes 24 de febrero de 2009
Todas las canciones hablan de mí
Elvis Presley – The Complete Sun Sessions (RCA, 1987)
Pero tuve suerte y me llamo como otro famoso mártir, esta vez con barba y un padre carpintero. En todo caso sí heredé una afición muy temprana a las canciones de Elvis. Creo que lo primero que escribí fue una especie de fanzine (en aquellos momentos yo ignoraba lo que eso significaba) en una cartulina roja en la que pegué fotos de mi ídolo y desarrollé una historia-cómic sobre sus últimos días y desenlace final a manos de su pérfido médico (Georges Nichopulos).
Luego, con más conocimiento simplemente me enamoré de discos como “The Complete Sun Sessions”. Tanto, que terminé viajando a Memphis, Tennessee en abril del 2002. Y esto es un breve resumen de lo que allí encontré mientras en mi discman sonaba este CD (primero editado en el 87 y luego reeditado en el 99) en repeat, a todas horas.
Sorprende Memphis, más allá de otras peculiaridades locales, porque entre sus vecinos no se detectan ninguna de las características atribuidas a Elvis. Su grandilocuencia, excentricidad y bizarrismo setentero poco o nada tienen que ver con los rasgos de la gente que se te acerca, desde el amable policía al dicharachero camarero, pasando por el conductor del tranvía o el amigo ocasional que se presta a enseñarte su amada ciudad: todos se muestran de lo más hospitalario, atentos hasta la nausea, consiguiendo que tu estancia entre ellos sea una experiencia inolvidable (de hecho, uno se siente como un cliente permanentemente satisfecho).
Quizá la imagen pública más repetida de “The Pelvis” sea la de un gordo enfundado en un traje con capa y lentejuelas que suda anfetas y tranquilizantes mientras canta con su profunda voz.
Pero eso tiene mucho más que ver con el Elvis de Las Vegas que con el Elvis –quizá más auténtico y sin pulir- de Memphis. Quien crea que en la capital del estado de Tennessee solo hay iglesias, tiendas de recuerdos y restaurantes donde sirven costillas al estilo sureño (o sea, con un poco de pimentón) se llevará una agradable sorpresa al poner sus pies en esta urbe de contrastes: el campo y la ciudad, la pobreza y la riqueza, el blanco y el negro (con sus muchos colores intermedios). Memphis fue el epicentro del rock ´n´roll, y también del blues, y entre sus ilustres destacan figuras como Bukka White, Memphis Minnie, Lee Baker, Isaac Hayes, bandas como Big Star y The Grifters y sellos discográficos de la talla de Stax y Sun. Pero también es la ciudad en la que asesinaron a Martin Luther King, la del río Missisippi o la calle Beale, con sus garitos de Blues y sus museos del Soul y de los Derechos Civiles.
O te encuentras a un músico callejero tocando exactamente como B.B.King que rechaza orgulloso tu propina, o das con 800 clones de Elvis esperando venderte el sudor de éste a quince pavos el tarrito. Una de las frases más repetidas durante mi estancia fue: “esto puede ser el cielo o el infierno, y no siempre depende e ti”. Las mismas voces añadían que en Memphis –al revés que en Cleveland, Nashville, Dallas o Chicago- no hay purgatorio posible, y que es complicado sentirse en el limbo, como cuando uno va a Los Ángeles o Nueva York. Sí, las referencias religiosas y bíblicas son constantes, aunque casi siempre con buen humor. Y Presley es el icono más fervorosamente seguido y venerado después de Dios, la cuarta pata del Misterio, si es que se me permite expresarlo así.
El tour temático ideal comienza en los Sun Studios, donde por 12 dólares te ofrecen una visita guiada a... una habitación. No es una habitación cualquiera, desde luego, sino el lugar en el que artistas como Roy Orbison, Carl Perkins, Howlin’ Wolf, B.B.King o Jerry Lee Lewis (por citar los que no son Elvis) registraron sus primeras canciones, y donde un adolescente tímido y chulesco a la vez, grabó una maqueta de acetato con "My Happiness" and "That's When Your Heartaches Begin" por 4 dólares de 1953. Además hay un jukebox y una tienda de regalos dedicada al gran Sam Phillips, fundador de la Sun y descubridor de talentos. Hasta hace dos años –fecha de su clausura, dicen que momentánea- podía uno saciar (ampliamente) el apetito acudiendo después al Restaurante Elvis Presley, con un menú en el que brillaban con luz propia los platos favoritos del Rey, entre ellos el sándwich de plátano y beicon con crema de cacahuete. El que todavía sigue en activo es el Java Cabana, en cuya puerta hay un impersonator mecánico que baila si metes monedas en una ranura. Dentro tenemos un bar con la cerveza más fría y el café más caliente del mundo, sí, pero también una capilla conde el Coronel Tommy, su antiguo propietario, celebró improvisados matrimonios hasta 1998.
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jojojumiércoles 25 de febrero de 2009
jesus llorentemiércoles 25 de febrero de 2009
nolloreismiércoles 25 de febrero de 2009
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