Cultura

¿Tiene sentido un festival de música solo para chicas? Mujeres de la industria cultural dan su opinión

Suecia prepara un festival solo para mujeres en 2018. ¿Sirve como terapia de choque para visibilizar el problema? ¿Es útil para combatir las agresiones sexistas o solo creará una falsa sensación de seguridad? Algunas mujeres de la industria cultural nos dan su visión

Imagen vía GETTY

- Me siento atacado

- Yo, ofendido

- No todos los hombres somos iguales

- Estás generalizando

- ¿Eso no es como meternos a todo en el mismo saco?

Los hombres han hablado: ante la noticia de que Suecia prepara un festival solo para mujeres, algunos han reaccionado a través de las redes sociales. Y lo han hecho mostrando su rechazo ante una propuesta que, dicen, les criminaliza y discrimina por el hecho de ser hombres. También en cualquier tertulia o bar: yo misma he pasado todo el fin de semana intentando explicar este festival —del que no necesariamente hay que estar a favor— a hombres que simplemente empiezan y acaban su argumentación con el clásico ‘Ya, pero no todos somos iguales’.

Está claro que la generalización es un recurso discursivo que no está pensado para interpretarlo de forma literal. Todos somos distintas y todos somos distintos. Pero generalizar, en materia de género, está justificado cuando está demostrado que vivimos en una sociedad con una desigualdad estructural en la que los hombres asesinan de forma sistémica a las mujeres. Ya van más de 871 asesinadas en España desde 2003.

Y también se puede hablar de que los hombres, así, en general, ostentan todo tipo de privilegios (en el mercado laboral, en el espacio público, en los cargos de poder). Por lo tanto generalizar —eso que tanto les asusta— es el único recurso que nos permite enfocar el problema y buscar una solución.

La cuestión sobre si tiene sentido un festival solo para mujeres requiere un análisis mucho más profundo que un Ah, ¿pero es que el feminismo no persigue la igualdad?. Otra muletilla de oro del hombre ofendido. Y lo principal es no que no hay que olvidar el trasfondo de esta polémica. 

"El día que vea un espacio no mixto formado por hombres discutiendo como pueden hacer de una empresa un lugar menos machista, mientras las compañeras toman decisiones editoriales o se van de fiesta a un festival sin hombres… el día que eso ocurra, entonces volvemos hablar si los espacios mixtos son o no necesarios"

Para empezar, este festival solo para mujeres surge de la cancelación de otro. El Festival Brâvallla canceló su edición del 2018 ante la imposibilidad de garantizar un “espacio seguro”. El evento se saldó con 4 denuncias por violación y más de 20 por agresiones sexistas en la edición de este año. A partir de ahí, se empezó a gestar la creación de otro: libre de hombres, solo para mujeres o personas que se identifiquen como tal.

“Ahora mismo el liderazgo, la representación y la participación es cis, masculina y blanca en casi todos los espacios poder. No creo que esta relación de desigualdad cambie hasta que no demos un espacio para que las personas que no han formado parte de estos grupos de poder puedan pensar tranquilamente”, defiende Marta Delatte, directora de investigación en Liquentadalab y activista feminista.  

Para ella está claro: estos espacios son clave para el empoderamiento femenino y no representan una discriminación hacia el otro género. “La cosa no va de dejar de lado a quién ha tenido siempre el foco de atención, la cosa va de poner el foco en los márgenes”, sostiene.

Shaina Machlus, periodista especializada en música, también defiende la creación de este festival. “Como mujer, me encanta la idea de ir a un festival que es solo para mujeres y solo tiene a mujeres tocando música. Significa que puedo relajarme físicamente y tengo la posibilidad de estar menos sujeta a la mirada masculina y a no ser físicamente asaltada”.

“Ahora mismo el liderazgo, la representación y la participación es cis, masculina y blanca en casi todos los espacios poder. No creo que esta relación de desigualdad cambie hasta que no demos un espacio para que las personas que no han formado parte de estos grupos de poder puedan pensar tranquilamente"

Del mismo modo, Shaina advierte que dentro de estos espacios la propia mujer blanca cis tiene que revisar y ser consciente de sus propios privilegios. Del mismo modo que deben hacerlo hombres respecto a las mujeres. “Es importante que estas mujeres también sean capaces de crear un espacio más pequeño de seguridad para mujeres queer o trans”. Y este círculo de protección también es extensible a mujeres musulmanas, gitanas, negras u otros grupos, en definitiva, que enfrentan sus propias discriminaciones más allá de la blanca.

¿Pero es lo mismo un festival solo para mujeres que una asamblea no mixta en la que se discute de temas concretos sobre feminismo, por ejemplo?

Marta Pallarés, periodista musical y miembro de SheSaidSo Barcelona, tiene sus dudas: “Entiendo que los espacios no mixtos convencionales (tertulias, asambleas, jornadas feministas, mesas redondas) son necesarios como forma de empoderamiento, para hacer sentir nuestras voces sin temor a hablar en público, como espacio de reflexión y sin presión de género. Pero en el caso de un festival me genera más conflictos...”.

Delatte, en cambio, rechaza completamente esta idea: “Por supuesto que tiene sentido. Me molesta un poco que solo se nos permitan espacios no mixtos en situaciones de deberes, como en una asamblea. Pero cuando pedimos espacios no mixtos en contextos de ocio predominantemente masculinizados, como por ejemplo en el Gaming Ladies, entonces se nos ponen nerviositos”.

‘Es una terapia de choque, pero no una solución a largo plazo’

Además de eso, queda clara otra cosa: estos espacios no mixtos se contemplan como una medida preventiva para empoderar a colectivos oprimidos en los que la exclusión de un grupo tiene como objetivo fortalecer a otro. Pero es una medida temporal. Nadie espera que la separación de géneros sea la solución universal y eterna a todos nuestros problemas.

