Cultura

Balenciaga hace su propia versión de la icónica bolsa azul de Ikea... a 1.700 euros

"Nos sentimos halagados", dicen desde Ikea

Todo el mundo ha tenido una de ellas en casa. Esas grandes bolsas de color azul eléctrico y con cómodas asas. Has ido a la playa con ellas, has metido toda tu ropa para hacer la colada o las has llevado de un sitio a otro en plena mudanza. Pero nadie te dijo que esa bolsa que ahora mismo tienes arrugada junto a otro montón de bolsas en casa iba a convertirse en un objeto de lujo.

El popular diseñador Demna Gvasalia, al frente de la firma Balenciaga, ha decidido hacer una versión de esa misma bolsa (también llamada ‘frakta’), solo que ha cambiado el polipropileno por piel de verdad. Y, claro, la broma cuesta ahora 1.700 euros y no los 0,50 céntimos que costaba si la comprabas en las cajas de los establecimiento suecos.

Por lo demás: el diseño es bastante lo mismo. Es difícil no asociar la forma, el tamaño o el color a la gigantesca bolsa de Ikea (casi tan famosas como los lápices que la acompañan).

" Nos sentimos profundamente halagados de que la tote bag de Balenciaga se parezca a la icónica bolsa sostenible de 0,99 céntimos de Ikea. Nada como la versatilidad de una gran bolsa azul", ha contestado ahora la multinacional Ikea al Today.

Foto vía Imaxtree/Twitter

No es novedad que Gvasalia, director creativo de la marca desde hace alrededor de un año, haya rescatado este elemento de la cultura popular para hacer su propia versión convirtiéndolo en objeto viral antes siquiera de que haya salido el mercado. De hecho, es una de las señas de identidad del diseñador georgiano.

El año pasado, repitió la jugada: un bolso estampado con rayas de colores idéntico a los que los tailandeses usan para ir al mercado, también conocidas como ‘sampheng bag’. Su precio original: poco más de dos euros. Las bolsas ‘sampheng’ de Gvasalia llegaron a superar los 2.000 euros. La polémica, por supuesto, acaparó titulares.

Nadie tiene muy claro qué pretende exactamente el diseñador con esta reapropiación de la moda popular, lo que parece claro es que genera debate y obliga a repensar o resignificar el lujo en nuestros días. Incluso puede interpretarse como una forma de trolear a la industria. Hay quien ve la bolsa desde una perspectiva crítica al capitalismo o la sociedad del consumo. Sí... es gracioso que ese mismo troleo retroalimente la máquina y cueste más que nuestro sueldo.

El caso es que Gvasalia puede hacer lo que quiera y se permite estas licencias. Con Vetements, su propia marca, puso a la venta imitaciones de la misma. El resultado siempre es el mismo: transgredir y provocar. Pero para quien no es un troll ni un visionario, solo es un tipo riéndose de nosotros.

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