PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Do

Me violaron en mi propia casa y comprendí que la ciudad es un cuerpo

H

 

Jana Leo publica 'Violación en Nueva York', una investigación en carne propia sobre la agresión sexual como forma de acoso inmobiliario

Alba Muñoz

08 Septiembre 2017 10:36

Las imágenes que ilustran este artículo forman parte del proyecto Rape New York, de Jana Leo.

La violación de Jana Leo (Madrid, 1965) da inicio en una escena propia de una película de Woody Allen. Después su historia evoluciona hacia un thriller policíaco, y termina siendo un documental sobre las conexiones entre los crímenes que se concentran en ciertos barrios de una gran ciudad.

Era 25 de enero de 2001 a la una del mediodía. Jana subió las escaleras hasta su apartamento de Harlem, Nueva York, cargada con bolsas de la compra. Abrió la puerta y se dirigió hacia la cocina. Al girarse, un hombre la apuntaba con una pistola: “¡Qué susto me has dado!”, dijo ella. Por un instante, la mente de Jana identificó al intruso con el vecino de abajo, ignorando el arma que la amenazaba. Era un chico joven, con una estatura y un gorro muy similares.

Según Jana, aquella reacción cálida, inesperada, rompió los esquemas al atacante. También convirtió en un melodrama extraño la siguiente escena.

Cuando el intruso cerró la puerta tras de sí, ella ya sabía que ese chico negro no era su vecino. Parecía tímido. Se sentaron el uno frente al otro en el salón. Jana le ofreció algo de beber, él le pidió un cigarrillo y ella le dio permiso para cogerlo. Unos modales confusos, teniendo en cuenta que entre ambos había una arma.

Fotografía de las colillas del violador.

“Empezamos a jugar un juego que nos convenía a ambos. Creo que tanto él como yo estábamos desconcertados. No me puse a gritar, que habría sido lo normal”.

Hacía tres meses que se había mudado a Harlem. Arquitecta, Doctora en Filosofía y artista, esta española había pasado de vivir tres años en Princeton —dentro del perímetro de una universidad blindada—, al "barrio más peligroso de las películas". Estaba fascinada. “Lo primero que descubrí es que lo que ocurre en Harlem no ocurre en la calle, sino dentro de las casas, ya sea la delincuencia, clases de yoga, o la cultura”. Una hipótesis que, desgraciadamente, se confirmó con ella como protagonista secuestrada.

El intruso preguntó a Jana si tenía novio, si iba al gimnasio, dónde trabajaba. Le pidió ir al baño y llamar por teléfono, pero al parecer nadie le respondió. Jana y su violador pasaron más de una hora así, charlando de cosas mundanas, frente a frente, con nervios y todas esas frases sin pronunciar, "como en una primera cita".

El chico no buscaba objetos de valor, "ni siquiera miraba a su alrededor". Hasta que Jana se hartó del juego: "¿Me vas a matar?”. Cuando él respondió con una orden —“túmbate”—, ella sintió un alivio ahogado: no iba a dispararle en ese momento.


"Tuve la sensación de que mi violador estaba siguiendo instrucciones"



Jana solo había podido imaginar que el chico estaba allí para robar. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza que quisiera violarla: “Era mediodía, la luz le daba en toda la cara, podría identificarle. Además, pensaba que las violaciones se hacían en caliente”.

Fue entonces cuando Jana hizo una observación decisiva. “Tuve la sensación de que estaba siguiendo instrucciones. De lo contrario hubiera intentado darle un poco de gracia, si te vas a follar a alguien por gusto es distinto, y estaba muy serio”.

Jana miraba el techo de su apartamento, pensó que nunca antes lo había observado. “Estaba tiesa, como un palo, solo pensaba en sobrevivir. Me dolía mucho, y no me había dolido nunca. Estaba mentalmente muy activa, controlando. El tío había dejado a un lado la pistola, y yo me decía que tenía que hacer que se relajara y se corriera. No tenía que notar mi rechazo, pero tampoco que aquello me gustaba”.

Cuando terminó, Jana sintió pánico. “O lo convencía de que no había pasado nada, o me mataba”. Jana consiguió que le creyera y que se marchara sin más. “Cuando cerró la puerta sentí satisfacción, un alivio inmediato. Pero cuando empecé a hacer los deberes, a llamar a mi novio y a la policía, me di cuenta de que aquello solo era el principio”.

