SINCERELY YOURS - SECRETLY CANADIAN / HOUSTON PARTY DecÃamos ayer a tenor del primer largo de los suecos jj que allà todo se diluÃa como si no hubiera sido más que una ilusión óptica, como si algo tan bello no pudiera ser del todo cierto. Pues bien, ocho meses después recibimos a este descafeinado “nº 3” y se confirmar un ligero desenfoque de dicha magia. No sólo la del disco, también la de todo el misterio que hasta ahora habÃa rodeado al dúo. Hoy conocemos las caras de los hasta entonces anónimos Joakim Benon y Elin Kastlander, han dado el salto a Secretly Canadian y, como casi ningún otro grupo de Sincerely Yours, empiezan a ofrecer conciertos (tienen al menos un par confirmados en nuestro paÃs para las próximas semanas, en el Festival do Norte y Barcelona). En otras palabras: además de la desaparición del factor sorpresa y de ese tipo de cambios logÃsticos que siempre suelen desmejorar, la alquimia que nos dejó boquiabiertos y soñadores ante el que fue uno de los mejores debuts de 2009 brilla por su ausencia en esta nueva entrega. Desde su nueva división internacional, se asegura que si “nº 2” fue la quintaesencia del álbum veraniego del año pasado, éste viene a ser algo asà como el disco perfecto para un invierno que ya se acaba. Y puede que sÃ, que quizá tengan razón, pero me inclino a pensar que es ahà precisamente en donde radica la falacia. De alguna forma la música de jj parece haberse secado, evaporando consigo sus mejores aromas, y por eso “nº 3” no se parece en casi nada al bikini mojado del que presumÃa “nº 2” sino más bien a una prenda de entretiempo de esas que nunca sabes muy bien cuándo ponerte, uno de esos accesorios que no tienes claro si necesitas o no. Algunos aducirán que lo que Joakim y Elin intentan es encontrar el germen de su propio sonido despojándolo de adornos superfluos, intentando reducir al máximo las esencias de su propuesta y haciendo de ella algo aún más sintético, más nostálgico y hasta podrÃa decirse que más folkie. Pero, ¿de verdad les hacÃa falta esa cura de adelgazamiento? ¿No será más bien que estamos ante una clara falta de inspiración? O más al grano: ¿dónde han quedado las canciones? Además de que la calidad en la composición y producción se ven desmejoradas, parece que el álbum se grabó durante las mismas sesiones que el anterior, algo que, seguro, ellos prefieren no airear demasiado y que vendrÃa a confirmar la sensación de que estamos ante una fotocopia de aquel con poca tinta. Pero tampoco le teman a un suspenso: aún hay resquicios de la adorable artesanÃa que nos hizo endiosarles. Más allá del horizonte hipnagógico y aunque no se cuente con el embrujo onÃrico de ayer, “nº 3” reafirma un sonido totalmente reconocible. Curiosamente, frente a la alta capacidad de evocación sensorial de hace ocho meses, lo más interesante de este álbum acaban siendo sus pasajes más desnudos y crudos. También la voz de Elin y la manera en que filtran sus influencias, sobre todo el rap y el fútbol, que funcionan a su divertida manera como recurso anecdótico. El comienzo, con un fláccido cover del “My Life” de The Game originalmente cantado por Lil’ Wayne, es de lo mejorcito y nos lleva hasta la extraña reinterpretación que ya firmaron en su dÃa para el “Troublemaker” de Akon o incluso hasta aquella irisada versión que hicieron del famoso tema televisivo “Welcome Back” escrito por John Sebastian (The Lovin’ Spoonful). Asimismo, el guiño futbolero a las famosas declaraciones de Ibrahimovic “voi parlate, io gioco” en “Into The Light”, les sirve luego para desarrollar otro tema entero con ese tÃtulo, aunque mucha gracia tampoco hace... El resto de canciones, simplemente bonicas, se acaban desvaneciendo en su propia inopia. Todas se olvidan fácilmente. Para nada se respira la capacidad evocadora de la media hora corta de su debut que pedÃa reescuchas sin pausa y, por el contrario, los 25 minutos de éste se acaban como si aquà no hubiera pasado nada. SÃ, aquello era muy difÃcil de repetir, pero no por eso deja de resultar triste el comprobar que se trató de un espejismo. Entonces capitaneaba el libreto una suculenta y frontal hoja de marihuana salpicada de gotones de rojo pasión, mientras que ahora apenas vemos en la portada una minúscula cuchillada de sangre sobre un fondo blanco en el que “algo” ha echado a volar. Imagen perfecta de las sensaciones efÃmeras y un poco descorazonadoras que provoca su escucha. Cristian RodrÃguez |
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