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Contra el patriarcado y la sequía: las pescaderas revolucionarias del Chad

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Una asociación de vendedoras de pescado empodera las mujeres a ser independientes y a producir sus propios recursos económicos

PlayGround

02 Marzo 2017 09:40

Boko Haram, sequía, escasez y hambruna. La fatídica combinación de estos factores está detrás de la mayor crisis humanitaria de África. Según Oxfam Intermón, más de 11 millones de personas necesitan ayuda urgente en la región del Lago Chad, que se seca a pasos agigantados y donde el pescado es uno de sus recursos más valiosos.

En este contexto de violencia y escasez extremas, la venta de este bien vital se ha confiado a un grupo de mujeres que encarnan una doble lucha: por la supervivencia y por una mayor independencia respecto a los hombres.

"Las mujeres hemos sido olvidadas en el Chad, pero ahora es el momento de ganar autonomía”, explica Fihil Agoi, presidenta de la Unión de Organizaciones de Mujeres Vendedoras de Pescado.

Más allá de defender los derechos laborales, Fihil destaca que esta asociación tiene como objetivo principal “fomentar el desarrollo y la autonomía de las mujeres, permitir que éstas conozcan sus derechos y deberes, y posibilitar que sean libres en la toma de decisiones”. Para ser socia hay que pagar 1.000 francos de África Central (1,50 euros).

Bintou Rahab, de 31 años y miembro de la organización, reconoce que el trabajo asociativo ha provocado muchos cambios, incluso a nivel familiar. “Las mujeres que trabajamos en el mercado tenemos una relación diferente con el hogar. Ahora nuestros hijos no sólo dependen del trabajo de los hombres y esto supone una gran evolución para nosotras, ya que nos da mucha más independencia”, cuenta Bintou.

“Afrontar y superar las dificultades que presenta la venta de pescado nos ayuda a crecer a nivel personal y también a ser mejores madres y educar mejor a nuestros hijos”, dice Bintou, madre de dos niñas y tres niños.

Fihil y Bintou venden el pescado en las calles de Yamena, una de las principales ciudades chadianas en las inmediaciones del lago que da nombre al país africano.

“El pescado llega a Yamena procedente del Lago Chad donde tenemos un acuerdo de comercialización con los pescadores locales. Estos venden el producto a un mayorista que después lo distribuye entre las vendedoras”, detalla la presidenta de la Unión de Vendedoras.


La organización se ha convertido en una especie de foro donde las mujeres exponen problemas, los debaten y reciben el consejo de sus compañeras



Bintou comenzó a vender pescado junto a su madre a los 14 años. Desde entonces, mucho han cambiado las cosas. La aparición de la asociación a la que pertenece ha posibilitado notables mejoras en sus condiciones de trabajo.

De hecho, la conversación con ambas vendedoras tiene lugar en las instalaciones de lo que será el nuevo mercado de Yamena. La construcción de este nuevo espacio, que entrará en funcionamiento en mayo, ha sido posible gracias al trabajo de la Unión de Vendedoras, que propiciado que el Gobierno chadiano y Oxfam Intermón hayan destinado fondos.

El antiguo mercado quedó obsoleto y hasta que el nuevo hangar esté listo, las vendedoras deben realizar su actividad al aire libre en las polvorientas calles de Yamena, en unas nefastas condiciones higiénicas

“Estamos muy contentas porque es la primera vez que las mujeres vendedoras de pescado del Chad tenemos la oportunidad de tener un espacio digno y bonito para realizar nuestra actividad”, comenta la presidenta de la asociación.

Sensibilizar a los hombres

Dos veces por semana, las vendedoras de la asociación se reúnen para comentar sus problemas. Pero no solo conversan sobre cuestiones relacionadas con su actividad profesional, también lo hacen sobre sus inquietudes personales.

La organización se ha convertido en una especie de foro donde las mujeres exponen problemas, los debaten y reciben el consejo de sus compañeras.

En su rol de transformador social, la Unión de Vendedoras mantiene reuniones con los hombres en los diferentes mercados y resto de asociaciones para sensibilizar sobre la necesidad de la autonomía femenina.

Pese a los logros obtenidos, Fihil Agoi es consciente que necesitan que más mujeres se unan a la asociación y lanza este mensaje: “Hacemos un llamamiento a las mujeres que están de brazos cruzados en sus casas para que vengan y conozcan las posibilidades de las mujeres para producir sus propios recursos”.

Por su parte Bintou, recurre al futuro de sus hijas para hacer una reflexión final: “No quiero que mis hijas sean unas vendedoras como yo. Quiero que sean funcionarias. Voy a trabajar para ganar dinero y que ellas puedan continuar con sus estudios”.

Toda una declaración de intenciones y un ejemplo de esfuerzo e inconformismo en una región en la que, según datos de Oxfam Intermón, 7 millones de personas están en riesgo de hambruna y hay 450.000 niños malnutridos.

 

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