Cultura

20 años después, todavía tenemos mucho que aprender de 'La princesa Mononoke'

Cuando Disney era intocable este anime fue catalogado de violento y no apto para todos los públicos. Ahora es una obra maestra respetada sobre igualdad animal, el poder de la feminidad y la fuerza de la naturaleza

Ojos desafiantes, boca manchada de glóbulos rojos y un escupitajo lleno de sangre animal. No hay mejor estampa para mostrar la deshumanización de una chica que cree ser una loba.

Es la primera vez que vemos el rostro de San, la princesa Mononoke. La joven, medio humana medio animal salvaje, cura la herida de bala de su madre loba a orillas de un río. Sin duda, es todo lo que no haría una princesa de dibujos animados. Al menos una princesa Disney. Una niña sin miedo y con las ideas claras. Y por eso nos encanta.

Es triste pensar que La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki sería muy distinta si se hiciera en 2017. Y es triste porque sería mucho peor. La película fue estrenada en Japón el 12 de julio de 1997 y, dos décadas después, no ha perdido ni un ápice de calidad ni el mensaje ha quedado caduco. Es más, si pasara por los filtros actuales de aceptación infantil, la parte salvaje de la princesa sería una simple caricatura del original. Eso es algo que disgustaría al maestro Miyazaki. Sus razones para defender el tono crudo y a veces violento del film son una lección para todos esos padres puritanos que blindan a sus hijos en burbujas artificiales:

"Hay que abordar los temas que tratamos de la forma más honesta posible. Narrar el mundo tal y como lo sentimos, tal y como lo vivimos. Para mí todo eso no es tan grave ya que no me quedan muchos años por delante... Pero muchos jóvenes son descendientes de una generación cuyos padres los han llevado literalmente en brazos. Están completamente debilitados. Cincuenta años después de la guerra, hemos vuelto ingenuamente al punto de partida. Pensamos que eludiendo las cosas desagradables podemos hacernos mejores, que superando la pobreza estaremos sanos. Sin embargo, ahora sabemos que no hacemos nada más que crearnos nuevas plagas".

Ahora sabemos que no hacemos nada más que crearnos nuevas plagas.

¿Es violento para un niño ver muertes, amputaciones y decapitaciones?

¿Es recomendable para una película infantil que aparezcan prostitutas y enfermos crónicos?

¿Deben aparecer animales rabiosos sin atisbo de domesticación?

Sí y no.

Lo fácil es decir no. Es más, Disney diría un NO rotundo. Pero hay espacio para el sí. SÍ cuando esas muertes sirvan para aprender que todos morimos. Algunos ahora, otros después. SÍ cuando esas prostitutas y esos enfermos se empoderan para no quedar arrinconados de la sociedad. SÍ cuando esos animales furiosos son la mejor lección para enseñar que ningún animal es más que otro por muy humano que sea. Incluso si ese animal te ha atacado para matarte hay que mostrar respeto.

Todo esto queda reflejado en la película cuando la princesa Mononoke salva al príncipe protagonista de una muerte segura pese a sus reticiencias iniciales. Pero que nadie se engañe , no es una historia de amor. O mejor dicho: no de amor entre humanos. Aquí no hay beso final porque una habitante del bosque y un ciudadano de pueblo pueden y deben ser amigos, pero nunca serán más que eso. No hay mejor alegoría de lo que debería ser la relación idílica entre ciudad y naturaleza.

Representa todo lo que no sería una princesa modosita de Disney. Y por eso nos encanta.

"Apesto a humano", dice en un momento la princesa lobo. No reconoce como suyo el olor a humano. Es más, le incomoda. En cambio, la princesa reconoce muchas cosas que la mayoría de humanos pasamos por alto: aprecia el ciclo de la vida y de la muerte, es consciente que los cuerpos alimentan la tierra, sabe si un bosque está sano o enfermo, respeta la vida de las plantas y de los animales, percibe los peligros sin verlos y defiende el mundo rural del invasivo mundo urbano. Temas 100 % actuales a los que no hemos encontrado solución 20 años después.

"El mal ha caído sobre la tierra de Occidente. Vuestro destino es ir allí y ver todo lo que os muestren los ojos sin la venda del odio". Es el mensaje de la bruja del pueblo. Observar todas las formas del mal sin juzgarlas no es empresa fácil. El maltrato animal, la sed de poder humano y la falta de amor por la magia de la naturaleza son interminables. Y aquí la mejor manera de combatirlo es cara a cara porque para poder tomar la mejor decisión el juicio no puede estar nublado por la ira.

Mononoke no es por casualidad uno de los símbolos más poderosos del Studio Ghibli, ya es también un estandarte del animalismo más activista, del poder de la feminidad y del amor por la naturaleza en todas sus formas. "La gente está maldita, pero aún queremos vivir", dice un leproso moribundo en un momento de brillantez. Todo es poco para aprender a vivir sin cobrar un precio demasiado alto a la naturaleza.

Felices veinte princesa loba.

La gente está maldita, pero aún queremos vivir.

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