BUENA SUERTE Salió a la luz “Adelante Bonaparte” (en Buena Suerte, sello propio de la banda) justo el dÃa de la gran nevada en que Barcelona quedó anegada en ese blanco sorprendente, acogedor y a la vez temible, que convirtió el pasado dÃa 8 de marzo en una jornada de fiesta para tantas personas y para tantas otras en pesadilla. No se me ocurre un dÃa ni un lugar mejor para descubrir el quinto largo de Standstill, sorprendente, acogedor y temible, un abismo con vistas espectaculares y dolorosa caÃda, fábula circular según se autodefine, innovador en su formato de triple EP. Los copos caÃan con virulencia contra la ciudad, y yo la recorrÃa escuchando esta pequeña gran exquisitez de ritmo hipnótico en muchos tramos –gracias, en parte, a la creciente apuesta por efectos digitales-, cadencioso en otros, épico en otro rincón, nostálgico siempre, tal y como exige su condición de cuento con su principio, su nudo y su desenlace, cada uno de ellos recogido en un EP-isodio diferente. Standstill han dejado de ser, al menos por el momento, una banda de rock. Ya hace tiempo que Enric Montefusco, corazón creativo y vocalista del grupo (y teclista, programador, guitarra acústica…), decidió que querÃa que fuera mucho más que eso. Lo viene demostrando con sus proyectos escénicos que rompen con la concepción clásica de lo que es un concierto (ya han anunciado una nueva sorpresa en forma de espectáculo para el próximo Primavera Sound) o realizando documentales como “Diez Años Y Una Zanahoria” o el “1,2,3” presentado en el pasado festival de documentales musicales In-Edit. Pero en “Adelante Bonaparte” rompen radicalmente con cualquier eco del angustiado post-hardcore con claras influencias de Fugazi y Refused que les vio nacer con el EP “The Tide” (1998) y que todavÃa palpitaba en el brillante “Vivalaguerra” (Buena Suerte, 2006), anterior trabajo del grupo. Ya allÃ, de todos modos, y también en “Standstill” (Bcore, 2004), tercer disco de la banda catalana, primero en castellano, quedaba claro que los gritos iban pasando a mejor vida, que las guitarras ya no tenÃan por qué ser siempre virulentas y que el pop delicado, épico y abierto a toda experimentación –ahora los discos de Standstill los guardo en el mismo cajón que los de Arcade Fire, Grizzly Bear o Flaming Lips– empezaba a hacerse un hueco en su espacio musical. Lo hace ahora con la preciosa voz de Montefusco más levantada que nunca, con ritmos más contenidos que en “Vivalaguerra”, cuyas canciones se parecÃan mucho más entre sà pero contenÃan más quiebros y cambios de sentido en cada una de ellas. El primer EP de los tres lanzados en “Adelante Bonaparte”, “Algunos Recuerdos Significativos De B.”, es una obra preciosa, compleja y redonda, algo mágico y evocador que de por sà justifica la publicación del disco, y ya todo lo demás son regalos añadidos. Los recuerdos del funeral paterno que determina la estructura de la obra se nos presentan en “Todos De Pie” –“vamos todos a cantar una oración de mierda para emocionar”–, y a partir de ahà un emocionante salto a los recuerdos infantiles, primero con la conversación entre niño y papá acompañada de bases rÃtmicas de la grandiosa “Hombre Araña”, después con los recuerdos más explÃcitos de “La Familia Inventada”, lo más parecido a la intensidad rockera que pervivÃa en “Vivalaguerra”. Más allá de otros interludios evocadores con pianos, risas infantiles y fuegos artificiales, sobresalen deslumbrantes “Vida Normal”, que estremece y recuerda a alguna de Radiohead, y “Adelante Bonaparte”, cuyo ritmo y letras, con ese violÃn de fondo, marcan el camino de la huida hacia adelante que debe ser el siguiente EP. Hay algo en la actitud y el ritmo de esta canción que me recuerda a “All Is Love”, de Karen O, en la banda sonora de “Donde Viven los Monstruos”. Pero es que, en general, este primer EP, que nos regresa a un pequeño crÃo a veces entusiasta y a veces tembloroso que corretea por los bosques y se refugia ante la chimenea en un invierno largo, acompañado de todos sus miedos y deseos infantiles, podrÃa ser perfectamente una segunda banda sonora de dicha pelÃcula. En el segundo EP, introspectivo y depresivo, “B. Pasa De Querer Comerse El Mundo A Quedarse En Una Pequeña Parcela”, Montefusco se apoya en un ukelele de lo más deprimente para acentuar la dura autocrÃtica de “Cobarde Pecador”. La irregular pero intensa “El Resplandor” –“ahora estoy durmiendo con un hacha en el pecho”–, finaliza con las grabaciones telefónicas recogidas por el grupo en su proyecto de creación colectiva Cariño, Respeto y Atención, acentuando esa condición transversal de artista que caracteriza a Montefusco. La percusión electrónica dota de una dimensión apocalÃptica a “Moriréis Todos Jóvenes”, introspección en lo poliédrico del protagonista de la fábula, y en “Sálveme Quien Pueda” los sonidos de la cotidianeidad –papeles de periódico, grifos, cepillado de dientes, pájaros– acompañan al tÃtulo de la canción repetido hasta el desespero. Un desespero que precede a la luz de la tercera fase, que empieza con esa oda femenina, preciosa, que es “Cuando Ella Toca El Piano”, la canción más sencilla y tierna del disco. Regresan recuerdos de infancia en “Ayer Soñé Contigo” y busca el tedio “Elefante”, acompañada de una tuba que emula al animal. “La vida es un elefante que camina siempre hacia adelante”, dice Montefusco antes de cerrar el disco con la misma canción que lo ha empezado en el primer EP, aunque con diferente tÃtulo y ornamentos musicales, siempre ese funeral maldito desde otra perspectiva para que la escucha se convierta en algo circular y volvamos a empezar, una y otra vez, pensándonos en un principio que este disco no cuaja, con esas letras más sugerentes que directas que al principio parecen no decir nada, cuatro copos, y acabar cubiertos por la nieve de una obra trascendente, sutil, redonda y magna. Germán Aranda |
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