“El feminismo persigue la igualdad y está claro que esto es solo un primer paso. Yo también quiero poder ir a un festival con mi pareja hombre, ya que soy heterosexual, o mi hermano, o con mis amigos. No significa que esto tenga que ser así para siempre. Desde mi punto de vista es una buena opción para generar conciencia feminista y generar un modelo de convivencia, pero no como una solución a largo plazo”, opina Pallarés.

Pallarés lo ve como una medida paliativa para “no sentir dolor” [evitar agresiones sexistas], pero asume que así no se “elimina la cultura de la violación, solo se conseguirá que estas personas no accedan al recinto”. Eso sí: “reivindica” la existencia del festival de forma puntual para que la gente hable del tema y se visibilice el problema.

“Me preocupa porque la exclusión genera violencia y eso lo sabemos porque lo hemos vivido en nuestras propias pieles. ¿Debemos excluir a los agresores de los espacios o tenemos que educarlos desde los cimientos? El problema es cómo facilitar el acceso femenino sin que esto parezca el 'esta noche las chicas entran gratis' de cualquier discoteca. Fomentando la seguridad y no los paternalismos"

En esta misma línea, otras mujeres de la industria musical también defienden esta iniciativa más como “terapia de choque” o “llamada de atención” que como forma efectiva de combatir las agresiones sexistas.

“Lo veo como un buen toque de atención, pero mientras sea una dinámica puntual y que, poco a poco, se pueda abrir a otros tipos de públicos”, argumenta la periodista y música Aïda Camprubí.

“Me preocupa porque la exclusión genera violencia y eso lo sabemos porque lo hemos vivido en nuestras propias pieles. ¿Debemos excluir a los agresores de los espacios o tenemos que educarlos desde los cimientos? El problema es cómo facilitar el acceso femenino —o de cualquier sector discriminado— sin que esto parezca el esta noche las chicas entran gratis de cualquier discoteca. Fomentando la seguridad y no los paternalismos. Los privilegiados deben aceptar y aprender a vivir en la diversidad”, explica.

Camprubí es más partidaria de otras propuestas que admiten la presencia de hombres, como el Lady Fest o Booty Riots. También recuerda que existen iniciativas internacionales como la campaña #SafersSpacesAtFestivals y gestos históricos como el ‘girls to the front’ de Kathleen Hanna.

Silvia Valle, del colectivo Mujeres Y Música, también aporta una crítica interesante a estos espacios en el portal: “A veces se usa estos eventos de solo mujeres como excusa para justificar la falta de paridad en los escenarios. No olvidemos que esto no genera paridad ni equidad, si no que exotiza algo que debería ser normal: ver a una mujer actuar en un escenario”.

Hola hombre blanco, no te sientas atacado todo el rato

Imagen vía The Odissey Online

Cada vez que un hombre suelta ese “ya, pero no todos somos iguales” como refutación a cualquier argumento feminista se mata, de paso, toda posibilidad de debate. Se desvía el asunto. Se deja de hablar de las cosas importantes. 

“Hombres cis que os sentís discriminados o culpabilizados, ¿podéis dejar de mirarnos a través de vuestro ombligo? No todo pasa por vuestro filtro. De hecho, esta poca empatía es un tic del machismo, de poca consciencia de privilegio y de lucha nula hacia una igualdad común”, refuta Camprubí.

“Precisamente los hombres que tienen esta actitud victimista son los que creo que se tendrían que sentir más victimizados. Si sientes que te están negando la entrada quizás estás dentro del colectivo de los que no deberían estar”, añade Pallarés.

Marta Roqueta, editora en la Revista Zena, anota algo más: " Porque tu [hombre] no vayas a un concierto o a un evento de videojuegos, como el Gaming Ladies, o a un festival de música, no pasa nada... Nosotras dejamos de ir diariamente a muchos espacios técnicamente "mixtos" porque sufrimos discriminación, micromachismos o acoso".

Y aporta algo más: "También hay talleres de nuevas masculinidades y yo, por ejemplo, puedo entender que estos talleres sean no mixtos, solo para hombres, si así se sienten más cómodos para explorar su propia masculinidad, sus frustraciones. No me parece mal que los hombres que quieren deconstruirse lo hagan en talleres a los que nosotras no podemos entrar".

“Precisamente los hombres que tienen esta actitud victimista son los que creo que se tendrían que sentir más victimizados. Si sientes que te están negando la entrada quizás estás dentro del colectivo de los que no deberían estar”

“El día que vea un espacio no mixto formado por hombres discutiendo como pueden hacer de una empresa un lugar menos machista, mientras las compañeras toman decisiones editoriales o se van de fiesta a un festival sin hombres… el día que eso ocurra, entonces volvemos hablar si los espacios mixtos son o no necesarios", cuenta Delatte.

Shaina agrega que los hombres también necesitan escuchar más: “Yo sé que no todo los hombres son iguales. Lo sé. Pero también sé que su falta de acción (¡la de los hombres buenos!) para organizarse dentro de sí mismos ha llevado a las mujeres a tomar acciones como estas. Creo que la acción más solidaria que un hombre feminista puede hacer es apoyar esto con todo su corazón y escuchar las necesidades y revisar sus propios privilegios. Si esto es lo que las mujeres quieren, ¿por qué debería un hombre argumentar contra ello?, concluye Machlus.

"Creo que la acción más solidaria que un hombre feminista puede hacer es apoyar esto con todo su corazón y escuchar las necesidades. Si esto es lo que las mujeres quieren, ¿por qué debería un hombre argumentar contra ello?"

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