RABID RECORDS Componer una ópera está bien si eres un compositor de óperas, es decir, un ratón de conservatorio que, ya salido de las aulas, negocia mecenazgos o apoyos públicos para llevar adelante un estreno. Pero si no eres un compositor de óperas, el mismo hecho de escribir un libreto –o encargarlo, tanto da–, enfrascarte en la música y luego llevar la obra a escena se puede calificar de pomposo –o sea, fatuo– o valiente, merecedor de los más altos elogios. ¿Cuál de los dos adjetivos se adecúa mejor a The Knife en el caso de “Tomorrow, In A Yearâ€? Teniendo en cuenta que Olof y Karin Dreijer han puesto el aparato escénico en primer plano en ocasión de cualquier aparición pública –ya sean conciertos, como el recogido en el DVD “Silent Shout. An Audiovisual Experience†(2006), o recogidas de premios–, siempre cuidando con especial mimo el vestuario, la luminotecnia e incluso el argumento, como se percibÃa en el montaje parateatral de la gira de Karin como Fever Ray, quizá para ellos una ópera sà era el paso lógico, y en ese sentido hay que reconocerles la valentÃa, el arrojo de lanzarse a un terreno desconocido, arenoso y movedizo en el que cualquier obra nueva siempre es aceptada con recelo por los teatros y en el que los noveles lo tienen difÃcil para abrirse camino. Otra cosa es la execrable ópera-rock, una vÃa para músicos limitados de cultivarse un prestigio entre borricos, algo completamente distinto a este planteamiento coherente con lo que debe ser la ópera contemporánea: una evolución del gesamtkunstwerk wagneriano –o sea, el arte total– con intención renovadora, de proyección hacia el futuro. Dicho esto, que conste: para criticar la ópera hay que haberla visto, y ése es el caso de poca gente. Desde su estreno en Dinamarca a mediados de 2009, sólo se ha escenificado en un puñado de ocasiones y ni el Liceu, ni el Real, ni siquiera la magnÃfica Ópera de Valencia –que se atrevió con la TetralogÃa high-tech de La Fura y Zubin Mehta y ganó– se han planteado ni siquiera dedicarle un par de funciones. Y ni siquiera “Tomorrow, In A Yearâ€, el doble CD que nos ocupa ahora, es la ópera: es una recreación en estudio, algo abreviada, de la música que suena en escena, sin un DVD que recoja una filmación del espectáculo (ya llegará). Sin ópera no hay crÃtica, asà que lo que queda es comentar el audio, del que se pueden extraer algunas valiosas conclusiones, aun sabiendo que todo podrÃa cambiar de estar en una butaca, siguiendo hipnotizado los 80 minutos –sin intermedio– que dura la representación. Y hay que decir representación porque, formalmente, lo de The Knife no contraviene ninguna norma canónica de la ópera: hay un libreto, que en este caso consiste en una recreación de la vida y trabajos de Charles Darwin, de sus orÃgenes como biólogo, el viaje del Beagle y la redacción posterior de “El Origen de las especiesâ€; hay unos músicos que tocan –percusión (Hjorlefuir Jonsson), cello (Hildur Gudnadóttir) y máquinas; que nadie se escandalice, que incluso la ópera del XIX jubiló el clavicordio– y tres voces dotadas como las de Kristina Wahlin, Laerke Winther y Jonathan Johansson, además de la de Karin Dreijer. Las formas, por tanto, impecables. Sólo falta la substancia. La substancia es convincente de entrada. Salvando el tramo final, en el que aparecen las escenas de “Seeds†y “The Height Of Summer†y la música es más knifesca por entrar a cuchillo en el lenguaje del techno –techno clÃnico, polar, en la lÃnea de Pan Sonic o Sleeparchive, que es el tipo de sonido geométrico, rÃgido y a la vez vibrante que resultó cautivadora en “Silent Shout†(2004)–, el resto de la ópera se contiene a la hora de lanzarse a un lenguaje propio de la música popular. Es una encrucijada: podrÃan haber hecho una ópera techno, un cara o cruz con el que reinventar el género, que está artrósico, o quedar en ridÃculo –todo muy azaroso–, o creerse demasiado la seriedad del lenguaje de la composición contemporánea. Afortunadamente, The Knife no hacen ni una cosa ni otra optando por las dos vÃas, en fases alternas, según el argumento o la progresión dramática lo reclame. El desenlace persigue un clÃmax propio de un concierto o una sesión experimental de DJ; el inicio y el nudo avanzan con calma entre vaharadas de ruido, canto agudo que nunca se consuma en arias virtuosas o dúos airosos, y varias situaciones de dramatismo en las que la música ayuda, sobre todo, a subrayar la acción. PodrÃa ser más una banda sonora que una ópera si no fuera porque es la música la que se mueve por sà misma empujando ella las imágenes y los cuerpos, y no al revés. También hay instantes en los que la escritura, de unas pocas notas, un drone o una sábana ambienta recargadÃsima de ruido, parece bastante intuitiva, sin esfuerzo ni sufrimiento añadido, como una transición de una escena a otra por la vÃa rápida. Puestos a mostrar algunas costuras más, hay una tendencia a fijarse en la ópera minimalista –la de Philip Glass en las fases suaves de “Akhnatenâ€, pero sin arpegios, o “The Man Who Mistook His Wife For A Hat†de Michael Nyman, por la brevedad y el tema pop–, pero lo de The Knife, con la testimonial colaboración de Planningtorock y Mt. Sims en cuestiones estéticas, también se apoya en la tecnologÃa punta, en la electrónica como fe ciega, en recursos simpáticos como el piar de aves en “Letter To Henslowâ€, y el resultado merece un aplauso. Todo lo que podÃan hacer bien, está bien, y lo que está mal es disculpable: quien tenga palco en el teatro más cercano sabe que se estrenan bodrios que dejan a “Tomorrow, In A Year†a la altura de “Don Giovanniâ€. Bravissimo no, ¿pero bravo? Bravo sÃ. Javier Blánquez |
