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"Combatimos la costumbre de fumar en espacios públicos; con el móvil también tendremos que reeducarnos"

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¿Aliadas o enemigas? Hablamos sobre nuevas tecnologías en el mundo laboral con la psicóloga Isabel Larraburu y el catedrático José María Prieto.

Alba Muñoz

13 Marzo 2017 08:54

"Muchos de mis pacientes consideran que una llamada del trabajo es suficientemente importante como para atenderla durante la consulta. No manifiestan molestias por ello, solo se excusan porque no tienen más opción que responder".

"Recuerdo que recibí correos electrónicos de mis alumnos el pasado 28 de diciembre, antes de las fiestas navideñas. El día 6 de enero ya me estaban pidiendo feedback sobre sus trabajos. Si les contesto que no, me valorarán como mal profesor. Ahora imagina que mis alumnos fueran mis clientes. Se sentirían maltratados por la empresa".

El primer testimonio es de la psicóloga clínica Isabel Larraburu, y el segundo es de José María Prieto, catedrático de psicología industrial de la Universidad Complutense de Madrid. Ambos han accedido a reflexionar, desde puntos de vista distintos, sobre las tecnologías que nos liberan y nos aprisionan al mismo tiempo.

Desde muchos ámbitos de conocimiento se alerta de que los móviles —los dispositivos conectados a internet—, son un arma de doble filo. Por un lado, han ayudado a que el trabajo sea mucho más efectivo y flexible: podemos localizar un paquete en el almacén mediante una app, y podemos contestar emails desde el tren. Pero también ha ocurrido que la jornada laboral se ha roto como un huevo, extendiéndose a lo largo del día como una clara viscosa: es cierto que podemos trabajar mientras andamos por calle, pero a menudo eso implica que no pensamos cuándo debemos dejar de trabajar.

Según un estudio de Randstad Workmonitor (2015), el 67% de los trabajadores españoles atiende llamadas y correos electrónicos fuera de su horario laboral, y más de la mitad de ellos reconoce que responde de forma inmediata. Un 73% siente que en la actualidad tiene menos tiempo libre que hace unos años.


Podemos trabajar mientras andamos por calle, pero a menudo eso implica que no pensamos cuándo debemos dejar de trabajar



"La crisis económica ha contribuido a la aparición de nuevos comportamientos derivados del miedo a perder posiciones, y esto se ha visto exacerbado por la competitividad en las empresas", cuenta Isabel Larraburu. "La disponibilidad fuera de horas y el regalo de horas extras por parte del empleado se convirtió en una manera de hacer méritos para ser más valorado".

Estos comportamientos han ido instaurándose en menor medida en las empresas con más trayectoria, pero la disponibilidad extendida es algo cada vez más habitual y natural en muchas empresas de nuevo cuño.

Según José María Prieto, el aumento de la jornada está generando problemas de salud pública: "España es uno de los países con una mayor tasa de consumo de ansiolíticos y de medicamentos anti estrés a través de la seguridad social, eso es una consecuencia directa del número de horas que pasamos en el trabajo y las prolongaciones de jornada".

Desde el pasado 1 de enero en Francia existe el derecho a la desconexión del trabajo. Esta medida, que forma parte de la polémica reforma laboral aprobada en el país, contempla que en toda empresa con más de 50 empleados, la directiva y los trabajadores negocien acuerdos sobre la utilización de las nuevas tencologías.

La ley no obliga a apagar los móviles de empresa ni prevé sanciones por utilizar el correo profesional fuera de horas, pero pretende ser un primer paso para regular una realidad que está afectando a millones de personas en el mundo. No solo se recuerda a los jefes que las jornadas tienen límites, sino que se quiere eliminar la culpa y la preocupación de los trabajadores por no estar disponibles a partir de cierto momento del día.

Si hasta ahora conocíamos el estrés laboral y la fatiga crónica como síndrome burnout (estar quemado), ahora hay que añadir otro término anglosajón para analizar lo que experimentan muchos trabajadores: el efecto blurring (borroso), hace referencia a la falta de separación entre la vida personal y la laboral.

En este punto, Isabel Larraburu no cree que se puedan poner "puertas al campo de la tecnología":

"Todo ha cambiado en las relaciones, tanto personales como profesionales. Es necesario que sepamos adaptarnos a la nueva tecnología siempre que la utilicemos como herramienta y no como Gran Hermano. Si es estafa o no, depende de la sumisión que tengamos hacia ella y hasta qué punto mantengamos el mando".


"Ha habido que reeducar a los fumadores para decirles: 'señores, lo normal es no fumar, y el que quiera fumar, tendrá que buscarse su espacio'. Con las nuevas tecnologías en el mundo laboral va a tener que pasar lo mismo"



Pero, ¿cómo "mantener el mando"? Según la psicóloga, es clave que el trabajador se sienta compensado por su disponibilidad fuera de horario: "Si no existe contraprestación, la disponibilidad se vive como explotación e intrusión en la vida privada, pudiendo crear una situación de burnout.

Sin embargo, Larraburu cree que el derecho a la desconexión francés puede suponer "una vuelta al pasado", tanto si el empleado desea ejercer ese derecho como si no se siente compensado. "Es cierto que la disponibilidad digital puede tener efectos en la salud mental del empleado si este no sabe mantener los límites ante el empleador, ni plantearle esas intromisiones como parte de un acuerdo".

Pero, ¿hasta qué punto el llevarnos el trabajo a casa responde a una presión invisible? Si estamos enganchados al móvil, y el trabajo está en el móvil, ¿no es en cierta medida lógico que le dediquemos un porcentaje de nuestras interacciones?

Para José María Prieto, catedrático de psicología industrial, estamos ante un hecho cultural que hay que combatir del mismo modo que en su día se combatió la costumbre de fumar en los espacios públicos:

"Cuando yo era joven, se decía, ¿puedo fumar? Y si se decía que sí, entonces se encendía el cigarro. Luego la gente empezó a fumar sin preguntar. Y si eras no fumador y decías aquí no se fuma, te ponían a parir. Ha habido que reeducar a los fumadores para decirles: 'señores, lo normal es no fumar, y el que quiera fumar, tendrá que buscarse su espacio'. Con las nuevas tecnologías en el mundo laboral va a tener que pasar lo mismo, y ahí entra la normativa francesa. Tu horario de trabajo tiene unos límites y el que interfiera, tendrá que pedir espacios. No pueden consumir tu tiempo, eso implica derechos".

Pero para el catedrático no basta con legislar: hay que educar en todas direcciones. "Deberíamos hacer campañas, formación, de todo. Tenemos que aprender a diferenciar el tiempo personal del profesional. Y aquí entran asociaciones, sindicatos, medios, hay que generar una cultura en dirección opuesta".

Prieto habla de aprender a identificar el tiempo personal, como si hubiéramos perdido la capacidad de diferenciarlo. "El tiempo para uno mismo se ha ido perdiendo durante la semana en la medida en la que las tecnologías se han introducido en tu cotidianidad. El derecho a la desconexión se tiene que poner en marcha: hay acordarlo con los clientes, con el jefe, con los subordinados. Y con uno mismo".



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