MERGE Maestros del matiz, bohemios nostálgicos, The Clientele representan a la banda esteta por excelencia. Y no fallan nunca. Grabado las pasadas navidades tras el maravilloso “God Save The Clientele” (2007), “Bonfires On The Heath” implica el regreso de la banda de Hampshire con otro pan de oro bajo el brazo para reafirmar ese talante de banda clásica y bien aseada, siempre humilde y elegante. Como declaraban recientemente, este pretende ser un regreso al sonido más afectado de sus primeros trabajos. Y lo es, aunque tampoco deja de ser una celebración del músculo mostrado en sus últimas entregas. En conjunto, “Bonfires On The Heath” acrisola todas sus aptitudes estilÃsticas y viene a sintetizar el súmmum del sonido Clientele. En ese sentido, puede que no sea su mejor colección de canciones –¿o también?–, pero casi seguro que es su disco más importante. Con él se escapan de referencias más (The Beatles, Felt) o menos confesas (The Go-Betweens, Burt Bacharach) para regalarnos una delicatessen en voz baja donde se degustan slides, arpegios y trémolos a la hora del té. Su pop de salón se balancea al ritmo de unas melodÃas tan gráciles que parecen levitar a un palmo del suelo y los tonos sepia que le visten se iluminan con el resplandor de unos arreglos perfectos. La incorporación al grupo de la pianista Mel Draisey (a cargo también de coros y violines), resulta determinante en la visión panorámica del álbum. Es uno de los puntos fuertes de este cuarto largo de estudio. Por otro lado, llama la atención una potente sección de vientos que tiñe con aires exóticos, hispanos y funkys sus melancólicas baladas británicas, a veces brillantes por fuera y siempre oscuras por dentro. Además de la decidida e indescifrable “Sketch” (una especie de ensayo de spoken word en el que se recitan a modo de escritura automática conceptos como “cuberterÃa”, “taxonomÃa” o “diorama”), el grupo se entrega libérrimo como nunca a las guitarras excitadas de “I Wonder Who We Are”, a la salida flamenca de “I Know I’ll See Your Face” y a las trompetas mariachis de la burbujeante “Share The Night”, un tema que retoman del EP anterior, “That Night A Forest Grew”. Lo mejor no se queda ahà porque, aunque aquà no haya nada tan cinético como “Bookshop Casanova” que llevarse a la boca, todas las canciones son fabulosas. Todas lucen con clase un pop ilustrado que nos habla de calendarios borrosos y soñadores sin brújula de esos que se pierden por las avenidas. Las templadas armonÃas de Alasdair MacLean junto a Draisey elevan su habitual vocabulario de literatura comparada. Donde ayer habÃa homenajes a T.S. Eliot, ahora descansan citas explÃcitas a Verlaine o velados guiños a Borges. Y en la portada, esa “Flora” irreal de Arcimboldo que parece haberse puesto de acuerdo con la del nuevo single de otros fanáticos de la estética: unos Wild Swans que recién regresan del pasado. Sin embargo, lo mejor es que todo ese cúmulo retórico nunca resulta pedante. La música de The Clientele funcionará de manera doblemente eficaz si atendemos a dichas alusiones, dardos lanzados al intelecto del oyente, pero también echará a andar sin problemas, aunque no los tengamos en cuenta. En el extremo más lánguido del álbum, la poderosa poética de MacLean imprime un timbre más lÃrico que nunca a las ya de por sà relajadas composiciones. Embruja como ninguno el narcótico medio tiempo que es “Harvest Time”, basada en un drone de sitar para relatar un mal viaje de ácido de MacLean (!). Las visiones mÃsticas de “Never Saw Them Before” y las presencias que acechan al protagonista de la tenue “Never Anyone But You” dibujan un registro casi fantasmal, como de naturaleza siniestra, que acecha entre las sombras con alegorÃas metafÃsicas y existenciales. Skip James y Howlin' Wolf fueron las aspiraciones declaradas para componer “Bonfires On The Heath”, que bautiza el tÃtulo del disco tomando su imagen de una escena de “El EspÃritu De La Colmena” (VÃctor Erice, 1973). También hay dos versiones, una ajena y otra propia: “Tonight” es una apropiación de la banda sueca a seguir Evergreen Days, y “Graven Wood” una versión remozada de un tema escrito en los noventa por Innes Phillips, miembro del grupo allá por los tiempos de “Suburban Light” (2001). Con ella cierran un cÃrculo que se completa en el último tema, “Walking In The Park”, cuando MacLean se despide cantando “no sé que más puedo decir”. Y, mientras crecen los rumores que apuntan a que este ha sido el último disco de The Clientele, llueve en Londres. Cristian RodrÃguez |
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