TABLE OF THE ELEMENTS Con la excusa de que cumple quince años de actividad, el sello neoyorquino Table of the Elements lleva unos meses publicando una serie de discos en los que da rienda suelta a una de sus mayores obsesiones: los experimentos con guitarras (las otras obsesiones son los minimalismos rockeros y la protoelectrónica). La idea es que cada artista dispone de una cara de un vinilo de doce pulgadas, que puede ser transparente o de colorines (la que me ha tocado a mà es de un naranja sucio la mar de aparente), y que en la otra cara viene decorado con un grabado del ilustrador Savage Pencil, ese señor que dibuja tiras con moscas, bichos raros y músicos más raros aún en The Wire. Aparte del rollo esnob que se traen los vinilos como objetos en sà mismos, hay que reconocer que la selección de artistas está realizada con un criterio excelente: por esos surcos ya ha pasado gente como Belong, Stephen O'Malley, Oren Ambarchi o Collection of Colonies of Bees, y ahora le toca el turno a Christian Fennesz. Pionero en esto de mezclar guitarras y ordenadores portátiles para recrear mares de sonido, este austriaco es, como decÃa nuestro compañero Javier Blánquez hace unas semanas, un tipo "que hace sobrecogedora la música de raÃz experimental". Javier escribÃa esto a raÃz de la publicación de "Black Sea", su último (y excelente) disco, y aquà lo recordamos porque la pieza que incluye "June" pertenece a las mismas sesiones de grabación. Y se nota porque, como sucede en gran parte de aquel disco, aquà la música parece crecer desde el fondo de una nube, un borrón de sonido que poco a poco va ganando en nitidez, mientras las lÃneas de guitarra se perfilan, los armónicos se van haciendo audibles y una cierta estructura toma forma. Es sólo una ilusión, porque poco después vuelven a aparecer los drones y los ronroneos metálicos, un rugido electrónico que se levanta, que devora todo lo demás para al final disolverse en un suspiro, dejando que las guitarras desnudas despidan el tema, mientras el oyente se atreve, por fin, a respirar. Oscura, delicada, estremecedora, ante una pieza como "June" sólo es posible dejar de lado las alabanzas para protestar por su escasa duración. Por eso, aquellos que no conozcan todavÃa a Fennesz harán mejor dirigiendo sus pasos a "Black Sea" o a alguno de sus discos anteriores, casi siempre sobresalientes: "June" es para los que ya han pasado por ese peaje y todavÃa quieren más. Vidal Romero |
