KILL ROCK STARS Hay un punto friqui en Jamie Stewart que le lleva a cometer actos de expresión sentimental y compasiva mezclados con escenas sangrientas y estética guarra, que, en cierto modo, se dan de la mano con la música de Xiu Xiu. Y parece que su paranoia hecha música causa, como decÃan en la guerra de Irak, daños colaterales, porque los miembros de su banda han ido desapareciendo a lo largo de los años. La última en caer ha sido su prima, Caralee “carita agridulce” McElroy, que le ha puesto los cuernos a Stewart con Cold Cave, un grupo que tienen algo de Xiu Xiu, pero sin tantas pajas mentales, y mucho más de pop electrónico frÃo, industrial y como de cuarto oscuro para prácticas sado. Asà que algo podrido debe tener este señor, Stewart, que nos pone en su portada cara y tipografÃa de “Love Is Hell”, y por dentro esconde todo un serial killer del desarrollo melódico. Puedo poner miles de ejemplos de su grado de friquez. Baste con decir que ofreció doce discos (¡doce!) inéditos de música ambiental rarilla por suscripción (muy) limitada y que compuso música para una obra teatral llamada “Nibbler”, donde unos estudiantes (mentalmente desviados como él, me juego el cuello con Dexter al lado) recibÃan visitas de un extraterrestre. En definitiva, que este hombre da un poco de grima. Menos mal que dicen aquello de que “perro ladrador, poco mordedor”, y en el caso de nuestro querido marciano Jamie Stewart resulta que no es tan autodestructivo como da a entender el tÃtulo de este trabajo. Es durillo de escuchar, entre otras cosas por el flirteo erótico con el noise y sus manÃas por captar cacofonÃas a partir de percusiones de juguete mezcladas con un techno ochentero más simpático que discotequero, pero sigue siendo relativamente inofensivo, como asà suenan “Apple For A Brain”, la de audio más videojueguil del disco (tratad de imaginaros a Sonic el Erizo recorriendo las últimas fases industriales antes de alcanzar a Robotnik con ésta canción de fondo), o el jugueteo rÃtmico alocado y sin sentido de “Secret Motel”. Además, Xiu Xiu meten de vez en cuando arpegios clásicos como si fueran unos Bright Eyes desquiciados (léase “Impossible Feeling”), y también tienen nanas envenenadas pasadas por la túrmix de la hipnosis lÃrica al más puro estilo PJ Harvey en “White Chalk” con “Hyunhye’s Theme”. Aunque lo que más abunda es la presencia de aquel monstruo bicéfalo Bowie-Eno berlinés (muy evidente en “Chocolate Makes You Happy”) con una voz afectada a lo Morrissey en la magnÃfica presentación que es “Gray Death”, más breves cameos del Scott Walker de la época “The Drift” en algunos momentos de la ya mencionada “Apple For A Brain”. Por experimentar que no quede. Y si hay que robotizar una ranchera (“Cumberland Gap”), pues se hace y la mar de bien que queda, oye. Parece que Xiu Xiu juegan con sus influencias y hacen con ellas lo que quieren y cuando quieren (como decÃan en aquella apologÃa Jackass que era el vÃdeo de “I Do What I Want, When I Want”, o en la materialización en pÃxeles de la Mega Drive en “Boy Soprano”). O tal vez debiera decir que su propio concepto del noise versus synth pop de los ochentas absorbe a sus Ãdolos como un agujero negro, dejándolos retorcidos y vomitando. O quizás serÃa más apropiado decir que en el fondo todo esto es consecuencia de la trágica infancia de un chico a quien le encantaba tirarlo todo por el suelo para escuchar el sonido que hacen las cosas cuando se rompen. A saber. La cuestión es sobrevivir. Y quien antaño era un niño marginado sabe hacerlo muy bien. Jordi Guinart |
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