Little Boots estará actuando esta noche en el Sónar a las 00:00 en el Sónar Pub, para más info, pincha aquà 679 RECORDINGS / WARNER Presentar a Little Boots a estas alturas resulta, cuanto menos, innecesario. Convertida por méritos propios en la mayor promesa británica del pop electrónico –después de los flamantes covers que ha grabado durante los últimos meses del “To The End” de Blur, del “Time to Pretend” de MGMT e, incluso, del himno eurodance atemporal de Haddaway, “What Is Love”–, el primer largo de la antigua vocalista de Dead Disco, “Hands”, por fin se materializa en el mercado convirtiéndola en una apuesta segura del mainstream de alto standing. Muchos, ante tanta parafernalia mercadotécnica, acabaran aborreciéndola y proclamarán a los cuatro vientos que la jovencita no es para tanto, pero teniendo en cuenta que las divas del universo pop matarÃan por facturar un álbum de este calibre no nos extraña en absoluto que Victoria Hesketh reciba los elogios que la prensa especializada de medio mundo le ha concebido. Si a esto le sumamos que la joven ejerce de Juan Palomo y que a base de stylophones ha popularizado –sin contar con su dominio de ese juguetito por el que todos suspiramos, el tenori-on– una muy particular visión de un género que tira de clichés anodinos, hay que reconocer que Little Boots supera con creces las expectativas puestas en ella a pesar de conocer de antemano buena parte del material que compone su debut desde hace ya unos meses. Con “New In Town” como punto de partida del todo adictivo –se nota la producción de Greg Kurtsin, el hombre que se esconde detrás de algunos de los mayores éxitos de Lily Allen o Ladyhawke–, “Earthquake” supone el primer futurible himno gáyer de herencia noventas con el que Little Boots deja bien clara sus intenciones de acercarse a las masas sin perder un ápice del carácter genuino con el que nos ha ido deleitando a cuentagotas desde que los blogs de medio mundo –y la propia BBC, sin ir más lejos– la catapultaran como el mayor nombre a tener en cuenta en este 2009 en el que los sintetizadores retro han vuelto a copar el protagonismo que se merecÃan. “Stuck On Repeat” –coproducida por Joe Goddard, de Hot Chip– supone el “Can’t Get You Out Of My Head” (Kylie) con sÃndrome de Estocolmo de nuestros dÃas. Con un clÃmax que inevitablemente pone los pelos de punta, incluso después de haberla oÃdo cientos de veces, y pese a su deficiente progresión melódica y las, para algunos, reminiscencias del “I Feel Love” de Donna Summer, su mejor tema resume a la perfección la efectividad que cualquier tema pop ansÃa a gritos. Después de ese corte que las propias Girls Aloud podrÃan entonar, “Click” –que poco tiene que ver con la imaginerÃa erótico-festiva de Milo Manara–, llega “Remedy”, la mayor sorpresa del álbum y un futurible rompepistas gracias a Red One –culpable de los dos primeros singles de Lady Gaga y los entrañables A Teens–, que vuelve a hacernos devotos del chicle-pop tarareable: es un tema que podrÃa haber firmado antaño el mismÃsimo Giorgio Moroder –la herencia italodisco de “Hands” es indiscutible, incluso en su portada, a pesar de que algunos erróneos avispados verÃan en ella un homenaje a los diseños de Pink Floyd– si se hubiera presentado en pleno siglo XXI al casposo certamen de Eurovisión. Kylie Minogue, en un arrebato de furia divina, debe estar preguntándose por qué dejó a Calvin Harris a los mandos de su último largo. Razón no le falta. Esa reinterpretación del R&B de factura galáctica que supone “Meddle” y la producción de Jas Shaw (la mitad de Simian Mobile Disco) en “Ghosts” da paso a una vieja conocida por todos, “Mathematics”, electropop de corte ochentero en estado puro que, gracias a la melódica voz de Victoria Hesketh, supone una de las mayores bazas del álbum junto a la synth-popera “Symmetry” a dúo con su adorado Phil Oakey, de The Human League. Pudiendo formar parte de un descarte del “X” (Parlophone, 2007) de la Minogue, “Tune Into My Heart” se presenta como la tÃpica canción ñoña de temática amorosa que no puede faltar en cualquier disco pop que se precie. El álbum concluye con “Hearts Collide” y “No Brakes” que, ciertamente, no suponen ningún logro especial para nuestra heroÃna. De este álbum correrán rÃos de tinta pese a quien le pese. Quien avisa no es traidor. Obviamente, no supone la panacea del pop ni el trabajo más sorprendente y arriesgado del género (las cosas como son), pero en un momento en el que la Ciccone debe recurrir a giras de saldo, nuestra australiana menudita no levanta cabeza después de aquel ejercicio de minimalismo que supuso “Slow” (a excepción de “Like A Drug”), Britney Spears con sus lorzas tira del playback para contentar a sus talibanes, Annie se duerme en los laureles y Lady Gaga debe recurrir a los estilismos imposibles para acrecentar su mediocre repertorio, Little Boots puede convertirse –si no lo es ya– en un referente mundial del pop en mayúsculas con pretensiones hedonistas apto para todos los públicos. El efecto sorpresa de su aparición ha pasado a mejor vida, pero en todo caso ha marcado con honestidad y sin necesidad de recurrir a absurdas polémicas y rifirrafes las directrices que la factorÃa pop debe tomar urgentemente en estos precisos momentos. Teniendo en cuenta que La Roux es la única artista que puede hacerle sombra en cuestión de dÃas –si estiramos el calendario hasta principios de julio podrÃamos añadir a Florence + The Machine y su inminente “Lungs”–, la batalla de felinas se presenta excitante, aunque no hay que ser un visionario para pronosticar que tenemos Little Boots para rato. Y nosotros que nos alegramos. Sergio del Amo |
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