BPITCH CONTROL En una época en que un robot de cocina hace una paella marinera o un mono tità entrenado a base de electrodos le prepara un café a un tetrapléjico, uno ya no sabe a lo que atenerse en el mundo de los DJs y las sesiones enlatadas. Esto no es como en los años 90. Hemos avanzado tanto que ahora las máquinas trabajan por nuestro perezoso pescuezo. Tiempo atrás habÃa poca trampa y menos cartón: los pinchas que no sabÃan mezclar no podÃan camuflarse, no podÃan timarnos. Se les veÃa el plumero a la legua, y enseguida quedaban marcados por su propia ineptitud. Pero ahora, ay, ahora: tanto ordenador, tanto software mierdoso, tanta mezcla asistida, tanto corta y pega en el estudio, tanta ayudita de los cojones… Las sesiones actuales en CD están demasiado sobreeditadas, sembradas de tramposos zurcidos, son asquerosamente perfectas, joder, hasta SofÃa Cristo serÃa capaz sacar un set estilo Jeff Mills encabritado sin pinchar un solo vinilo y los más gilipollas nos lo tragarÃamos como bueno. Por eso, ahora más que nunca, los que todavÃa creemos que un DJ tiene que saber pinchar estamos obligados a aguzar las napias y mover las aletas nasales ante los CD-mixes de última generación, como si fuéramos nerviosos cánidos olisqueando los rectos de nuestros congéneres. El olfato y la intuición son nuestras únicas armas para distinguir a los farsantes de los verdaderos artesanos. Y con el amigo Seth Troxler la nariz me envÃa señales de autenticidad y fiabilidad como hacÃa tiempo no sentÃa. Mulato como un caramelo Viuda de Solano, de pelo cardado, bigotillo irónico y genoma 100% Detroit, el productor y DJ tiene ese “algo” que todavÃa distingue la bisuterÃa del coral en materia de cabina. En otras palabras, pincha con una técnica, una falta de prejuicios, una imaginación, una elegancia y un sabor old school (no por viejo, sino por bien parido) que te deja con cara de memo y babilla en el carrillo. Seguramente por eso, Ellen Allien no ha tenido reparos en cederle un vagón de primera en la serie “Boogybytes”, prestigiosa cantera de pinching que hasta ahora parecÃa reservada a los prohombres de BPitch Control –no habÃa editado nada en el sello alemán– y adquiere en manos del viejo Troxler un brillo todavÃa más acentuado. No olvidemos que el negrito de Michigan lleva ya un tiempo afincado en BerlÃn –su residencia en Watergate ha dejado profunda huella– y se ha integrado perfectamente en la agitada huerta nocturna de la urbe germana. De hecho, según sus propias palabras, el quinto volumen de “Boogybytes” intenta ser un reflejo del entorno musical que el socio Troxler, cual Rómulo pegado a la tetilla de una loba, ha mamado noche sà noche también en los lodos berlineses. El viaje está muy marcado por ese delicioso y dulzón tufo de minimal, ketadance, electrohouse y electrónica de pitillera galáctica que algunos podrÃan identificar como la banda sonora de la capital del techno. El set es antológico y tiene todos los elementos que definen a un selector con clase y dedos nerviosos. Sus mezclas fluyen en un riachuelo de beats, como vemos en la magnÃfica concatenación de Luciano –“Fran Left Home Mike Shannon”– y Craig Smith & The Revenge –“The Soul Part II”–, zurciendo ambas piezas en una maquinaria deep de minimal dramático que asusta cuando suelta los bajos y las cuerdas. Pero tampoco le tiene miedo a las transiciones abruptas, que nadie crea que estamos ante el clásico nerd que sólo busca el mlÃmtetro en la mezcla –el paso del “Right At It” de Baeka al saxo acuoso del “Westoid” de Dinky atestigua su falta de complejos en el fader. Miradlo, pequeños: el tipo metamorfosea cortes, vuelve al tema anterior, caracolea, se saca de la manga mezclas serpenteantes y arriesga, montera en mano, en algunos giros memorables, como el cuarteto asesino de techno-electrohouse-psicodelia formado por Heartthrob, Birds And Souls, Roman Flügel y Fever Ray: sin lugar a dudas la cima pastillera del álbum y la demostración de fuerza más electrizante de un tipo que pincha como los de antes, sin miedo a partirse la crisma. Esto es minimal con alma, ketamina negra, porro de hongos y salchichas con jugo; esto es BerlÃn, demonios, una ciudad en la que no he estado ni estaré nunca. Óscar Broc |
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