EPIC Ahora mismo escribo estas lÃneas desde un MacBook, en el maravilloso loft de unos amigos mientras bebo té y escucho a Sade. Y escucho a Sade porque “tengo faena”. Pero si no tuviera que escribir esta crÃtica me juego la vida a que también estarÃa escuchando a Sade. Hoy tengo un pretexto pero, en cualquier otra circunstancia, mi anfitrión y yo la escucharÃamos por puro placer. Porque compartimos concepto y afecto hacia Sade. Mi anfitrión opina que este mundo no es justo porque personas como ella, Helen Folesade Adu, nos recuerdan lo anecdótico de nuestra propia existencia debido a nuestra mediocridad. Porque, además de pensar que tenÃa, tiene y tendrá una de las bellezas más exóticas y perturbadoras del mundo (piérdete Naomi, ella es la verdadera Diosa de Ébano), creemos que tiene una sensibilidad brillante, una serenidad abrumadora y una voz inimitable. De hecho, podemos tolerar que alguien no se emocione con “Cherish The Day” o “Love Is Stronger Than Pride”, pero si una persona no se pone cachonda escuchando “Paradise” es que no tiene la sangre caliente y no la queremos en nuestras vidas. Y después de este discursito en plan “marica refinado y leidÃsimo defendiendo a su diva favorita” voy a intentar que no se me vea mucho el plumero en las siguientes lÃneas. Para empezar, que quede claro que a ella la amamos pero somos conscientes de que Sade no es ella sola; son tres músicos más: el bajista Paul Denman, Andrew Hale el teclista y Stuart Matthewman encargándose de saxo y guitarra. Cuatro amigos que se conocen desde hace 25 años y que hacen la música como ellos quieren, fieles a unos parámetros y a unos principios. Y “Soldier Of Love” no es otra cosa que una reunión que se ha ido posponiendo con el tiempo, casi unos diez años desde el “Lover's Rock”. Son adultos, tienen responsabilidades familiares, otras inquietudes, esas cosas pasan. Y es maravilloso cuando los reencuentros afianzan los lazos en vez de romperlos. Sade explica en su web que el grupo querÃa poner a prueba si todavÃa eran amigos o, lo que es lo mismo, si todavÃa sabÃan trabajar juntos. Se ve que sÃ. A los hechos me remito. Porque este último trabajo transpira la misma sensualidad, elegancia y temple que cualquiera de los cinco álbumes anteriores. No sé si la fórmula del éxito reside en basar la creación en una amistad existente o en incidir en la fórmula que siempre les ha funcionado, que no es otra que llevar el soul al terreno del pop. Sin embargo, los años tampoco pasan en balde. Si hay algo que hacÃa meritoria a la banda era que sabÃa exactamente en qué punto del pop debÃan aparcar para desarrollar toda esa carga soul que llevaban encima. Ese olfato se ha ido perdiendo con los años y con los discos. AsÃ, el último disco ejemplar en este sentido serÃa “Love Deluxe” (también su disco más exitoso a nivel comercial y de crÃtica), que supo encontrar la armonÃa exacta entre la calidad y la efectividad. “Soldier Of Love”, asà como “Lover’s Rock”, adolecen de esa intuición, que sólo se vislumbra en un par de temas. Uno es el que da nombre al álbum –y que acabará de sintonÃa para el anuncio de El Corte Inglés con el que llega la primavera–; el otro es “Skin”. En ambos temas juega muy a favor la elección de las cajas de ritmo, el golpe efectivo que consigue hacer sonar a “reinventado” el sonido del grupo. Pero el disco se aleja inevitablemente del amplio abanico que es el pop a dÃa de hoy, quedando anclado en la concepción que se tenÃa de la música en los primeros años del nuevo milenio. “Babyfather” o “Bring Me Home” es un buen ejemplo de ello; no son malas canciones, pero hubieran sido mejores en 2001. No obstante, la banda se ha esforzado por salvar el barco. Allà donde el disco cojea, ellos ponen una cuña en forma de balada elegantemente instrumentada y melancólica hasta el desasosiego. Estoy hablando de “Morning Bird”, donde golpes de piano e instrumentos de viento sólo pueden hacerte venir a la cabeza lo mejor de la banda o, en su defecto, recordarte a “Pearls”, un tema emblemático dentro de “Love Deluxe”. En la misma lÃnea se encontrarÃa la canción que cierra disco, “The Safest Place”, pero sin hacer tanto daño como “Morning Bird”. Decepciona un poco comprobar que no se han atrevido a experimenta como hicieron en “Lover’s Rock” con “Slave Song”, un tema ignorado a pesar de ser una terroncito de azúcar entre el reggae más clásico y el trip hop más primigenio. Me alegra saber que estas cuatro personas siguen siendo amigas y siguen haciendo las cosas que les gustan, aunque la calidad vaya cuesta abajo. Me alegra que ella siga teniendo letras que escribir y verdades como puños que contar a los demás, aunque sea cada diez años. Me alegra porque les deseo lo mejor; ellos me han regalado un montón de momentos preciosos a lo largo de mi vida. Si ellos quieren seguir haciendo música, siempre tendré un hueco para escucharla. Aunque luego no trascienda. Mónica Franco |

