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Mr. Trump, ¿soy deportable?

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Quisimos imaginar casos de deportación posibles según la ley vigente en Estados Unidos. Pero encontramos 5 casos reales que superan la ficción

Alba Muñoz

20 Marzo 2017 06:00

Cualquier extranjero puede ser deportado de los Estados Unidos. En primer lugar, por estar en situación irregular —"ser un indocumentado"—, aunque la persona no suponga un peligro para la comunidad ni tenga antecedentes criminales.

Pero las leyes de inmigración también contemplan otras situaciones: un inmigrante con permiso de residencia puede ser expulsado si vulnera la ley. Esto, afecta a todo aquél que cometa delitos graves como tráfico de personas, pertenencia a crimen organizado o consumo y tráfico de drogas.

Un residente legal en Estados Unidos, sin embargo, también puede ser expulsado por delitos menores, como falsificación documental o simplemente no haber avisado de un cambio de domicilio al Servicio de Ciudadanía e Inmigración. 

Por último, el historial criminal de la persona —los antecedentes—, también pueden ser motivo de deportación. Donald Trump ha anunciado que todo aquel que tenga antecedentes es deportable. ¿Y qué son los antecedentes? Los graves están claros, los leves, aquellos que pueden afectar a millones de personas, están aún sin definir.

Quisimos imaginar casos de deportación posibles según la ley vigente en Estados Unidos, pero encontramos 5 casos reales que superan la ficción.

1

El pasado 1 de marzo Daniela quiso participar en una conferencia prensa sobre los derechos de los inmigrantes que se celebraba en Jackson, Mississippi. La joven, originaria de Cordoba (Argentina), contó delante de los asistentes y de los medios de comunicación cómo días antes los agentes federales de inmigración se habían llevado a su padre y a su hermano, y que a raíz de eso, sus familiares se encuentran en un proceso de deportación de los Estados Unidos después de 15 años viviendo y trabajando en el país.

Cuando Daniela terminó de hablar una amiga se ofreció a llevarla en coche a su casa. Mientras iban por la autopista interestatal, una patrulla de los Agentes de Inmigración y Aduanas (ICE) hizo señales para que se detuvieran. Pocos minutos después de hablar tras un micrófono, Daniela fue esposada y arrestada. Daba inicio su propia deportación.

Daniela es una dreamer: llegó a Estados Unidos con su familia a los 7 años. Su padre y su hermano estaban en situación irregular, pero ella, al entrar en el país siendo menor, había podido acogerse al programa DACA. Este programa, puesto en marcha durante el mandato de Barack Obama (y que ahora la administración Trump tiene en el punto de mira), permite la protección temporal de los menores indocumentados con un permiso de residencia.


"No entiendo por qué no me quieren"



A través del DACA, más de 750.000 dreamers han podido estudiar y trabajar legalmente en el país. Daniela ha pasado estos 15 años estudiando: consiguió una beca universitaria para tocar la trompeta y aspira a ser profesora de matemáticas. Lucha por quedarse en el que considera que es su país: "No entiendo por qué no me quieren. Lo hago lo mejor que puedo. Quiero decir, no puedo evitar que me trajeran aquí de pequeña, pero no conozco nada más que esto", dijo en una declaración hecha pública por su abogado. 

Cuando el pasado 15 de febrero los agentes se llevaron a su padre y a su hermano, a Daniela la dejaron libre porque su permiso DACA estaba en proceso de renovación tras haber caducado. La joven pasó varios días detenida y su abogada llegó a reconocer que sería deportada sin derecho a una audiencia. Su caso generó protestas en la calle y también en las redes, a través del hashtag #FreeDani y de las más de 26.000 firmas recogidas para pedir su liberación.

El pasado 12 de marzo Daniela salió del centro de detención de inmigrantes. Su amiga, la misma que la llevaba a casa tras la conferencia cuando la detuvieron, le esperaba en el mismo coche. La abogada de Daniela asegura que sigue en peligro de deportación.

2.

West Frankfort, Illinois, es un pueblo sureño de minas de carbón y de mayoría blanca. Un 70% de sus habitantes (unos 8.000) votaron a Donald Trump y apoyan sus duras políticas migratorias, con la excepción de que si estas afectan a un amigo, a un "buen hombre", son capaces de movilizarse e impedir su deportación.

El pasado 9 de febrero, Juan Carlos Hernández Pacheco fue detenido por los agentes federales. Nadie en West Frankfort imaginaba que el amable gerente de La Fiesta, el mejor restaurante mexicano del poblado, fuera un inmigrante irregular. Padre de tres hijos, Hernández siempre ha sido un vecino ejemplar, comprometido con su comunidad: el año pasado ayudó a los bomberos que combatían un incendio, ha participado en todas las acciones caritativas y ha dado becas a los equipos deportivos. Incluso llegó a homenajear a los policías locales.


¿Hay que hacer excepciones con la política migratoria?, ¿mirar caso por caso?



Hernández fue informado de que dos condenas por conducir ebrio del año 2007 podrían convertirlo en prioritario para la deportación. El hombre, de origen mexicano, llegó a Estados Unidos en la década de los noventa, y aunque había iniciado los trámites para legalizar su situaicón, nunca llegó a terminarlos. 

