DISKO B Hace poco, el bueno de Patrick Pulsinger asomaba el hocico en los créditos de producción del magnÃfico debut de Elektro Guzzi, el asombroso trÃo austriaco capaz de tocar miminal techno en tiempo real y con instrumentos acústicos. Aquello ya era un aviso serio. “Impassive Skies” es el advenimiento, la llegada del premio gordo, el “ahora sÔ. Como si fuera el Pulpo Paul en una práctica de Pilates, el techno-master de Wissenfels ha estirado un poco más sus tentáculos en una última contorsión electrónica que le vuelve a colocar entre la flor y nata del selecto equipo de “productores veteranos que han sabido mantenerse en el filo de la navaja a pesar de la pujanza de las nuevas generaciones”; diecisiete años tensando los resortes del techno sin dejar de estar nunca lejos del máximo nivel es un currÃculum del que puede presumir muy poca gente: estamos hablando de un superviviente sobrado en elegancia. Con “Impassive Skies”, Pulsinger revitaliza su libro de estilo volviendo a los dÃas de The Private Lightning Six, aquella banda con inclinación hacia el techno-jazz en la que ya se daba la combinación que ahora vuelve a aflorar: instrumentos orgánicos y texturas de electrónica de baile divididas en múltiples disfraces y tocados con tanta inteligencia como artesanÃa artificial. Digo artesanÃa porque las cajas de ritmos y los teclados no han sido secuenciados por ordenador: se han tocado a mano y se han encajado en el flow instrumental sin pensarlo demasiado, por la vÃa directa, como hacen los músicos de verdad. La historia tiene gracia: Pulsinger consigue despojar a sus producciones de la frialdad matemática del software y le añade a la sopa un calorcito –o sea, una sensación de directo– que resulta de lo más placentero para el oÃdo. Partiendo de esta premisa, PP exhibe una impecable muestra de versatilidad electrónica: con el techno como credo fundamental, el fundador de Cheap Records se permite experimentaciones lisérgicas de ambient gótico y electrificado acompañado de las guitarras morfinómanas de Christian Fennesz (“Impassive Skies”) a la vez que brinda su especial homenaje al minimal en compañÃa de los instrumentos de Elektro Guzzi. En otras palabras, convierte el género en una inquietante banda sonora para una pelÃcula de espÃas y robots malvados. Como es normal, cuando hay que ponerse pistero el amigo también trabaja con exquisita profesionalidad y se calza las botas de lentejuelas en “Rise And Fall” –momentazo techno acid pop para after hours, con la voz de G. Rizo– y dispara borbotones de future disco sin piedad contra el careto del personal ayudándose de la leyenda neoyorquina Abe Duque y de un vocoder monstruoso que harÃa llorar hasta a un bebé sordo. Como ha quedado claro, las colaboraciones son otro ingrediente de peso en “Impassive Skies”. Donde otros se habrÃan limitado a cumplir la papeleta con el invitado de turno, Pulsinger consigue sacar lo máximo de cada apoyo. Los vientos de Franz Hautzinger, por ejemplo, resultan absolutamente necesarios en cortes como “Grey Gardens”, una suerte de marisma Detroit con arrebatos de bossa jazz emo cortesÃa de este trompetista marciano. Los mejores momentos mano a mano son para un servidor los protagonizados con Fennesz. Si en la mencionada “Impassive Skies” los dos apuestan por el ambient, en “Future Back” le dan más nervio al asunto para facturar un sonido a medio camino entre el techno de Detroit, el nu-jazz y la hipnosis fiestera berlinesa. Seguramente, el flanco más débil en lo que a featurings se refiere lo encontramos en la combinación con Teresa Rotschopf, la chica de Bunny Lake. No es que la garza no tenga voz sensual, Dios me libre, pero “A to Z” es una colaboración previsible y machacona: ese sonido new wave kraftwerkiano obliga a cambiar de canción (y mal que me sabe). Es la única mácula, de todos modos, en otra lección de elegancia en el estudio, un triunfo más para un productor de largo recorrido al que no se le agota la inspiración ni la curiosidad. ¿Patrick Pulsinger? A partir de ahora le voy a llamar Patrick Pulitzer. Óscar Broc |
