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"Los teléfonos móviles son una necesidad básica para los refugiados, no un lujo"

Hablamos con los jóvenes inventores que podrían revolucionar el abastecimiento eléctrico en situaciones de emergencia

Hace unos meses, Lykke Groven viajó por primera vez a un campo de refugiados. Fue a uno de Lesbos, en Grecia. Tenía la misión escuchar a los cooperantes que trabajan allí, pero sobre todo hablar con los desplazados por la guerra en Siria y con los refugiados de otras nacionalidades. Tenía que saber qué es lo que más echan en falta tras meses lejos de sus casas y de o que sus propias vidas habían sido.

Durante su estancia, Lykke conoció a un niño huérfano que no recordaba su nombre. El shock de la pérdida de su familia en Siria le había borrado la memoria. La historia de ese niño, y las decenas de conversaciones con refugiados, médicos, maestros y voluntarios le permitieron extraer las conclusiones que sus compañeros, también estudiantes, estaban esperando en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Ginebra. 

Lykke, que estudia diseño del IED de Barcelona, forma equipo con ocho estudiantes de universidades españolas e italianas elegidos por sus méritos y de distintas disciplinas. Han sido seleccionados para aplicar la tecnología avanzada del CERN a un problema o emergencia social, y han elegido los campamentos de refugiados.

"Nos dimos cuenta de que hay mucha gente que va a los campos con ideas innovadoras muy bienintencionadas, pero no se pueden llevar a cabo por algo muy simple: no hay electricidad", explica Lalitha Kakulapati, compañera de Lykke y estudiante de ESADE.

Identificaron seis problemas comunes en todo asentamiento humano provisional causado por un conflicto o un desastre natural: educación, productividad, comida, higiene, salud y seguridad. "Muchas soluciones a estos problemas se retrasan por un elemento común, la falta de suministro eléctrico", dice Kakulapati.

"La mayoría de los esfuerzos se centran en hacer llegar más electricidad a los campamentos, pero nadie piensa en cómo distribuir esa energía de una forma más inteligente"

Pero también advirtieron que la cuestión se estaba abordando desde la perspectiva incorrecta: "La mayoría de los esfuerzos se centran en hacer llegar más electricidad a los campamentos, pero nadie piensa en cómo distribuir esa energía de una forma más inteligente".

El resultado fue ElecTree, el proyecto ganador de la última edición del Challenge Based Innovation del CERN. El prototipo fue presentado a principios de diciembre junto a una nueva idea. Esta dirigida a ayudar al niño que no recuerda su nombre.

Árboles con prioridades

ElecTree es un módulo de distribución eléctrica bastante sencillo. Se compone de materiales robustos y baratos, y tiene la función de sustituir a las grandes infraestructuras como tendidos, cableados, generadores y postes: "Supondría un gran ahorro a gobiernos de los países receptores y a las ONGs que solo tienen en mente las grandes infraestructuras", dice Kakulapati.

La idea es que el software que hay dentro de ese módulo priorice los servicios básicos, por ejemplo los hospitales: "Muchos médicos que no operan porque hay apagones constantes".

"Cuando cae la noche, hay una gran probabilidad de violencia contra las muejeres, e incluso niños"

De esta forma se garantizaría el suministro a los equipamientos vitales en primer lugar. Después, a través de cables que se conectan a cada módulo, se genera una red eléctrica en función de la estructura de las viviendas, que los propios residentes pueden manejar: "Solo necesitan conectarlo a cualquier fuente eléctrica, ya sea un generador o un tendido. No aumenta la electricidad disponible, pero al menos la optimiza y se utiliza de una buena manera".

Hogueras y teléfonos móviles

En los campamentos de refugiados se desatan incendios constantemente, ya que las familias hacen pequeñas hogueras para cocinar o calentarse. Sin embargo la falta de alumbrado, la oscuridad durante la noche, es uno de los principales problemas de seguridad: "Hay una gran probabilidad de violencia contra las mujeres, e incluso niños. Temen ir al servicio cuando es de noche porque no hay luz", cuenta Kakulapati.

Desde el Global Humanitarian Lab, un conglomerado de organizaciones humanitarias a nivel mundial, se ha estado indagando en las necesidades que reclaman los propios refugiados. Como es obvio, la mayoría de ellos querría volver a su hogar, continuar con su trabajo y su vida cotidiana.

Pero una reclamaciones más persistentes es la de puntos de corriente para cargar teléfonos móviles, y wifi: "Durante la crisis siria hemos visto que estas personas utilizan Google Maps para guiar su salida del país hacia Europa. Utilizan el teléfono para mantener el contacto con los suyos, y pedir ayuda si la necesitan, como haríamos todos", dice Kakulapati.

"Algo que brillara en la oscuridad para que no sintieran miedo. La intención es imitar la presencia materna, su calor y una fragancia natural y amable"

Los teléfonos móviles son una nueva necesidad vital, y son estratégicos para que estas personas sigan activas en sus redes humanas, puedan hacer trámites, trabajar o estudiar. "Básicamente, es su vía de contacto con el mundo".

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿Es ético hacer de los campamentos de refugiados lugares confortables? ¿Es bueno promover la innovación tecnológica para solventar problemas humanitarios básicos sin reclamar responsabilidades políticas sobre el conflicto o la acogida de refugiados en Europa?

Olivier Delarue, del Globan Humanitarian Lab, se muestra tajante al respecto: "El acceso a la carga del teléfono y una luz led es no es un lujo, es una necesidad básica. No hablamos de televisiones ni de lavavajillas".

Actualmente, según cifras de Naciones Unidas, hay 65 millones de desplazados forzosos en el mundo. Menos de un 10% tiene acceso a un suministro eléctrico seguro.

El osito caliente

Lykke estaba jugando con el niño cuando se dio cuenta de algo: si podía hacerse con algún pequeño juguete, el niño se sentía mejor. Le gustaba tener algo entre las manos. Según las personas que le cuidan, sus noches son terribles. El niño que no recuerda su nombre sí tenía memoria por la noche. Llegaban las pesadillas.

¿Por qué no construir un juguete?, pensó Lykke. ya en Ginebra, al compartir la idea con su equipo, llegaron a la conclusión de que ese juguete debía combatir la oscuridad, y a poder ser, estar calentito.

"Tenía que ser algo que brillara en la oscuridad para que no sintieran miedo. La intención es imitar la presencia materna, su calor y una fragancia natural y amable", cuenta Kakulapat..

El osito de la foto superior es el prototipo provisional que Lykke y su equipo tuvieron tiempo de construir en el CERN, antes de presentar ElecTree. Ahora están buscando materiales y exploran la posibilidad de que el juguete pueda cargarse con solo agitarlo: "Queremos que se sientan seguros abrazándolos durante la noche".

 

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