7,1
Primer encuentro con Gang Gang Dance: un desencuentro. Han perdido el avión que les iba a llevar hasta Valencia para participar en el Tanned Tin 2006. Su excusa es que "no habían contado con el horrible tráfico de Nueva York". Se quedaron en una retención descomunal camino al aeropuerto. Ellos no podían imaginar, concebir, que habría tantos coches en la interestatal, hostia puta. Por cierto, son de Brooklyn. Segundo encuentro: Primavera Sound 07. Antes de su actuación tengo ya en mis manos su cachet, y quiero apoquinar lo antes posible. Son casi las dos de la mañana y espero disfrutar del concierto sin tener que palparme el bolsillo de la chaqueta cada treinta segundos. Ellos responden: "no, Jesús, primero deseamos demostrarte que merecemos el dinero, por todo lo que sucedió en el pasado. No nos pagues hasta que no seas feliz". Eso me enerva mucho más, por encomiables que sean sus intenciones. El show me pareció un entretenido disparate. Teatral, teatrero, tribal, hippie, febril, fervoroso… un sainete experimental que me dejó con ganas de darles la razón. Tercer encuentro: este disco. ¿Qué coño es esto? Gang Gang Dance recuerdan a ellos mismos, pero eso es como decir que Hitler "era así" para justificar sus enésima invasión. "Es que yo soy así", dice el típico primo achispado que no es capaz de callarse en una boda antes de rodar por el suelo de mármol falso. Y Gang Gang Dance suena a grupo que no es capaz de callarse, ni de pedir excusas. "Saint Dymphna" es el clásico álbum de una banda que se siente en el punto más álgido de su carrera, disfrutando de su orfebrería post-punk, de la neo-nueva ola, de su espíritu experimental, del fantasma de la pópera. Por lo que habéis leído hasta ahora pensaréis que les tengo ojeriza. Nada más lejos de la realidad, ojalá me entusiasmaran. Tienen todos los ingredientes para ello. Lo que sucede es que esta mezcla de vanguardia y guateque terrenal me hace más tolón que tilín. Y no puedo evitar pensar en una Thermomix que se rompe en mitad de una salsa, con todos los comensales esperando un milagro, doblando servilletas y haciendo tiempo.
Jesús Llorente
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Caminomiércoles 22 de octubre de 2008
El mejor periodista musical de este país no es exactamente un periodista ni excesivamente musical. Pero si no lo digo no me quedo tranquilo, Llorente es la única persona que yo haya leído que sabe contar las cosas así. Y, sí, este disco (al contrario de lo que dicen por ahí) tiene más grumos que otra cosa.
crisisjueves 30 de octubre de 2008
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