jueves 17 de julio
Las horas perdidas
Edu Más
Hace tiempo que vengo defendiendo la tesis de que el videojuego es el nuevo género literario. Hoy más que nunca me siento confortable en esta postura. Hoy que la industria de los videojuegos produce más dinero que la de cine y la música juntas. “A change we can believe in” dice la consigna de Obama.
Fuera de la política que es algo que ignoro profundamente, suscribo la consigna para el nuevo universo de los videojuegos. Para gente como yo, que venimos del Atari, del Spectrum y que sabemos lo que era un juego en discos de 5 ¼, jugar hoy a la PS3 o a la Wii es lo mismo que si Edison hubiera visto su bombilla de incandescencia al lado de un panel reluctante de leds: es casi milagroso. Qué coño, es un milagro. Es de las pocas cosas que me reconcilian con la idea de progreso.
Tengo una especie de orgullo de pertenencia al colectivo de jugadores de videojuegos. Lo digo y todavía me siento extraño, como si estuviera confesando que me gusta acostarme con ovejas o coleccionar uñas. Es como algo bizarro, geek, freak o apelable a cualquiera de los términos estos del definir raro. Pero claro, ¿cómo coño justificas que cada día le dedicas dos horas a jugar a videojuegos sin que te de cargo de conciencia?
-Eh, tío podrías estar salvando ballenas.
-Eh, tío podrías haber escrito una novela.
-Eh, tío…
Es el nuevo género. Un gran profesor de literatura, viejo y seco como un palo de escoba vieja me dijo que si no leía lo suficiente que, al menos, viera películas. Y veo películas. Y leo. Y también juego.
Desde los ocho años, juego. He aprendido inglés jugando a los videojuegos y me he convertido sin quererlo en techno-friendly. De esos que entienden el funcionamiento de un cacharro, me he hecho más observador, más rápido de reflejos y más despierto. Creo firmemente que jugar ha estimulado mi inteligencia y, si yo jugaba con bombillas de incandescencia, imaginaos a los chavales de hoy jugando con leds.
Esta idea también me reconcilia con el progreso.
Adoro los juegos de guerra. Los shoot’em up en primera o tercera persona. Y si un día, después de jugar cinco horas al Call of Duty 4 voy caminando por la calle y veo a una persona caminando por delante de mí a unos 500 metros, pienso que podría dispararle con un SV 50 y acertarle. Y no es que lo quiera hacer, ni que si pudiera y nadie me viera y nadie lo supiera y blabla lo haría. Que no. Lo que ocurre es que es algo que he aprendido, sin querer lo he aprendido. Y de eso se trata.
Si alguna vez entráramos en una guerra y yo tuviera que participar, tal vez tuviera cierta ventaja. Sólo para el primer disparo. Llegado el momento del segundo disparo ya tendría los calzoncillos como cualquier otro soldado. Os lo aseguro.
Y sí, tengo novia, un trabajo, una vida y un proyecto. Y seguiré jugando a videojuegos mientras mi vida me lo permita.
A partir de ahora, podréis encontrar aquí mi opinión sobre los juegos o cuestiones cercanas a ellos semanalmente.
Y quién sabe, tal vez un día estaréis yendo en coche por la autopista y pilléis al típico mochuelo lento-cabrón y deseéis tener un caparazón rojo con el que sacarle de la carretera.
Pero eso, ya es el segundo disparo.
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Comentarios
8
8
Ferviernes 18 de julio
pinviernes 18 de julio
aunque mejor jugar acompañado que solo...
Leilaviernes 18 de julio
feo1lunes 21 de julio
y luego saco la ak-47 para los que me han visto y estan cerca
y me da igual si son rusos, norteamericanos, koreanos, japos, chinos, irakis y tal y tal
porque todos deben morir...
y de hecho van a hacerlo.
palazzolunes 21 de julio
Posermiércoles 23 de julio
Gorgomiércoles 23 de julio
lilamiércoles 23 de julio
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