MOSHI MOSHI Antes incluso de que la misteriosa Iamamiwhoami se apoderara de internet –a ver si de una vez por todas Jonna Lee se decide a dar la cara–, ya existÃa la incógnita por saber quiénes se escondÃan realmente detrás de Silver Columns, una especulación a pequeña escala que nos dejó hipótesis de lo más rocambolescas. Parte de culpa la tuvieron canciones como “Cavalier” y, sobre todo, ese torbellino disco –y de ritmo algo resacoso– titulado “Brown Beaten”. ¿Era que Jimmy Sommerville habÃa reformado Bronski Beat y nadie se habÃa percatado? O mejor aún: ¿estaban Erasure confeccionando su comeback definitivo aprovechando el revival de aromas ochenteros en los que nos hemos visto inmersos en los últimos años? Ni una cosa ni la otra. El misterioso dúo habÃa despachado un remix del “It Don’t Move Me” de Peter Bjorn and John y con él se habÃa infiltrado en el tracklist del recopilatorio que, cada año, a modo de coolhunter de plástico, nos obliga a marcar con un rotulador fosforescente muchas de las bandas que darán que hablar en los próximos meses: el “Kitsuné Maison” de turno. Silver Columns se empeñaban por aquel entonces en no soltar prenda acerca de su identidad y los parecidos razonables seguÃan siendo la base de toda especulación. La primera vez que escuché “Brow Beaten” se me antojó como si Hot Chip hubieran descubierto el Hi-Nrg y nos escupieran en la cara las grandezas de Patrick Cowley –hay que tener en cuenta que Joe Goddard revistió el tema, acrecentando asà las perversas semejanzas–, y lo hizo entonando el falsete amanerado de Sylvester o del antes citado Sommerville. Pero, de golpe y porrazo, se hizo la luz sobre su verdadera identidad. Silver Columns son Adem Ilhan y Johnny Lynch. El primero fue bajista de aquella banda art-rock llamada Fridge, en la que militaba Four Tet. En cuanto a Lynch, ejerció de cantante folkie bajo el nombre de Pictish Trail –sin dejar de vista los coqueteos electrónicos– y es uno de los hombres en la sombra que corta la pana en Fence Records, coordinadores del Homegame Festival en el que, curiosamente, Silver Columns debutaron en directo. Resuelta esta duda existencial, llega por fin “Yes, And Dance”, un primer álbum marcial, obsesionado con todas las posibilidades del pop electrónico, sin grandes pretensiones, vigorizante y disfrutable de principio a fin. Ningún tema ralentiza el ritmo del álbum. La delicada vena folk de Lynch puede encontrarse en “Warm Welcome” –a pesar de lo pastoral, el tema desemboca, a partir del minuto 2:30, en algo asà como un homenaje al “Out Of Control” de The Chemical Brothers–, y esa calma nos demuestra que también saben ser introspectivos, sobre todo cuando tomando prestados órganos eléctricos de herencia kraftwerkiana en “Heart Murmurs”. Sin embargo, tal como el tÃtulo del LP indica, el objetivo primordial de este asunto es que bailemos, desencajándonos el esqueleto en clubes en los que cohabita la fauna gáyer con ese reducto de nostálgicos que, a regañadientes, se niegan a admitir que los ochentas han pasado a mejor vida. “To Wake You”, nana chiptune de estribillo autotuneado, y “Yes, And Dance” –momentazo en el que el “Flat Beat” de Mr. Oizo se fusiona con Casco y Alter Ego en una orgÃa de 8 bits– son dos claros ejemplos de cómo se las gasta el dúo escocés. “Always On”, descaradamente Hot Chip –aquà sà que las semejanzas cantan más que una almeja– y “Way Out” –un himno para entonar con los brazos en alto, como si no hubiera un mañana, en el que planea la sombra de Underworld–, hacen de este disco, una rara avis del pop sintético, un artefacto para machacarlo en el reproductor durante semanas. Probablemente la propuesta de Silver Columns quede disimulada entre la vorágine de la actualidad y no recoja los frutos que merece, pero al menos la cara de gilipollas embobado que se me quedó al oÃr por primera vez “Yes, And Dance” no me la quita nadie. Sergio del Amo |
