ALPHABASICS Chispazos digitales y brumas románticas. Sesos artificiales en estado de melancolÃa. Tracy Chapman y Carl Sagan en el mismo baño de burbujas. La épica es un elemento que cada vez está ganando más terreno en la República post-Dilla. Benn Jordan no tiene suficiente con dibujar sonatas de hip-folk e IDM al gusto de las nuevas generaciones de oyentes: el tipo además quiere tocar fibra, quiere hurgar en nuestros sentimientos cual bastoncillo en busca de cerumen. Y lo cierto es que tiene una fórmula muy eficaz para conseguirlo. Más de diez años en el tablero de juego son un garante de experiencia en el estudio; experiencia que se traduce en construcciones instrumentales perfectamente cinceladas, partituras de fantasÃa de billar sin manchurrones de amateurismo, producciones con una riqueza en el detalle que en muchas ocasiones desbordan al oyente. Ha sido una constante en su discografÃa, especialmente en sus trabajos más recientes bajo el moniker The Flashbulb –quede el soberbio “Soundtrack To A Vacant Life” (2008) como ejemplo de su virtuosismo y querencia por los rompecabezas rÃtmicos en la sala de máquinas–. Pero claro, la técnica no lo es todo. Puede que conozcas al dedillo el gramaje exacto de los ingredientes de un risotto, pero si no le añades a la receta un cacho de tu alma los comensales engullirán el plato con la misma emoción con que se zampan una bolsa de M&M’s. Emoción. Ahà está la clave. La música de Jordan es pura emoción y “Arboreal” es romanticismo futurista; una banda sonora crepuscular que aplica electrodos de nostalgia al córtex de un cerebro cibernético. Deconstrucciones rÃtmicas con sombras autechrianas y cuerdas que ponen los pelos como escarpias –por ejemplo, “Undiscovered Colors”–; drum’n’bass cultivado en Sheffield y fumado al ritmo de sintetizadores emo –ahà está “Meadow Crush”–; jazz experimental e indietrónica para adictos al Percocet –“We, The Dispelled”–; psicodelia instrumental importada de Dillalandia –“Draggin Afloat”–; post rock puro y duro –atención al doblete formado por “Springtime Distance” y “Dreaming Renewal”–; trip hop congelado en nitrógeno lÃquido –“Burning The Black And White”–… Con ingredientes de sobra conocidos en su botiquÃn y puntos de conexión con otros artesanos del folk-pop futurista como Bibio o Baths, The Flashbulb insufla vida a un apolÃneo Frankenstein, sin toscos zurcidos en el parietal ni tornillos oxidados surgiendo del cuello. Es un monstruo suave y peludo que quieres acariciar y despierta gran ternura. Porque lo que importa en “Arboreal” es la paisajÃstica. El objetivo es conmover: asà se explican los sombrÃos pianos y los sintetizadores épicos de “Once Weekly” o las melodÃas lejanas de “Telescopic Memorial”. Sólo en momentos de terror puntuales, el engendro adquiere rictus amenazante. Hablo de la alucinante “A Raw Understanding” –un puñetazo del que estarÃan orgullosos Lorn, Mono/Poly y otros destripadores del hip hop gótico– o de las amenazadoras capas de sonido de “The Trees In Russia”. Pero ahà se quedan las canciones que vienen con tirita y desinfectante. La búsqueda de la emoción y la belleza es tan acentuada que, algunas veces, en su afán por encontrar melodÃas epidérmicas hasta debajo de la alfombra, Jordan se aparta peligrosamente del frÃo acero electrónico y se introduce en afectadÃsimos berenjenales folkies para barbudos con liendres. Las guitarras acústicas de “The Great Pumpkin Tales”, los exagerados violines de “Tomorrow Untrodden” –extremadamente cursi– y los amanerados susurros vocales de “Lines Between Us” empañan ligeramente un tracklist con grandes momentos que se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir. Óscar Broc |
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