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Culture

Los ganadores del 'Nobel de arquitectura': "Nuestra forma de entender este trabajo es hacer lo que sentimos"

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Tres amigos de la universidad ganan el premio más prestigioso de arquitectura tras 30 años trabajando juntos. Sus obras expresan "un reacercamiento a la naturaleza" y las conciben desde su despacho, RCR, en la localidad rural de Olot, de donde son originales.

Germán Aranda

03 Marzo 2017 11:39

Rafael y Ramon se conocieron en el instituto hace unos 35 años. En la Universidad se hicieron amigos de Carme Pigem, que, como ellos, es natural de Olot.

Es 1987. Los tres acaban la carrera de arquitectura y, a los veintipocos años, cuando algunos montan un grupo de rock, los tres amigos crean un despacho de arquitectura con las siglas de sus tres miembros, RCR.

Fieles a sus orígenes y principios, en un mundo sin móviles ni internet y con unos ordenadores que prácticamente eran los primeros en llegar a España, deciden que el despacho estaría en Olot, una pequeña ciudad de 30.000 habitantes incrustada en el área volcánica de la Garrotxa, cuyos tonos ocres brindan uno de los otoños más bellos del mundo.

En 2017, el pasado miércoles, treinta años después, los tres amigos de la Cataluña rural ganan el Pritzker, conocido popularmente como el Premio Nobel de la arquitectura, en reconocimiento a su carrera.

¿Su mejor obra? "Nuestro trabajo en equipo", dice convencido Rafael Aranda.

"Nuestros espacios tienen que ayudar a las personas a encontrar un refugio, tienen que hacerle sentir y pensar. Son espacios con profundidad que te dan serenidad, otra dimensión sin límites y una relación entre el interior y el exterior que se aproxime a la naturaleza", reflexiona Rafael.

Todo empezó con Casa Margarida (1988-92), primer proyecto del despacho y hogar de la hermana de Ramon.

Luego un proyecto tan valioso que nunca vio la luz, un faro horizontal en Gran Canaria que ganó un concurso del Estado pero se perdió al transferirse las competencias a la comunidad de las Islas Canarias.

 

El museo Soulages, consagrado al artista del mismo nombre en Rodez, Francia, se acomoda en un parque en pendiente con su forma almendrada y sus tonalidades ocres.


Una pista de atletismo en su Olot natal conviviendo con la naturaleza:

 

La biblioteca Sant Antoni - Joan Oliver (2007), con paredes de vidrio que absorven casi tanta claridad como su patio interior, convive con una de las míticas chimeneas industriales del Eixample de Barcelona.

"Nuestra forma genuina de entender la arquitectura se basa en hacer lo que sentimos y no lo que toca. Con veintipocos años, cuando empezamos, teníamos muchísima energía y fuimos a por todas", expresa Ramón.

Y añade una reflexión sobre el sentido de la arquitectura en tiempos de crisis económica y de recursos naturales: "Estamos en un momento de transición. Pero no sólo en la arquitectura, sino a nivel humano. La arquitectura nos hace reflexionar para conseguir una renaturalización del hombre. El hombre se tiene que reencontrar con la naturaleza y la arquitectura tiene que expresar ese equilibrio, trabajando con elementos naturales como el agua, el viento, los espacios abiertos y cerrados".

Un ejemplo claro de progreso que se aleja de esa relación de armonía con la naturaleza: "La luz eléctrica es un avance, no hay duda. Pero si las ciudades acaban viviendo de noche y la iluminación hace que las noches se parezcan a los días, significa que esa evolución nos aleja de la naturaleza. Arquitectura sólo hay una y va dirigida a la persona".

Arquitectura solo hay una y "no tiene que ser estridente", remata Rafael.

Una declaración más de principios: "Me habría ido a vivir a cualquiera de las obras que hemos creado". 

Los amigos de la universidad del pequeño pueblo español han llegado muy lejos. Pero también se han quedado muy cerca.

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