Fotografía de una pequeña herida que sufrió Jana.

Jana Leo acaba de publicar Violación en Nueva York (Lince Ediciones, 2017), un relato en el que la agresión vivida son los cimientos de un hallazgo fundamental para comprender la cultura predatoria que se esconde en grandes ciudades como Nueva York, Londres, Berlín, Sao Paulo o Barcelona.

Tras seis años de investigación y reflexión, la autora descubre que "la ciudad también viola", halla una relación entre la incursión violenta en su cuerpo y en su propio apartamento, establece un vínculo entre la vulnerabilidad física y la inseguridad de un barrio como Harlem. El detonante de la investigación fue la llamada que Jana realizó a su casero veinticuatro horas después del suceso.

Lo que te dijo el casero te hizo sospechar de que tu agresión, más que un crimen casual, era un mensaje.

La cerradura llevaba varios días rota y ahora sabía lo que podía volver a ocurrirme. No pude creer la reacción del casero reacción cuando le pedí que la arreglara. '¿Te crees que vives en Park Avenue?' Puedes marcharte si no te gusta', me dijo, a sabiendas de lo que me acababa de pasar. Eso lo despertó todo, la indignación absoluta. En realidad, lo que él quería es que yo me fuera.

Averiguaste lo que ocurre cada vez que un inquilino se marcha de un apartamento de renta estabilizada, como el tuyo. 

Cada vez que alguien se marchaba el propietario podía subir el precio y ganaba un 20% más. Ese año había tenido unos beneficios de 100.000 dólares.

Fotos de Jana, antes y después de la violación.

Elaboraste un mapa del crimen con datos policiales y urbanísticos.

Lo primero que hice fue hacerme con un plano de la zona e investigar el archivo de la ciudad. Marqué los edificios de renta estabilizada con una cruz y busqué  cuántos se habían desestabilizado en los últimos 5 años. Encontré condominios, apartamentos de lujo, había un recorrido evidente de clústeres, como uvas con sus gajos.

¿Qué quieres decir?

La inseguridad se creaba en un sitio para que la seguridad se mantuviera en otro lado, y así hacer negocio con ella. En ese momento la gente estaba mudándose a mi barrio, estaba empezando la transformación y había que limpiarlo.

En tu bloque la gente se marchaba por la inseguridad, el frío, el abandono. Pero tu investigación no terminó ahí. Cruzaste ese mapa del negocio inmobiliario con estadísticas criminales y estudiaste a fondo la legislación.

Utilicé las estadísticas de la policía sobre violaciones en la zona. Mi barrio, que son diez manzanas, tenía una tasa de violaciones muy superior a la media, en un 500%. Allí estaba pasando algo y estaba organizado.

El propietario de tu bloque y el contiguo era millonario. Tenía decenas de edificios donde vivían familias pobres.

Los edificios de los pobres son mucho más lucrativos. Me di cuenta de que fomentar la delincuencia en la calle era una forma de hacer dinero con nuestros cuerpos, hacer que la gente se mueva todo el tiempo, que no se estabilicen. Además, como existe esa imagen negativa de Harlem, si la gente no denuncia nadie ata cabos. El crimen organizado tiene la capacidad de hacer que el delito parezca algo natural.

Tu agresor fue condenado por violación y el propietario de tu bloque por fraude a Hacienda.

En sus edificios había habido incendios y había muerto gente, yo sabía que el casero era capaz de quemar a la gente viva, pero no pude demostrarlo. Eso me generaba una mayor indignación si cabe. El tipo era multimillonario, tenía 50 edificios de pobres, y todo parecía indicar que tenía a sus secuaces creando inseguridad.

Además del comportamiento extraño del violador, hubo otros indicios.

El portero reconoció que había dejado vivir al violador en el bloque. Se mostraba arrepentido, como si algo se les hubiera ido de las manos. Más tarde la policía me confirmó que mi edificio era un objetivo. Era territorio de los delincuentes, era su casa. No pude demostrar que incitaran mi violación, pero era evidente que me querían asustar como fase previa a la transformación, a la limpieza.

Instalación artística de Jana Leo.

Tampoco te fue fácil encontrar ayuda como víctima de violación.

La policía mostró una desidia salvaje. Para las violaciones, tienen una unidad especial que te remite a un detective que, se supone, debe trabajar con delicadeza. El tipo pasaba de mí. Me decía que en realidad yo no había visto a mi violador en mi edificio, que todo estaba en mi cabeza, cuando lo cierto es que me lo crucé varias veces.