Los vecinos de West Frankfort decidieron unirse y empezaron a enviar decenas de cartas al juez pidiendo indulgencia para Juan Carlos. Desde el procurador del condado, el subdirector de la policía o la dueña del salón de belleza, todos señalaban que están a favor de cumplir la ley y de impedir la entrada de indocumentados con medidas estrictas, pero que en este caso se estaban llevando a un "gran activo para la comunidad" y a un "inmigrante ejemplar".

El pasado 2 de marzo, Juan Carlos Hernández logró salir bajo fianza del centro de detención, pero aún enfrenta la amenaza de deportación. Aun así, su historia ha dado que pensar a los vecinos de West Frankfort: muchos volverían a votar a Trump por diversas razones. Pero, ¿hay que hacer excepciones con la política migratoria?, ¿mirar caso por caso?. Y por último: ¿Cuántos Juan Carlos han sido expulsados de EEUU?

3.

El pasado 9 de febrero Guadalupe García fue expulsada de Estados Unidos en un plazo de 24 horas, convirtiéndose en una de las primeras inmigrantes irregulares deportadas por la administración Trump. La arrestaron un miércoles, mientras acudía a una cita rutinaria en la oficina del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Phoenix, Arizona.

Al día siguiente, y pese a las protestas, fue expulsada a México.

Guadalupe llevaba 22 años viviendo en Estados Unidos, desde los 14 años. Su marido también es indocumentado, mientras que sus dos hijos adolescentes son ciudadanos estadounidenses. Su repentina deportación los deja más solos y sin el sustento económico de su madre.


Una de las primeras inmigrantes irregulares deportadas por la administración Trump



En 2008, Guadalupe fue arrestada durante una redada en el parque acuático en el que estaba contratada. La policía descubrió que había estado utilizando un número de la seguridad social falso para poder trabajar. Guadalupe pasó seis meses en un centro de detención como condena y desde entonces, acudía a su cita anual en las oficinas del ICE. Nunca había tenido problemas hasta el pasado febrero.

Algunos expertos y policías señalan que casos como este provocan que miles de inmigrantes indocumentados decidan no acudir a las citas con inmigración por miedo a ser deportados.

4.

Héctor Barajas nació en México, pero arriesgó su vida por los Estados Unidos. Durante más de 5 años (hasta 2001), sirvió en el ejército americano. Después de tratar de buscar ayuda para sus adicciones a las drogas y al alcohol, terminó abandonando su carrera militar. 

Fue en 2001 cuando se vio envuelto en un tiroteo callejero en Los Ángeles. Nadie resultó herido, pero a raíz del altercado Héctor pasó un tiempo en prisión y fue deportado de los Estados Unidos.

Ahora este veterano del ejército regenta en Tijuana un hostal para otros como él, ex militares que, después de vivir experiencias traumáticas en países en conflicto, regresan a su país y tienen muchas dificultades para adaptarse de nuevo a la sociedad.

El hostal que Héctor regenta desde hace 5 años se llama Deported Veteran Support House, pero se le conoce como El Búnker. Lo fundó después de vivir un tiempo en las calles de Tijuana.

Con el tiempo, El Búnker se ha ido dotando de los servicios asistenciales que muchos veteranos echan en falta cuando vuelven a Estados Unidos: apoyo médico, ayuda para encontrar trabajo y posibilidades de tener un tratamiento de desintoxicación.

4.

John trabaja en una empresa tecnológica de Silicon Valley. Hace unas semanas aterrizaba en San Francisco tras un viaje con su familia por Europa. Al pasar por los controles rutinarios, los agentes federales de inmigración le retuvieron durante más de 6 horas. Después, fue incluido en una lista de deportación. 

Los agentes adujeron un delito relacionado con drogas por el que John había pagado hace 20 años. El trabajador de Silicon Valley, de origen extranjero, quiso denunicar su caso manteniendo el anonimato, y fue recogido el pasado 2 de marzo por la cadena NBC.

El objetivo genérico de los antecedentes es presentar el historial criminal de una persona. Su propósito, en Estados Unidos, varía: pueden ser utilizados a la hora de contratar empleados, en trámites de adopción, inmigración, visados, etc.

Lo que el caso de John demuestra es que residentes legales en Estados Unidos están siendo perseguidos y expulsados mediante los antecedentes leves o "manchas" antiguas en su historial criminal.

 En norteamérica, los antecedentes pueden ser borrados. Existe la ley de la "Segunda Oportunidad", que facilita esta eliminación de los delitos, pero a ella solo pueden acogerse los ciudadanos de EEUU y los inmigrantes en situación regular.

Hace dos décadas que John pasó seis meses en la cárcel, pero para los Agentes de Inmigración y Aduanas no parece ser suficiente: el presidente Donald Trump dijo que cualquier persona (extranjera) con antecedentes es deportable, y aunque muchos legisladores, jueces y policías encuentran en sus palabras un espectro demasiado amplio, el vacío se va llenando poco a poco de casos reales, de personas que no se explican lo que está ocurriendo.
John depende ahora de la misericordia de un juez.


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