martes 18 de noviembre

Mis paraísos artificiales

Riñón

Javier Blánquez

Las listas de los cojones

Siempre que llegan estas fechas, una amenaza se cierne sobre quienes –mal o bien, mucho o poco, tanto da; no hay ni distinciones ni discriminaciones en eso– escribimos de música, esa comodidad gratuita y abundante que la gente se baja de internet. No es un ERE de esos que hoy tanto se estilan, ni la subida del precio de la lata de atún, sino algo también bastante incordiante: las listas de lo mejor del año. Hoy ha llegado el primer email de petición de esas listas estúpidas. Son todos iguales, así que cito de éste: “20 discos, 20 vídeos, 20 canciones…”. Veinte: como si la música de un año se pudiera limitar a tan redondo número y ya la hubiéramos organizado para que la masa –no la llamaremos rebaño, dios nos libre– se deje guiar por ella hacia los tranquilos pastos de la verdad, allí donde se ha desterrado la mala hierba, que son los discos malos o irrelevantes, y sólo crece lo que de-verdad-vale-la-pena. Eso son las listas: el intento prometéico de ponerle orden al caos desafiando, no la ley de los dioses, que esa ya nos la saltamos cada día, sino una aún más difícil de doblegar: la segunda de la termodinámica, la que condensa la idea de entropía.

A mí, aunque finalmente las hago porque si no te miran mal –van ya muchos años poniendo un poquito el ojaldre, por lo que pueda pasar–, esto de las listas me parece una pérdida de tiempo. No diré una estupidez otra vez porque su propósito final es bastante elogiable máxime cuando es de naturaleza humanista y persecutoria del bien común, ese tan del siglo XVIII y tan de Montesquieu de despejar el camino para que por él transite hacia la luz de la sabiduría el pueblo llano, pero al fin y al cabo no consiguen su propósito porque, como bien saben ustedes, ocurrirá que las ranas críen pelo antes que el personal se ponga de acuerdo en todo. El consenso es una utopía que sólo se hace real cuando muchos se bajan un poco el calzón y ceden y unos cuantos otros se callan la boca, pero las listas del año de entendimiento pacífico no tienen nada: son el reflejo de un cierto consenso entre un grupo de personas que votan en ellas y en las que todos los electores pierden su singularidad –al menos en las revistas especializadas de la cosa, aunque yo no estaría tan seguro de la no existencia de los pucherazos, que algo me han contado–, y si son listas individuales ya me dirán cómo se puede llegar al consenso con uno mismo, siendo el yo la máxima expresión de monarquía absoluta de la conciencia que existe.

Así que antes de que acabe 2008, y justo cuando empiece 2009, sucedera lo de siempre en este eterno ‘día de la marmota’ de los resúmenes de lo mejor del año: van a pasar por nuestras narices centenares de clasificaciones que se parecerán las unas a las otras como un huevo a una castaña –sólo se parecerán en la prepotencia, y no diré que la de cierta web americana es la que se lleva la palma porque se supone que estoy aquí poniendo las listas a caer de un blas, así que no les voy a poner en el top 1 de egocéntricos por no (ejem) contradecirme y desautorizarme–, todas pretenderán tener la razón, se fusionarán en listas aún más intercambiables y aburridas como las de Metacritic o Villlage Voice, y al final tendremos que lo mejor del año –cito de memoria de ejercicios pasados– es lo último de Bob Dylan, o lo de la momia de Deep Purple, o un disco de Franz Ferdinand. Esperen ahí un segundo, que voy a vomitar y vuelvo.

Las listas no dejan de ser un ejercicio de taxonomía, y como bien saben quienes se dedican a clasificar, hay que establecer una escala descendiente de lo más general a lo más específico. Sólo así es como funcionan las cosas en lo teórico y se puede organizar, en la medida de lo posible, el caos. Hace días amenacé al director de este chiringuito con tomarme la libertad, sin previa consulta ni autorización, de meterme sin piedad con la columna que publicó Momus, también en Playground, mandando al cuerno la ciencia de Linneo y abogando por la abolición de la taxonomía –o sea, las etiquetas– en la música popular. Este discurso de ‘todo es música, las etiquetas coartan la libertad y la creatividad, basta ya de ponerle nombre a los estilos’, aparte de una soplapollez mayúscula, es bastante poco práctico. No sé quién dijo –creo que Chuchi Llorente– que los periodistas musicales teníamos complejo de cajera del Caprabo, todo el día poniendo etiquetas. Bien, una frase muy ingeniosa que seguro que provocó y sigue provocando risitas ratoneras, pero es precisamente eso es lo que debe hacer alguien que se dedique a analizar con cierta profundidad los vaivenes de la música. Meterle un poco de orden al desorden. Despejar el horizonte. No mezclar churras con merinas. Matizar el todo-vale. Si en la cocina tenemos un lugar para los tenedores y otro para las cacerolas, es para saber qué es un tenedor, para qué sirve y dónde lo tenemos, y lo mismo con la cacerola. Y luego, si se tercia, ya se usarán las dos cosas a la vez.

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Comentarios 5
Fermartes 18 de noviembre
Pues yo estoy de acuerdo con Momus cuando se trata de el orden en una tienda de discos. Rough Trade es una puta locura, y aunque lo tenga casi todo, no vea Sr. Blanquez si cuesta encontrar algo. Al menos en la de Bricklane, que es como enorme.
sophrosyne_martes 18 de noviembre
Pues a mi me da la sensación de que siempre escribes al vuelo y sulfurado aunque esta vez, en mi humilde opinión, ha sido el mejor escrito que más me ha gustado (para gustos...). Absolutamente de acuerdo en lo que dices en las filas 3-7 del último párrafo. Congratulations.
Pixiemartes 18 de noviembre
Grande Blanquez!

Si quereis oirlo mano a mano con microondas1 y David Puente (ClubbingSpain, scannerFM) no os perdais esta joya, obra maestra de la radio contemporánea y digital:
http://www.scannerfm.com/index.php?option=com_content&task=view&id=2591&Itemid=98
Millanajueves 20 de noviembre
Completamente de acuerdo, rendida a sus pies, si a todo, pero me reconcome la impaciencia por leer su lista de lo mejor del año.
Albertomiércoles 03 de diciembre
Hombre Javier,

Como vas a estar tú de acuerdo con el "fuera las etiquetas", habiendo encasillado tantas veces a tanta gente, te quedarias sin curro...y hoy en dia la cosa está muuuuy malita !!
El problema de los criticos musicales es que os creeis algo cuando realmente ofreceis muy poquito.
A ver cuando os dais cuenta que realmente sois poquita cosa, aunque tu "profesion" te valga para ligar y ese tipo de cosillas....
No le llegas a Momus ni a la altura de sus zuecos.
Un abrazo..."encasillao"

Alberto
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