Sientes que sufriste la violencia del sistema.

En EEUU la legislación, sobre el papel, es muy dura. Pero luego no se aplica, hay un racismo y un clasismo salvaje. Todo depende de donde vivas. 

Encontrar a tu abogada fue crucial.

Ella misma había sido violada en su casa, se había encontrado con la misma desidia. Hay leyes sobre negligencia en los inmuebles, pero no se aplican. Ahora ella se especializa en esto. Solo lleva casos de víctimas violadas en sus casas.

¿Cómo conseguiste la condena del violador?

No podía demostrar que había llevado una pistola, había pocos rastros de violencia en mi cuerpo. Pero mi reacción fue sacar fotos de todo, traté de documentar mis emociones. Me creyeron porque soy blanca y él es negro, porque soy mayor y venía de Princeton.

¿Cómo viviste los meses posteriores a la agresión?

La sensación de destierro, de desahucio, se alimentó por el hecho de ser inmigrante, no tenía familia allí. Por entonces yo daba clases en una escuela de arquitectura que se convirtió en mi único hogar. Pasé tres años sin casa, vagabundeando.

Al día siguiente de la violación dormiste en casa de un conocido, y te sacaste un autorretrato frente al espejo del baño. ¿Qué ves en esa imagen?

Me dije, ¿quién es esta persona? Era como la sensación de muerte. Hace poco ha muerto mi padre, le he visto morir, y era parecido. Se te vacía la cara de expresión, se te bajan los ojos, el color rosado desaparece. Tuve la sensación de que mi otro yo había muerto. Realmente algo de mí ha muerto, es un hecho.

¿El qué?

La ilusión, la ingenuidad, esta forma de vivir la vida con una sonrisa, despreocupadamente. Qué putada, porque la vida era más bonita.

Localización del bloque en el que vivía Jana Leo.

Es como si tu pulsión investigadora te hubiera permitido vengarte a través del conocimiento, de la denuncia de un fenómeno presente en muchas grandes ciudades: gentrificación, mobbing, modelos turísticos devastadores. La gente está siendo expulsada de sus casas por culpa de aquellos que comercian con la ciudad, y es difícil señalarlos.

Llevar la delincuencia a una zona forma parte de una cruda estrategia que permite hacer grandes negocios de especulacio?n inmobiliaria. Hay conexiones entre la geografía del delito, entre la discriminación racial y la exclusión económica. La violación es una forma de acoso inmobiliario.

Cada Million Dollar Block es un lingote de oro, puro lucro. La criminalidad permite devaluar el precio de la vivienda, y comprar terrenos cuando bajan los precios, para promover el desarrollo y el adecentamiento del barrio.

A veces los vecinos se van voluntariamente, cuando la realidad es que están siendo expulsados.

Y los contribuyentes corren con los gastos derivados de la delincuencia, mientras que el beneficio que genera la especulacio?n inmobiliaria se queda en manos de agentes, caseros y promotores corruptos, y el beneficio de los impuestos va a parar al gobierno local y estatal. 

Cuando oigo decir que la delincuencia esta? disminuyendo en la ciudad de Nueva York, me pregunto: ¿que? tipo de delincuencia?, ¿contra quie?n?, ¿hacia do?nde se esta? desplazando?

¿Qué pretendes con este libro?

Tengo varias intenciones. Una, educar a los hombres para que dejen de violar. Que sean conscientes de que 10 minutos de cachondeo son 10 años de jodienda. También quiero que sirva de manual de ayuda para mujeres. Muy pocos libros hablan del después, hago un poco de asesoramiento narrativo. Y por último mi propia expresión.

¿Cómo interpretas el hecho de que tu violador tuviera 19 años, fuera negro y no tuviera hogar?

Cuando la pobreza y la raza se conjuga...los ciudadanos negros tienen un tratamiento de segunda clase. Son los rastros de la esclavitud. No creen que sus vidas valgan nada y el crimen se convierte en una trampa social.

Tu violador fue condenado a 20 años de prisión.

Es una sentencia muy larga, en Estados Unidos las prisiones un negocio monumental. Así como se ha industrializado el desahucio, también se ha industrializado la pena de cárcel. Le quedan tres años para salir y yo seguiré en Harlem. Si me viene a buscar, aquí estaré.


share