FAT POSSUM / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS Con la gota gorda cayĂ©ndonos por la frente, resulta casi inevitable jugar a comparar dos de los discos del verano: este nuevo trabajo de Wavves y el inminente debut de Best Coast. Comparten varias cosas: nomenclatura costera, portada colorista con gaticos (el de Wavves araña más) y una fĂ©rrea adscripciĂłn al estilo indie del momento: el ya bautizado “beach punk”. Con permiso del refulgente disco de ceo –algo asĂ como el orgasmo hermafrodita del estĂo–, Nathan Williams y Bethany Cosentino se coronan como el prĂncipe y la princesa del verano. Y si el de ella, como decimos, aĂşn está al caer, el de Ă©l ya está aquĂ y ha llegado para quedarse. Adelantada su ediciĂłn por filtrarse antes de tiempo, la nueva fecha del lanzamiento digital de “King Of the Beach” no podĂa haber encontrado mejor ubicaciĂłn en el calendario: se estrenaba el pasado 1 de julio coincidiendo con el primer chapuzĂłn del año de multitud de veraneantes. Revoltoso como una gaseosa y refrescante como la brisa marina, “King Of the Beach” le sienta de perlas a la discografĂa de Williams, hasta ahora oxidada en exceso. Pero, sobre todo, le viene que ni pintado a una Fat Possum dispuesta como hiciera Anti- la temporada pasada a rejuvenecer su catálogo de viejas glorias (veánse las recientes entregas de Crocodiles, Black Keys, Smith Westerns o lo prĂłximo de The Walkmen). Nathan es el niño más malo de todos ellos, la oveja negra del sello. Si el año pasado se granjeĂł enemigos, odios y caras torcidas allá por donde pasĂł, ahora la tortilla se da la vuelta gracias a unas canciones que barren con todo. Los malolientes titulares que en 2009 parecĂan importar más que su calibre artĂstico han dado paso a la reflexiĂłn y el trabajo. Williams se ha pensado mejor las cosas, ha embragado, ha echado el freno del fuzz y se ha sacado de la chistera doce temas como doce soles. “So Bored” y “No Hope Kids” suenan hoy como meros esbozos de lo que son “Post Acid”, “Mickey Mouse” o “Green Eyes”, tres ejemplos enormes rescatados al vuelo que ilustran cĂłmo escribe el chaval ahora: sin dejar nada al vuelo, repasando la caligrafĂa de arriba a abajo, en condiciones. Son muchas las canciones de este álbum que sabrán a recompensa a quienes supieron ver en su debut algo más que ruido. Pero son más las que deberĂan acabar enamorando por igual a los que antes no le soportaban. Porque, a pesar de las letras, estas son canciones para hacer amigos. “Miseria, tĂş me consolarás. Contigo me lo paso bien” (“Post Acid”); “TodavĂa odio la mĂşsica, es toda igual. Me odio a mĂ mismo tĂo, pero, Âża quiĂ©n culpar? Supongo que simplemente estoy jodido” (“Take On The World”). “No soy lo suficientemente hombre. Mis colegas me odian” (“Green Eyes”). SĂ, su vida sigue siendo la mierda de siempre, pero habiendo escrito el mejor disco punk-pop de la temporada hay más motivos para sonreĂr. Sus Ănfulas de perdedor incorregible, rebotan ahora en un colchĂłn artĂstico mucho más mullido. “King Of The Beach” está mejor escrito, mejor ejecutado, mejor producido y mejor arreglado, ejecutando exactamente la misma maniobra que llevĂł a Ariel Pink a salir de su habitaciĂłn y entregarse al estudio de la mano de un productor. En este caso, Williams –muy listo Ă©l– ha reclutado a la secciĂłn rĂtmica del fallecido Jay Reatard y se ha hecho con los servicios del productor Dennis Herring (Modest Mouse, Camper Van Beethoven, Throwing Muses), santo y seña decisivo del sonido final. Tomando el testigo del autor de “Blood Visions” que nadie parecĂa recoger, Wavves se sitĂşan pues como la banda de punk-pop más adelantada del momento –con permiso de mis favoritos Love Is All–. Una banda arrastrada, caliente, obscena y sangrienta como lo era la de Reatard. SĂłlo cabe rezar para que no se le vuelva a ir la pinza y se vuelva a despistar. Por ahora parece que no será asĂ: Williams ha confirmado la inminente ediciĂłn de un álbum a cuatro manos con Zach Hill (Hella) que ya tienen grabado. Se ha hablado de punzantes influencias a la hora de definir el angst que recorre el álbum. Se ha hablado de Minor Threat, Descendents o Green Day, y es verdad. Pero lo verdaderamente jugoso de “King Of The Beach” radica en cĂłmo ese espĂritu se mezcla con uno de sus opuestos: el de la candidez de los girl groups de los sesenta. La exquisita “When Will You Come” mirándose en el retrovisor del “Be My Baby” de Ronettes o el encaje perfecto del sample de las Crystals en el tejido de “Mickey Mouse” hacen que el contraste y el choque de pareceres irradie una luz cegadora. Menos sorprendente es constatar una huella Pixies que ya conocĂamos –desde “Weed Demon” en concreto–, pero se agradece por igual que con “Idiot” hayan escrito el nuevo “Cumpleaños Total” que muchos necesitábamos para olvidar de una vez a los Ăşltimos Planetas. Para terminar, “Convertable Balloon” y “Baby Say Goodbye” (dos canciones radicalmente diferentes al resto del tracklist que saben a ÂżOf Montreal?) evidencian, por si no habĂa quedado clara, la capacidad regeneradora de un artista que no puede ni quiere esconder nada. Un renacido Nathan Williams que retoza en la orilla del mar en pelota picada, saltándose la hora de la digestiĂłn y quemándose la piel. Fenomenal. Cristian RodrĂguez |
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