DEF JAM A lo tonto, ya ha pasado una década desde “Blackout!”, el disco que Method Man y Redman parieron al alimón y que sirvió, entre otras cosas, para que la pareja visitara Europa y empezara a forjar una sólida legión de fans al otro lado del charco. Aquel álbum no era nada del otro jueves, para qué engañarnos, pero cobró mayor relevancia de la esperada, sobre todo a ojos de los headz, porque apareció en un momento en que la carrera de ambos MCs atravesaba un momento de bajón creativo importante. Method Man habÃa publicado, un año antes, el decepcionante “Tical 2000: Judgment Day”, y Redman habÃa hecho lo propio, casi de forma simultánea, con “Doc’s Da Name 2000”, dos obras confusas, muy marcadas por el virus premilenario y la moda de los beats electrónicos, que no hacÃan justicia a dos rimadores talentosos, sobre todo el miembro de Wu-Tang Clan, siempre asociados a un sonido cien por cien neoyorquino y caracterizados por su especial sentido del humor. Como mÃnimo, “Blackout!” presentaba mejor cara que sus respectivos discos precedentes, y, en especial, retomaba el pulso más fumeta, canalla y cachondo de sus discursos. Era un pasatiempo, una anécdota juguetona, un capricho consentido, una excusa como otra para pasar un tiempo juntos y salir por ahà a fumarse canutos del tamaño de una corneta y llevarse unas cuantas groupies al catre. Lo normal, vamos. En esta década larga que ha transcurrido desde ese debut compartido hasta hoy las carreras de los dos artistas no han experimentado mejoras notables, la verdad sea dicha. Method Man ha potenciado su faceta como actor y ha descuidado de manera deliberada la música, centrada en sus puntuales apariciones en las reuniones de Wu-Tang y en el lanzamiento de varios álbumes más de los que no se acuerda ni el tato. Redman también ha hecho sus pinitos como actor, pero ha preferido concentrarse en mantener cierto prestigio dentro de su currÃculo como rapper, pero sin armar mucho ruido. “Red Gone Wild: Thee Album”, última señal de vida hasta la fecha, subÃa el listón, contenÃa varios hits y unos cuantos pepinos y ejercÃa de particular vÃa redentora por parte de un autor que de tan poco en serio que se ha tomado a sà mismo ha acabado cayendo en la autoparodia y en la bufonada crónica, casi por decreto. No era redondo, pero en su contenido se atisbaba solución al problema. Ahora ya podemos palparla y catarla: la pareja de bastardos ha vuelto. Con estos antecedentes, imaginen la cara de sorpresa cuando uno pincha “Blackout! 2” y los cuatro primeros temas del disco se reivindican como los mejores minutos que han grabado estos dos pollos, juntos y por separado, en más de una década. De largo, además. Erección. Euforia. Reencuentro sonado. Cuando echas un vistazo al elenco de productores lo entiendes todo, claro. Mathematics, Havoc, Pete Rock y Erick Sermon van a cuchillo, con cuatro beats impepinables, puro East Coast, tripazo a los 90, que entran más fino que una Coca-Cola gratis. Es la toma de conciencia soñada por muchos de nosotros, esa escena hipotética en la que te encuentras a Method Man un dÃa por la calle y le dices, de buen rollo, pero con mala follá: “oye, Meth, ¿cuándo grabarás un disco de verdad? ¿Cuándo dejarás de llamar a productores tiñosos y nos darás una selección de beats con cara y ojos? ¿Cuándo volverás al hip hop de verdad, socio?”. Aquà se hace realidad esa fantasÃa, sin riesgo de que el neoyorquino se lo tome a mal y te dé un guantazo de los que dejan marca durante semanas. Y es que más adelante, y tras un par de temas más orientados a la radio, reencontramos el mejor pulso con Buckwild, DJ Scratch, el propio Sermon o Bink!, nombres a los que uno puede confiar cualquier recuperación artÃstica y que son poco sospechosos de vender mierda a sus clientes. La fórmula funciona, los dos MCs se sienten cómodos y atacan con ganas una colección de rimas que, gracias al potente respaldo musical, ganan fuerza y pegada. Es este un magnÃfico retorno a la primera lÃnea de fuego del género con un disco que, cuando menos, les permitirá recuperar credibilidad a ojos de quienes ya les habÃan dado por muertos. David Broc |
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