MERGE Aquàse nos viene encima un disco que se las promete de todos los colores. Y todo a pesar de que Shout Out Louds todavÃa no tienen la repercusión que, a mi juicio, se merecen. Lo digo porque esta banda, que a veces parecen los acompañantes del cantante Adam Olenius (cada vez más parecido fÃsicamente a Jason Schwartzman) en un hipotético viaje al, digamos, Darjeeling de la música, tuvieron en sus manos el libro de partituras de oro que conforman su anterior trabajo, “Our Ill Wills”. En aquel disco fue donde vimos un progreso continuado respecto al tono melancólico del primero, “Howl Howl Gaff Gaff”, pero a escalas supradimensionales que harÃan mojarse los calzoncillos incluso a la teorÃa de cuerdas. No en vano, “Our Ill Wills” fue uno de los discos del año e “Impossible” la materialización en sonido puro de las mejores pelÃculas románticas para veinteañeros al mismo tiempo que un himno musical que hubiera compuesto un hipotético hijo entre Robert Smith y Morrissey. Los dos primeros álbumes, producidos por Björn Yttling (el del medio de Peter Björn and John), se caracterizaban por dos elementos clave: 1, las canciones sonaban como la banda sonora de una carta de amor; y 2, la afectada voz y manera de interpretar de Olenius, que parecÃa que cantaba sobre una montaña de gelatina. Como grupo principiante, hay que reconocer que mezclaron tan bien los ingredientes como lo hubiera hecho Ferran Adrià . Ahora nos llega este “Work”, de tÃtulo sencillo y portada clásica, y vemos que las cosas han evolucionado. Hay cambio en la producción: llega Phil Ek (se le vio en discos de The Shins, Fleet Foxes o Throw Me The Statue) y la influencia general de grupos como The Concretes o los punteos a lo Johnny Marr que siguen ahÃ, aunque el tono ha pasado del veinteañerismo a la falsa felicidad de antes de la crisis de los cuarenta. Aclaro: no es que no les pegue mezclar canciones intimistas como “The Candle Burned Out” con algo tipo Band of Horses como en “Throwing Stones”. Hay algo que queda siempre bien claro a medida que uno escucha el disco: son una banda impecable y lo del verbo “Work” se lo han tomado al pie de la letra. Lo prueban la sobria “Play The Game” con ese bajo poniendo la mejilla, o “Walls”, una clara demostración de cómo meter guitarreos machacones y parecer una orquesta sinfónica. “Work” está plagado de pianos ocasionales (en “Four By Four”, por ejemplo) que sustituyen, por desgracia, a la cándida voz de Bebban Stenborg (que aparece en el single “Fall Hard”, lo más parecido a uno de los muchos himnos de “Our Ill Wills”, y poco más). Y aquà vamos hacia el otro punto negativo: después de atreverse a flirtear con la felicidad, la voz de Olenius ha dejado de interpretar y ahora hace ecos como en la preciosa “Too Late Too Slow”, ecos que no sustituirán nunca al temblor vocal que padecÃa antes y que ejemplificaba tan bien letras espinosas como “I don't want to feel like I don't have a future”. Ahora canta aquello de que si “If you fall hard, I fall harder”, que obviamente se refiere a algo que no sucederá, aunque lo cante con esa tristeza que nos sienta falsa. No es que sea un mal disco, ni muchÃsimo menos, pero es que habÃan puesto el listón tan alto con el anterior trabajo que algunos ya pensábamos en derrocar viejos mitos y rendir pleitesÃa a la que se presentaba como la banda capaz de atenazarnos el corazón al mismo tiempo que pasaban por delante de gente menos sensible que los confundÃan con “otra de esas bandas de indie rock”. Jordi Guinart * Escúchalo aquà |
