Cultura

Owen, el niño autista que aprendió a comunicarse con películas de Disney

‘Life, Animated’ nos cuenta la historia de Owen Suskind, un autista que aprendió a comunicarse con los demás utilizando sus películas animadas favoritas

“A los tres años, el Owen que conocíamos desapareció”, recuerda Ron Suskind, periodista de The Wall Street Journal, al hablar de su primogénito.

A los 36 meses, Owen Suskind empezó a padecer insomnio. Su habilidad motriz comenzó a fallar, así como sus capacidades de habla; Owen sólo era capaz de articular frases sin coherencia. Además, los estímulos visuales y auditivos demasiado estridentes lo alteraban sobremanera.

Después de visitar a un especialista, el diagnóstico fue unívoco: Owen tenía autismo.

“La única actividad familiar que pudimos seguir haciendo con él”, continúa Ron, “es aquella que más le gustaba a Owen antes de desarrollar su autismo: ver películas animadas de Disney”. Cornelia, la madre de Owen, hace un análisis idéntico: “Nos dimos cuenta de que era lo único que mantenía a Owen tranquilo, con lo que él y su hermano Walter solían sentarse a ver juntos las películas de Walt Disney”.

Así arranca Life, Animated, el conmovedor documental de Roger Ross Williams que nos descubre a Owen Suskind, un joven autista en el tránsito a la vida adulta. Esta película de no ficción alterna el presente de Suskind con su pasado, reconstruyendo por el camino la apasionante historia de cómo, a través de sus películas animadas favoritas; a través de universos de ficción, el pequeño Owen consiguió conectar con el mundo que le rodeaba.

Si tuviese que contar las cinco mejores experiencias que he tenido como espectador en lo que va de año, cuatro de ellas estarían en Life, Animated. La primera de todas, cerca del primer cuarto de hora de película. “Un día estábamos viendo La Sirenita”, rememora Ron en el documental, “y Owen, que llevaba un año sin hablarnos, murmuraba algo así como ‘sótuvoz’. En ese momento, estábamos viendo la escena en el que Ariel tenía que dar algo a cambio para que la convirtiesen en humana”.

“Owen”, continúa Ron, “rebobino la cinta; y lo hizo un total de tres veces”. Para la tercera, Cornelia ya sabía qué estaba intentando decir Owen: “Solo tu voz”. O lo que es lo mismo: la frase que profiere la malvada Úrsula cuando le pide a Ariel darle su voz, a cambio de convertir a ésta en humana. Ron agarró a Owen y le repitió la frase; Owen le contestó con otro ‘sótuvoz’.

“Era la primera vez que me miraba en un año”, añade Ron. “Fue entonces cuando nos dimos cuenta: Owen seguía ahí dentro”.

Aunque lo que acababan de presenciar los padres de Owen era un caso de ecolalia —repetición por imitación—, Ron y Cornelia empezaron, como dicen ellos mismos, “la misión de rescate”.

“Queríamos entrar en la prisión del autismo y sacar a Owen de allí”.

Tras ese primer fogonazo de esperanza, el detonante que empujará todo el film, Life, Animated comienza una escalada de emotividad que pondrá a prueba incluso a los espectadores más pétreos. Que vais a llorar, quiero decir. Pero como madalenas; haciendo pucheros y sorbiendo mocos. Life, Animated, pese a lo particular del caso que trata, consigue que te proyectes desde tantas perspectivas —como hijo, como padre o futuro padre, como fan de Disney— que es capaz de traspasar todas tus defensas como espectador.

La evolución de Owen, de la ecolalia a su primera frase con sentido, no tiene las películas de Disney como simple telón de fondo, y eso es lo realmente interesante de Life, Animated. El Rey León o Blancanieves no son meras manifestaciones pop con las que hacer llamativo un documental sobre el autismo, sino que verdaderamente sirvieron de elemento vertebrador a la familia Suskind.

Toda la familia, empezamos a dirigirnos a Owen utilizando diálogos de Disney

El primer pensamiento complejo que Owen comparte con sus padres —tras ‘sótuvoz’— incluye los términos ‘Peter Pan’ y ‘Mowgli’; el siguiente, frases completas de Aladdin. Al memorizar todas las líneas de diálogo de esos films, Owen abría una puerta por la que, al fin, sus padres podrían entrar y rescatarle. “Empezamos a hablarle con frases de las películas”, dice Ron. “Toda la familia, empezamos a dirigirnos a él utilizando líneas de diálogo de Disney”.

El pequeño, les respondía con la siguiente línea.

De este modo, las películas de Disney no son solo posters en las paredes de Owen —ahí están colgados, sea éste niño o adulto—, sino la forma en la que éste aprendió a leer: de forma literal, gracias a los créditos; de forma figurada, también, por cómo esas películas le sirvieron para traducir e interpretar las emociones de sus familiares, así como las suyas propias.

El juego de Life, Animated, en el que los relatos de presente y pasado se enfrentan y editan en paralelo, sirve para poder cotejar la evolución de un Owen dependiente a otro que, gracias al impulso de la ficción animada, puede al menos soñar con ser autónomo. También, para demostrar que alguien autista, además de lidiar con su enfermedad, debe hacerlo también con las mierdas a las que nos enfrentamos el resto: las mudanzas que agotan; las entrevistas de trabajo; los desengaños amorosos.

En cualquier escenario, en cualquier tiempo fílmico, ahí las tienes: las cintas VHS de Disney. Ni DVD’s, ni Blu-Ray’s, ni plataformas de streaming: cintas de vídeo, con las que Owen, aunque no lo verbalice en la película, ha establecido la misma conexión emocional que tiene con las historias que dichas cintas alojan. Que Suskind, aunque sea de forma accidental, haya decidido ser fiel a un formato ya obsoleto como es el VHS, poco tiene que ver con la nostalgia: tiene que ver, más bien, con un temor recurrente hacia cualquier tipo de cambio.

Life, Animated, aun así, no es una historia de superación en la que el protagonista venza sus miedos, sino otra muy distinta en la que, sabiendo que estos miedos —a no encajar, a verse solo— quizás jamás desaparezcan, deberá buscar herramientas para convivir con ellos. Las de Owen no están nada mal: son El Jorobado de Notre Dame; Dumbo; El Libro de la Selva.

Puede que Life, Animated venga a relatarnos una historia inaudita; extraordinaria —la de Suskind, desde luego, lo es—; sin embargo, sirve también para apuntalar aspectos de la ficción que, aunque ya sabíamos, podríamos haber olvidado: la capacidad sanadora y terapéutica que pueden tener las películas; la evasión constructiva que éstas son capaces de proporcionar a sus espectadores. Eso es algo que vale tanto para Persona de Bergman como para Bambi.

Estructuralmente, Life, Animated se parece bastante a una película de Disney —tiene incluso segmentos animados, en los que se adapta una historia escrita por el propio Suskind como paliativo contra el acoso escolar que sufrió de pequeño. También, como cualquier buena película de Disney, Life, Animated es trepidante, divertida, emocional. Y termina con un rugido.

Es decir, con un final feliz.

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