Cultura

No os metáis con Jar Jar: 4 millennials en defensa de las precuelas de Star Wars

¿Es tan mala la primera trilogía de La Guerra de las Galaxias? Ellos opinan lo contrario

“Estás completamente ciego; ni siquiera habías nacido cuando todo esto empezó. No sabes lo bueno que era; lo importante que era. ¿Esto es lo que significa para ti?  ¿Una especie de anuncio de juguetes con fuegos de artificio? La gente como tú me pone enfermo. ¿Cuál es tu puto problema? Me importa una mierda que hayas ahorrado 50 libras: coge tu dinero y lárgate”.

Así reaccionaba el dependiente de la tienda de cómics al que daba vida Simon Pegg en Spaced cuando —horreur— un cliente de diez años intentaba comprar una figura de Jar Jar Binks.

 “A los niños les encanta Jar Jar”, le reprenderá, más tarde, su encargado. “¿Qué me dices de los ewoks? También eran basura y no te quejas de ellos”.

“Jar Jar hace que los ewoks parezcan el puto Shaft”, responde Pegg.

La exagerada reacción de Pegg, sin entrar a juzgar su valor cómico, ilustra perfectamente el sentir de toda una generación —nacida en los sesenta y los setenta— para con las precuelas de Star Wars: los episodios I, II y III de la saga son, sin matiz alguno, basura de la más infecta.

Esa generación —además de firmar documentales tan críticos como El pueblo contra George Lucas— es la que, con J.J.  ha tomado el relevo de la saga con, hace un año, El despertar de la fuerza y, desde hoy mismo, Rogue One.

Pero, ¿de verdad alguien apreció realmente las precuelas? Cada vez son más las veces en que, amigos íntimos, casi en un susurro, como si fuesen miembros de una logia masónica, me confiesan cosas como, por ejemplo: “El episodio I es el mejor de todos”. O bien que “Jar Jar es súper mono”.

Todas estas confesiones, además, venían de perfiles con algo en común: haber nacido, como mínimo, después del estreno de El retorno del jedi en 1983.

Toda una generación cree que los episodios I, II y III de Star Wars son, sin matiz alguno, basura de la más infecta

La llegada a salas hoy de Rogue One es una buena ocasión para preguntarse por qué todas estas opiniones han sido reiteradamente ridiculizadas y ninguneadas por los fans de la trilogía original, hasta el punto de convertirlas en, podríamos decir, culturalmente incorrectas.

¿Se ha convertido Yo fui a EGB en la vara de medir para dilucidar lo que es cinematográficamente aceptable y lo que no? ¿Por qué la pasión militante por unas películas puede transformarse, al juzgar otras, en revisionismo?

Tras lanzar un llamamiento en Facebook, cuatro voces muy distintas se animaron a contarnos por qué creen que las precuelas de Star Wars no son tan terribles como nos han hecho creer.

J. CARLOS SÁNCHEZ (1994, Periodista)

El episodio IV es insufrible y VI un bluff. Las precuelas, en cambio, sí me divierten. Los que odian férreamente los episodios I, II y III es porque no tienen ni idea de lo que es Star Wars.

Porque seamos sinceros: éstas son películas que disfrutas más de crío. Por más que nos empeñemos, no tienen ese trasfondo a lo David Lynch que nos han querido vender durante años; tratan conceptos básicos: amistad, amor, traición, pérdida… Y no puedes esperar tener la misma experiencia con 5 o 10 años que con 40, cuando ya tienes que pagar una hipoteca.

Porque seamos sinceros: éstas son películas que disfrutas más de crío. No puedes esperar tener la misma experiencia con 5 o 10 años que con 40, cuando ya tienes que pagar una hipoteca

Si los fans de las originales detestaron las precuelas, fue porque querían más de los mismo; querían fanservice. Querían J.J. Abrams y, por desgaste, es lo que han acabado teniendo. Creo que esa generación tiene demasiada influencia -demasiada es poco- en el devenir cultural de nuestros días; Stranger Things es un buen ejemplo de esto.

