martes 03 de febrero de 2009

Mis paraísos artificiales

Javier Blánquez

Ríase la gente

Ilustración de Maquinaria de la nube.


En la anterior entrega de esta humilde serie de ‘Paraísos artificiales’ –y perdón por la autocita a lo Sánchez Dragó; que para quien no lo sepa es lo más cercano que hay en nuestra literatura al hip hop, siempre aprovechando el nuevo libro para promocionar los anteriores y realzar la marca; o sea, él–, servidor hizo una referencia a vuelapluma a (sic) “la eterna trampa del directo como ratificador de qué grupos son buenos y cuáles no”. La alusión se hubiera quedado probablemente ahí si no hubiera sido porque, muy amablemente, el estimado lector Regio –a quien hemos de considerar todos un dios por encima del mismísimo padre Osiris– exigió aclaraciones raudas y pertinentes sobre esa aseveración tan aparentemente peliaguda. Preguntaba Regio –traductor de la ONU en Nueva York y encima soltero– si acaso no era así; es decir, si no era tocar en directo, y hacerlo bien, la prueba absoluta de la valía de un grupo, o un solista, en este paisaje nuestro de la música popular. Ponía, en definitiva, el dedo en la llaga de la verdad de este tinglado. Cosa seria. Mi respuesta, tras mucho meditarlo, es que no, y he aquí un intento de argumentarla.

La inquisición del lector Regio –divinidad a la que apasiona el folk, cuanto más llorica mejor, así como el humor cafre y todo lo que apeste a freakazo– tiene toda su lógica dentro del marco de pensamiento rockista, un serio problema para la desatada comprensión de la música moderna. El rockismo, entre otras muchas características, se distingue por un anquilosamiento en valores éticos propios de la segunda mitad del siglo XX que no deberían regir –regio viene de regir, permítase el inciso un poco dragoniano, y perdón– en el momento presente de un mundo absolutamente transformado y encaminado hacia nuevos valores, nuevas estéticas y nuevas maneras de concebir el arte y el consumo. La tecnología lo tiene casi todo que ver con ello. No quiere esto decir que sea mejor o peor, pero el ser distinto le confiere nuevas reglas que hay que tomar en consideración. En el rockismo rigen dos ideas fundamentales: la narratividad y la autenticidad. Es, por una parte, una corriente de pensamiento aplicada a la música popular en la que se tiene una sospecha continuada de aquello que aparenta ser ‘artificioso’, ‘banal’, ‘insustancial’. Mientras lo segundo es postmoderno –la postmodernidad de finales del siglo XX, crítica con los valores absolutos, en continuo rechazo de la ‘gran obra’, preocupado por la eliminación de la barrera entre alta y baja cultura, exenta de la corrosiva ironía nihilista de la actual postmodernidad, que es mucho menos provechosa–, el rockismo se erige en baluarte de la modernidad: en un tomarse demasiado en serio, en negar la frivolidad, en creerse ese papel de poder transformar el mundo. Lo postmoderno sería Madonna, lo moderno Bob Dylan, para resumirlo en dos arquetipos. Dos maneras contrapuestas de afrontar el hecho creativo y el circo del entretenimiento, aunque ambas opciones lidian en la misma arena.


El tema de ‘tocar en directo’ es, en este contexto –y es una idea todavía vigente e inmutable para mucha gente–, una reafirmación de la autenticidad. El músico no sólo compone canciones y graba discos, sino que además es lo suficientemente hábil, profesional y valioso como para llevarlas a un escenario –escenario como escena y escenario como marco de actuación global, entiéndase– en el que demuestra que no es artificio, que es capaz de hacer en tiempo real lo que, pacientemente, ha sido capaz de llevar al surco de un vinilo en diferido. Quien no es capaz de hacer eso –una idea que flota en el subconsciente de más personas de las que creemos–, es un producto, es una creación in vitro, y por tanto no merece el mismo reconocimiento que quien sí puede. Se contrapone autenticidad a virtualidad, verdad a mentira. Esta es la idea que cabe refutar en adelante.


