Cultura

Cómo un puñado de tipos con tutú fundaron la compañía de ballet más divertida que existe

Hablamos con Carlos Renedo, bailarín barcelonés de los Ballets Trockadero de Montecarlo

Carlos Renedo

15 tíos de pelo en pecho bailando con mallas, tutús y maquillaje. No es la despedida de soltero de nadie, sino uno de los espectáculos de ballet que más triunfan en todo el mundo. Los Ballets Trockadero de Montecarlo llevan 43 años danzando por todo el mundo con un objetivo distinto del que se espera de cualquier danza clásica: hacer reír.

Tropezones, escenas cómicas, chistes internacionales y situaciones ridículas son llevados a cabo por los “Trocks” en los escenarios más prestigiosos del globo. Todo ello con una técnica digna de las compañías de ballets más punteras y un talento repartido por igual entre todos sus integrantes.

Pero, ¿quiénes son las personas que están detrás del traje de bailarina?

En el documental Rebels on Pointe, estrenado recientemente en el Docs Barcelona, la directora Bobbi Jo Hart intenta contestar a esta pregunta:

Robert (Bobby) Carter, quien con más de 40 años sigue luchando por ser la primera bailarina.

Carlos Hopuy, un cubano que decidió seguir los pasos de su madre y convertirse en la mejor bailarina de su país.

Raffaela Morra, un italiano que en el documental va a visitar a sus padres conservadores en la ciudad de Fossano.

Chase Jonsey, un bailarín de Florida al que la compañía cambió su vida por completo.

Para añadir más retratos a esta familia que algunos definen como “una ONU”, hemos hablado con Carlos Renedo, un barcelonés que lleva seis años bailando, actuando y divirtiéndose en la que ya se ha convertido en una compañía de culto:

“Llegué a Trockadero casi de repente, sin esperármelo. Después de estudiar en Barcelona y de actuar en diferentes espectáculos musicales en Madrid, me mudé a Nueva York, donde llegué a actuar en la Metropolitan Opera House. Pero abrieron unas audiciones para la compañía de ballet y, tras hacer la prueba, me preguntaron si estaba dispuesto a integrarme al grupo al siguiente día”.

Pese a haber visto actuar a los bailarines de Trockadero en 2004, durante la última visita de la compañía a Barcelona, Renedo nunca imaginaba que podría llegar a participar en ella. Aunque, echando la vista atrás, ahora lo considera como su mayor acierto profesional y personal:

“Gracias a Trockadero he formado una familia. Aquí conocí a mi marido, Chase, con el que llevo ya cinco años. Pero cuando entré ni siquiera imaginaba que iba a estar tanto tiempo siguiendo este ajetreado ritmo de vida”.

Pero si algo se deja claro en Rebels on Pointe es que el sacrificio que hacen los bailarines para mantenerse al máximo es muy duro. "Viajamos muchísimo y a todos los lugares del mundo, tienes que saber que nunca vas a estar en casa para tu cumpleaños, y cualquier roce que tengas, teniendo en cuenta que convives con tus compañeros las 24 horas del día, se convierte en un drama", especifica Renedo.

Este "Gran Hermano gay" es un suplicio que no todos aguantan. Algunos bailarines muy talentosos se marchan a los pocos meses de entrar en la compañía. Otros nunca dan con el tono de sus actuaciones "para que no sean ni demasiado exageradas ni muy simplonas" y otros acaban colapsándose entre tanto esfuerzo.

Todo lo demás queda atrás cuando vives de la danza, pero Trockadero ofrece algo que muchos grupos más tradicionales no tienen: diversión sin límites.

“Aunque algunas compañías ya lo están haciendo, al ballet le hace falta actualizarse, ya que suele resultar aburrido para quien no está familiarizado con el mundillo. Por eso creo que Trockadero es la perfecta introducción para la gente que no está habituada a ver ballet. Para un principiante y para los niños es perfecto”

Trockadero de Montecarlo

Aunque ahora está visto como un espectáculo de entretenimiento completamente familiar y desenfadado, en sus orígenes Trockadero era un show decadente, solo era apto para adultos. Nacido en 1974 después de los Disturbio de Stonewall (una serie de manifestaciones LGBT en protesta contra una redada policial en un pub de ambiente homosexual), los primeros pasos de los Ballets Trockadero de Montecarlo estuvieron marcados por la reivindicación y el empoderamiento.

Por aquel entonces solo eran tres bailarines que se dejaban ver en un loft del off-off-Brodway. Pero, a medida que su fama ha ido creciendo, se han ido profesionalizando y convirtiendo sus pequeños gags de humor en una sátira profesional de los ballets rusos.  

Tras sus esperanzadores primeros pasos en los años 70, durante los 80 se vieron atacados por un poder que se les escapaba de las manos: el sida. La enfermedad, que embistió con fuerza a la comunidad homosexual durante esta década, casi provoca el final definitivo de la compañía. Sin embargo, en los 90 resurgieron de sus ce  nizas con más fuerza que nunca.

“Hoy en día, el espectáculo no es un show gay ni intenta llevar ningún tema del mundo LGTB al público. Simplemente, hacemos draq shakesperiano sobre hombres vestidos de mujer”, remarca Renedo.

Carlos Renedo

Lo que antes servía para reivindicar un colectivo, se ha acabado normalizando en prácticamente todo el planeta. Sin ir más lejos, en Japón, por sus similitudes con el kabuki, las funciones se convierten en un éxito de masas:

“Al terminar el espectáculo, los japoneses vienen al escenario con flores, regalos, camisetas… te quieren llevara al Tokio Disney, invitar a sus casas… nuestra acogida allí es espectacular”.

Incluso en Rusia, la meca del ballet por excelencia y un rincón muy delicado para los homosexuales, los Trocks son muy bien acogidos. “Bailarinas y compañías de todo el mundo nos alaban. No se sienten como si nos estuviéramos burlando de ellas, sino que entienden que es una parodia y una exageración de su trabajo”, añade el bailarín.

Como la parte técnica del show está conformada casi en exclusiva por mujeres, se vislumbra una clara crítica hacia la tendencia establecida durante años. No obstante, poco rastro queda ya de quienes veían a los Trocks como personas grotescas. Ahora son ídolos reconocidos mundialmente, algo que han conseguido gracias al esfuerzo, al talento y, sobre todo, a una gran dosis de humor que no puedes encontrar en ningún otro ballet.

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