429 RECORDS Cara-de-empollón Eef Barzelay (alma mater de Clem Snide) parece hallarse en uno de sus momentos creativos más intensos, incluso hasta el punto de que uno se replantea el hecho de que sea un “momento” para redefinirlo como “época” o “ciclo” o incluso “La Década Prodigiosa” (que va camino de conseguirlo, si sigue asÃ). Hasta ahora, después de la disolución de Clem Snide, nos habÃa regalado dos trabajos en solitario de (digámoslo asÃ) “espiritualidad elevada”: “Bitter Honey” (2006) y “Lose Big” (2008) para derramar luego múltiples litros de saliva ajena con un esperado regreso de su banda sólo cuatro años más tarde con aquel “Hungry Bird” (2009) que introducirÃa musicalmente a éste “The Meat Of Life”. Es decir, que este señor lleva desde 2008 sacando un disco por año, y parece que todavÃa es capaz de exprimirse más el corazón, que ya debe tener tan arrugado como su cerebro. No, no es tan fácil si además de grandÃsimos discos voyeurizastu vida sentimental como lo hace él al mismo tiempo que tu flagelación es recibida por el oyente como un canto al desamor. Hay que tener una sutilidad expresiva al alcance de muy pocos, y Clem Snide, aunque lo intentaban, nunca llegaron más allá de causar una impresión honda en el alma que luego se borraba con demasiada facilidad. Bien. Dicho esto: no es el caso de “The Meat Of Life”. Para empezar, hay que apuntar el refichaje de Mark Nevers (también produjo “Hungry Bird”) como un gran acierto. El maquillaje a lo Lambchop y Calexico le vienen a Clem Snide como una silla de ruedas a la duquesa de Alba: maravilloso. Segundo acierto: además del sonido, continuan con el tono de “cuento de hadas post-apocalÃptico” que era “Hungry Bird”, una evolución para la fusión de folk, rock y country alternativo, coherente y exigente al mismo tiempo. Y tercer gran acierto: pasar a primer plano la voz de Eef Barzelay y dejar a la banda en la sombra tras el telón rojo como apoyo contenido y mezclar esta tranquilidad orquestal con destellos rock como los de antes para equilibrar el disco. Los ejemplos más claros de toda esta mezcla los tenemos en “Forgive Me, Love” y “Stoney”, canciones que parecen compuestas para salir en un “Manual de Estilo” del grupo, bordeadas por sus caras más opuestas: por un lado el rock barzelayiano de hace unos años (“Wal-Mart Parking Lot”, “BFF”, el suave crescendo (¡con trompetas!) de “I Got High” o la homónima “The Meat Of Life” que parece sacada de la mesita de noche de Jeff Tweedy), y por el otro elcroonismo de “Denise” (casi tan alegre como una de Silver Jews), o la pornográfica “Denver”, socia con honores dellynchiano Club Silencio. Todos ellos son ejemplos que harÃan de este disco uno de los mejores de Clem Snide. Pero esta vez van un paso más allá de lo que se supone que debemos esperar de ellos (es decir, un disco notable). La traca final empieza con lo que podrÃa ser un extracto del diario personal e Ãntimo de Barzelay (“please, sleep with me”, llega a cantar en “Please”), la tremenda “Song For Mary” (en el lado de Wilco), y el tour de force emocional de “With Nothing Much To Show Of It” (de intensidad parecida a los cancionones “Burn The Light” y “Pray”, del “Hungry Bird”) termina con el espasmo existencial de la joya de la corona, “Anita”, que parece subrayar la intencionalidad subyacente de la producción: que la banda sea el latido vehicular para una melodÃa desgarradora y una voz que a veces se parece un poco a la de Loudon Wainwright III o a su afectado Vástago-Con-Pendientes, aunque en el caso de nuestro cada vez más adorado (y maduro) Eef Barzelay se trate de alguien con problemas evidentes de afecto. “Am I ever to feel that free again? Am I ever to feel so light? Am I ever to feel that sweet again? Am I ever to feel alright… again?”, dice la letra de “Stoney”. Seguro que si le hubiéramos regalado “The Meat Of Life” a nuestro primer (y no correspondido) amor, se le habrÃan caÃdo las bragas. Seguro que sÃ. Jordi Guinart *Escucha el disco completo aquà |
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