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Comentarios 15
Baltasarviernes 06 de febrero de 2009
Ciertamente, totalmente de acuerdo. Cada vez me parecen más coñazo los conciertos, festivales, etc... por la falta de precisión en la ejecución, y por que en el fondo uno está en casa más tranquilito escuchando música con total atención y rindiendo así la suficiente justicia a la música en si. A favor, blanquez, siempre a favor.
Noemí!viernes 06 de febrero de 2009
estais colgados, no tiene nada que ver escuchar un disco de daft punk en casa, que presenciar la pedazo de experiencia que es su pirámide y su directo atronador. Pues eso.
Xaviviernes 06 de febrero de 2009
Comparar un libro como obra respecto a un disco es absurdo, el único símil válido sería compararlo con una partitura. Das demasiado importancia al disco como "obra final", el disco solo es un registro de unas canciones en un entorno y tiempo determinado, de la misma forma que lo es su interpretación en directo.
kodrodomingo 08 de febrero de 2009
los ciegos escuchan peor porque no ven.
Mireialunes 09 de febrero de 2009
Yo siempre había creído que a la gente que le falta un sentido desarrolla más los otros, con lo que según yo un ciego tiene más afinado el oído que los que no lo son.
kodrolunes 09 de febrero de 2009
eso quise decir más o menos y lo dije al revés para que me entendieran mejor. era un poco por lo de daft punk, la pirámide, la experiencia, los porretes y los cubatas con los colegas, las risas, la tía esa que estaba tan buena... el ciego nunca sabrá si la tía aquella que olía tan bien estaba buena o era un feto malayo o si las luces eran alucinantes y narcóticas, verdes o escarlata, pero seguramente, si no le dan descaradamente al playback asegurará, aunque no vea tres en un burro y precisamente por ello, que la ejecución de la parte musical es mucho peor.
palazzolunes 09 de febrero de 2009
con todas mis disculpas, pero no estoy nada de acuerdo con lo que dices. Creo que un músico si es que quiere ser un músico (si quiere ser un producto, una marca o un pegote este comentario no vale) debe poder interpretar sus propias piezas. Así lo espera al menos la gente, creo. Es lo mismo que el escritor, que debe poder escribir sus obras, solo faltaría, pero que no hace falta que las lea bien, que para eso estan los rapsodas, que no son escritores y a mucha honra. No tocar es como no escribir. Es que acaso nos hemos olvidado que detrás de la máquina esta la personita (con todas sus deliciosas irregularidades)?
Déjame sacar a colación a un viejo amigo, el amigo Sócrates, que por no dejar nada publicado es la fuente de inspiración de toda la filosofia de occidente.
Aún así, como siempre, brillante texto.
kodrinskymartes 10 de febrero de 2009
pues a mí me viene a la cabeza j dilla, postrado en una cama, a un laptop pegado e incapaz de poder interpretar sus propias piezas. pero claro, el jay dee de donuts o the shining ya era un pegote y la música caquita.
kkkmartes 10 de febrero de 2009
meho, keeping it real. quality never goes out of style... (¿homenaje a la crítica del Dance de Lux, por cierto?)
Rrosemartes 10 de febrero de 2009
Hola,

Soy el autor del collage digital de Góngora con nariz de payaso que encabeza este artículo y no me ha hecho mucha gracia comprobar que la imagen no solo ha perdido su marca de agua original sino que no se ha reconocido en parte alguna la autoría de la imagen. Tanto la obra en sí como la ubicación de la que procede están acogidas a sendas licencias Creative Commons exentas de contraprestación económica, pero que exigen taxativamente el reconocimiento de la autoría.

Espero que lo solucionéis pronto.

Saludos, y enhorabuena por el premio Notodo
kxalotmiércoles 11 de febrero de 2009
borrar una marca de agua???para publikar??? eso no esta nada bonito....
Raquel la acreditadoramiércoles 11 de febrero de 2009
Hola Rrose, ya esta acreditado, fue un despiste mio, las marcas de agua no se quitaron sino que desaparecen al ampliar la imagen para adaptarla al formato cuadrado.
Muchas gracias por avisar y perdona las molestias.
¡Saludos!
Raquel
Rrosemiércoles 11 de febrero de 2009
Gracias por corregir el error. Y reitero: enhorabuena por el reciente premio ;)
Amedlunes 16 de febrero de 2009
*Hey, estoy de acuerdo con la comparación irreal del concierto vs. disco...
*Por otro lado y en una nota totalmente al márgen. Me gusta mucho como escribes amigo, pero, -y esto es una crítica constructiva- No podrías ir un poco más al grano, Así como Antonio Luque, que en breve deja su opinión marcada, creo la verborrea de repente te ataca y nos dejas lecturas de 3 a 4 páginas!
ya sabe quiénsábado 21 de febrero de 2009
Ni caso don Javier, en este texto no sobra ni una coma.
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