A mí, una película que realmente me provoca melancolía es Boyhood, donde el chaval tiene su habitación llena de pósters de Dragon Ball Z y Power Rangers; esa es mi infancia, y estoy hasta los huevos de casettes, Dragones y Mazmorras y discotecas en las que suena ABBA.

JOAN MARÍN (1989, Estudiante de Historia)

La primera película de Star Wars que vi en el cine fue La Amenaza Fantasma, y me moló mucho. Tenía un montón de muñecos de la película, incluso un CommTech Reader, con el que podías escuchar la voz de cada uno de ellos.

A mi tío, que es el que me introdujo en este universo, La Amenaza Fantasma le pareció entretenida, pero decepcionante a la vez. A mí, con el tiempo, tanto ésta como los episodios II y III me parecen interesantes por lo arriesgado de su propuesta. A nivel de contenido político, por ejemplo, la subtrama de los separatistas me parece muy atractiva.

No creo que la primera trilogía sea mejor que las originales, pero sí reconozco que tenía puntos y detalles que consiguieron hilar a la perfección con la continuidad de las primeras. La gente de mi generación, además, las ve ya con cierta nostalgia.

Creo que ésa es la palabra que mejor define Star Wars: nostalgia; tanto la que puedo sentir yo con La Amenaza Fantasma, como la que podía sentir mi tío con las originales.

ELISA MCCAUSLAND (1983, Especialista en cómic, feminismo y cultura popular)

No deja de ser sintomático que no se le perdonara a George Lucas un personaje hecho para las nuevas generaciones, como fue Jar Jar Binks, y que sean precisamente esas generaciones, ya adultas, las que encarnen la popularización y sofisticación de una cultura friki que, tras la crisis económica, ha devenido en cultura mainstream.

Esa misma cultura, no obstante, ha sido definida en nuestro presente más por el happening, por el consumo selfie, que por la propia película: el episodio VII es, en esencia, la misma película que el episodio IV, y que niega —por amor al guiño, al pasado, a la resignificación de la marca—, el sueño del universo expandido, del que dan fe las novelas y los cómics que han estado "alimentando" a los fans de la saga desde mucho antes de que Star Wars fuera cool.

No deja de ser sintomático que no se le perdonara a Lucas un personaje hecho para las nuevas generaciones (Jar Jar Binks) y que sean precisamente esas generaciones, ya adultas, las que encarnen la popularización de la cultura friki

De la trilogía millenial, destacar sobre todo la trama política. Si estas tres películas son importantes en retrospectiva es, precisamente, porque se trata de una trilogía donde se disponen orgánicamente las piezas de cómo la República se convirtió en Imperio; de cómo el senador Palpatine se transforma en el Emperador, dando a cada personaje con el que se relaciona lo que pide.

Este discurso sobre el poder y la percepción bien podría extrapolarse a lo que se ha terminado convirtiendo la propia Star Wars en manos de Disney. 

JAVIER G. DE LA HUEBRA (1990, Diseñador gráfico e ilustrador)

Jar Jar Binks es uno de mis personajes favoritos. Creo que la gente le tiene mucha inquina por ser un personaje torpe que sirve como alivio cómico, creado para que guste a los niños; pero considero que eso siempre ha estado presente en la saga: R2-D2, C-3PO, Chewbacca, los ewoks… Aunque si me das a elegir entre Jar Jar y los ewoks, me quedo con Jar Jar.

¿Los motivos de que me guste tanto? Me encanta su diseño de personaje; me parece más carismático y desarrollado si lo comparas, por ejemplo, con Wicket. Pese a esto, el odio de los fans hizo que se le dejase de lado en las películas posteriores.

Sobre las nuevas, y con respecto a El despertar de la fuerza, aunque fuese celebrada por los fans de la original, a mí no hay ninguna escena que me gustara especialmente. De hecho, no tenía mucha prisa por ver Rogue One, pero iré hoy, porque me han invitado al estreno.

Con Rogue One soy bastante escéptico y no me llama especialmente la atención: el diseño del grupo de personajes principal me resulta algo tópico y políticamente correcto, y el villano no me dice nada. No voy con mucho hype, la verdad.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar