miércoles 10 de diciembre de 2008
Mis paraísos artificiales
Javier Blánquez
Al concluir la columna del mes pasado, la de “Las listas de los cojones” –y se pide aquí perdón por el exabrupto, anterior en el tiempo al más desafortunado de Pedro Castro, todo ha de decirse–, una promesa quedó en el aire: el texto próximo versaría sobre mis diez discos del año, yo les daría la brasa con ellos y se intentaría, a partir de esa lista, ponerle un poco de orden y explicación discursiva a lo que ha sido este 2008 desde el muy subjetivo punto de vista del que firma un poco más arriba. No andaremos en más prolegómenos, pero algo sí hay que decir antes de empezar: no serán diez discos, sino veinte ideas. 2008 ha sido un año lo suficientemente rico en movimiento como para no acotarlo en una cantidad fija –e insuficiente– de fogonazos musicales circunscritos, para más inri, en el área que a servidor le interesa, que es el de la música –más o menos– electrónica, y que bastante faena ya da por sí sola. Han sucedido cosas, algunas han madurado, otras se están pudriendo, las hay que comienzan a germinar. Una lista no explica eso. Intentemos que lo que viene a continuación, de algún modo, sí pueda hacerlo.
1. África. Sería interesante saber cuántos grupos indies que citan África –así, a lo bestia– como influencia de verdad se comprometen con la música africana. Cuántos son los que, atraídos por una nueva pasión, y no una moda cosmética, han ido más allá de Fela Kuti, Youssou N’Dour o las recopilaciones del sello Strut o las retrospectivas del funk etíope. Se nos habla de ‘la creciente influencia de la música africana en el indie’, pero sólo hay turismo de ONG: la atracción de lo exótico, pero luego siempre de vuelta al club más cool de Brooklyn o Londres para hacer el pop de siempre con maquillaje. Otra cara de la colonización cultural –entiéndase colonización como expolio, sin apenas retribución– que tuvo el año pasado como precedente el “Kala” de M.I.A., un disco que trituraba el tercer mundo en beneficio del pop y no al revés (como “Arular”). Y, sin embargo, África es un concepto crucial de 2008, pero en sentido contrario: el continente negro está afectando de verdad a la música popular occidental cuando se permite el libre comercio, cuando se deja que las nuevas generaciones –las que disponen de tecnología– acudan con su música a dejar en evidencia la artrosis de Europa. Lo de Vampire Weekend es como el que se va de safari a Kenya y vuelve con una cornamenta para la chimenea. Lo de DJ Mujava –el maxi “Township funk”–, Buraka Som Sistema –el álbum “Black Diamond”– o la labor de misionero de Maga Bo –“Archipielagoes”–, en cambio, es el comienzo de un más fructífero intercambio cultural que debe ir a más.
2. Otras nostalgias. La maquinaria del revival no se detiene, y cada vez es mayor la sensación de dejà vu que la de grata sorpresa. Casi todo suena a algo, o es una vuelta de tuerca de algo más. Esta música africana que mencionamos en las últimas líneas del párrafo anterior, aunque mediada por la tecnología, suena nueva. Otras, en cambio, depositan todas sus esperanzas de frescura en aludir casi con purismo extremo a una fuente muy concreta. Hercules & Love Affair, por ejemplo: house de Chicago, hi-NRG y disco gay cruzado con electro que remite a esa bisagra de 1984-1985 en la que moría una manera de entender la música de baile y nacía otra. Andrew Butler ha sido hábil, y su debut sale beneficiado no sólo de sus hits –evidente “Blind”, con Antony–, sino también del clima general del disco, certera estampa costumbrista de un momento en el tiempo que nadie había sido capaz de recordar con tanta precisión y tanto derroche de conocimiento. Es lo mismo que se puede decir de otros grandes álbumes del 2008 bailable: Zomby y el old school hardcore (“Where were U in ’92?”, en Werk), Osborne y el old school house rociado de acid (“Osborne”, en Spectral Sound), y Kelley Polar y la música disco avantgarde, orquestada, con Arthur Russell en la memoria (“I need you to hold on while the sky is falling”, en Environ). Por cierto, qué gran documental ha publicado Plexifilm a propósito de Russell.
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Maneljueves 11 de diciembre de 2008
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Pol Potsábado 13 de diciembre de 2008
palazzosábado 20 de diciembre de 2008
así da gusto, joder.
Manugondomingo 28 de diciembre de 2008
Y Simon Reynolds también se equivoca, que no es Dios, oiga!
kkklunes 29 de diciembre de 2008
sophrosyne_jueves 01 de enero de 2009
Monalunes 05 de enero de 2009
antonio bretmartes 06 de enero de 2009
y el de kanye west es gloria pura, y el autotune en sus manos un efecto más de desestabilización emocional, robótica, desangelada, que un efecto hedonista para calentar bragas. me la suda que no sepa cantar o que sea mas diva que cher. todo el mundo tiene derecho a llorarle a una madre que se ha muerto, y yo gustoso estoy ahi para escucharle.
davedomingo 26 de julio de 2009
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