Cultura

'It' es la peor adaptación que ha tenido nunca un libro de Stephen King

Una película de payasos asesinos que provoca bostezos: así de dramático es el resultado de la nueva ‘It’

Piensa en Personal Jesus. La original; la de Depeche Mode, ¿vale? Una canción redonda. Perfecta. Ni siquiera tienen que gustarte Depeche Mode especialmente, como no tiene por qué gustarte especialmente Miguel Ángel para entrar a la Capilla Sixtina y, ¿qué si no? Flipar, claro.

¿Desmerece eso la versión de Personal Jesus que hizo Johnny Cash en 2002? Todo lo contrario: el hombre de negro insufló nueva vida al tema, haciéndolo suyo, llenando de polvo y espuelas la carrocería pop de la canción. La original era para abrir discotecas; la de Cash, para cerrarlas. Por derribo.

Dicho esto, ¿qué papel desempeña el Personal Jesus de Marilyn Manson, publicado cuatro años después que el de Johnny Cash? Manson parecía haber entrado por una puerta que habían abierto otros, a golpe de guitarrazo country, para dar dos pasos atrás, calcar el sonido de Depeche Mode, y revestirlo con un industrial de derrape chirriante. Había artificio, maquillaje; pero nada más.

Sé lo que os estáis preguntando, y no: Personal Jesus no suena en It. Sin embargo, como productos culturales, película de terror y canción pop han tenido un recorrido semejante: It, la novela de Stephen King publicada en 1986, es maravillosamente poliédrica; su adaptación de 1990, con Tim Curry como el payaso Pennywise, alcanzó, por otra parte, un valor icónico inaudito para tratarse de una mini-serie televisiva.

Bien; ¿qué hay, entonces, de la nueva It? La tercera encarnación de Pennywise, como la tercera encarnación de Personal Jesus, adolece de oportunismo, ansia desesperada por epatar, exceso de rimmel; de timing. Y no: la mentada Personal Jesus no suena en It. Pero, si sonase, la cantaría Marilyn Manson.

It, dirigida ahora por Andrés Muschieti, nos cuenta las andanzas del Club de los Perdedores, una pandilla de nerds que, pese a ser tan solo unos niños, deberán enfrentarse a una fuerza demoníaca, con forma de payaso, llamada Pennywise. ¿Y ya? Y ya: el nuevo It, por primera vez en una de sus manifestaciones, descarta contarnos la historia paralela entre la niñez y la vida adulta de sus personajes.

¿La razón? Warner Bros quiere, presumiblemente, explotar la trama adulta en una secuela. ¿El resultado derivado, viendo It? Imagina un remake de Titanic en que los créditos finales vengan después del choque con el iceberg.

'It' te saca y te empuja dentro, a la vez y a patadas, de un parque de atracciones dónde las colas son muy largas y, además, hace mal tiempo

Muchieti, cuyo trabajo en Mamá fue más que apreciable, apenas tiene espacio para dejar su impronta en It, una película de estudio en el peor sentido de la palabra. Warner, en una cruzada por tenebrificar todo lo que toca, de Superman a Wonder Woman, insiste en presentarnos un Pennywise oscuro y sombrío, cuando lo terrorífico de Pennywise –lo terrorífico de cualquier payaso– es justo lo contrario: la apariencia naïf; el maquillaje perfecto; los colores histriónicos del outfit.

Aunque cercenado –la película promete La Biblia para luego escamotearnos El Nuevo Testamento–, el qué de It no sufre de la misma forma que el cómo: la cinta no cruza fronteras argumentales como para tildarla de ‘versión libre’, pero sí opta por una puesta en escena que enfatiza lo que debería ser sutil y amplifica aquello que pedía ser anecdótico: los lavabos cubiertos de sangre se ruedan con reiterativos filtros rojos; el abuso no-paranormal recibe una dedicación de cine social británico.

It te saca y te empuja dentro, a la vez y a patadas, de un parque de atracciones dónde las colas son muy largas y, además, hace mal tiempo.

Es un error, sin embargo, enfrentarse a It con la suspicacia de quién espera ver un buen remake de la versión de 1990. Lo es, incluso, creer que sus responsables están mínimamente interesados en el universo que King idease en 1986: a dónde miran éstos, y a dónde mira, por defecto, la película entera, es a Stranger Things.

Desde que la serie de Netflix se convirtiese en el sleeper de la temporada pasada, parece que todas las productoras han querido tener su propia Stranger Things; Warner, rebuscando entre sus propiedades, encontró la suya en It. Porque It tiene una pandilla de chicos en bicicletas y una chica misteriosa que se une a ellos. Porque en It los chavales juegan al Street Fighter en recreativas y tienen pósters de Beetlejuice y Gremlins en casa.

En It, las marquesinas de los cines anuncian Arma Letal y Pesadilla en Elm Street.

Y, ¿sabéis? Hay algo muy antipático en todos esos guiños; parecen hechos a desgana. Lo que en Stranger Things, pese a sus defectos, está integrado de forma natural, en It se antoja disonante y ortopédico. It es, conoceréis el meme, como el señor Burns de Los Simpson cuando intenta disfrazarse de teenager.

¿Rihanna vistiendo camiseta Thrasher? Eso, y no otra cosa, es It.

Aunque la película tiene un arranque prometedor –Pennywise se foguea cercenando el brazo de un niño de apenas seis años–, It termina invitando al bostezo y a la caída de párpados. No estoy siendo dickensiano: casi me duermo viéndola. Literalmente. Pese a ser las 12:30 PM. Knock-out. Y me duele: It, quince años atrás, me llevó a irrumpir en la cama de mis padres para poder conciliar el sueño. Tenía edad para afeitarme, sí; pero también estaba aterrado.

Pero, ¿la nueva It? “Reach out and touch faith”.

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