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Me gustan algunas sorpresas. Sobre todo las que suponen una victoria inesperada, no un golpe bajo o una decepci贸n para la que no estabas preparado. Recuerdo un telefilme de esos de domingo al mediod铆a en el que el protagonista, con todo listo para llegar a casa y suicidarse (por motivos totalmente s贸lidos y comprensibles), se encuentra con que al abrir la puerta de su apartamento, sus amigos le han organizado una fiesta de cumplea帽os. Ni siquiera era su cumplea帽os, pero 茅l lo dio por bueno. Se divirti贸 bastante, se dej贸 agasajar, y de repente volvi贸 a conectar con un mundo que hasta entonces se hab铆a mostrado vac铆o y hueco. De repente, desde aquella velada, todo empez贸 a salirle bien. Esta historia me hace pensar en lo que yo esperaba de "The Malady of Elegance". Un disco de un artista, el bostoniano Keith Keniff (alias Helios) totalmente desconocido para m铆, que en una aciaga y asfixiante tarde de verano, justo en el aniversario de una enorme decepci贸n que sufr铆 hace exactamente un a帽o, me pongo a escuchar sin ninguna esperanza, sin ning煤n convencimiento. Y sucede algo extra帽o. Goldmund me hace pensar m谩s en el futuro que en el pasado. Sus pasajes de piano, que recuerdan a "Wonderland", a Glenn Gould, a Erik Satie, a Harold Budd, a Brian Eno, revolotean por la habitaci贸n, ponen la banda sonora a minutos primero y luego horas en las que es imposible mover un dedo o dejar de prestarle atenci贸n. M谩s que una luz al final del t煤nel es un t煤nel al final de la luz, un pasaje hacia ese instante en el que finalmente te levantas, te sirves una copa de vino, y vuelves a poner el disco de principio a fin. Ya con otra cara, y sin tu antigua cruz.

Jes煤s Llorente




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脷ltima actualizaci贸n el Viernes, 05 de Septiembre de 2008 10:27  

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