Cultura

Las miserias de los salones eróticos: trabajo gratis, ninguna ducha y babosos

"No volveré a ir ni loca. No quiero volver a sentirme como un objeto"

Imagen vía Getty

“La primera vez que yo oí hablar del Salón Erótico me lo imaginé como un sitio elegante”. Las impresiones Alexa Nasha, actriz porno de 20 años, se van transformando y volviendo más nítidas a medida que pasan los días y el Salón Erótico de Madrid le queda algo más lejos. Ahora, dice, lo ve como un mercadillo que comercia con cuerpos, su cuerpo, sin demasiada finura y muy pocos cuidados.

Cerca de un centenar de performers, como Alexa, ya han regresado a sus casas después de pasar un fin de semana (del 9 al 11 de junio) en la mayor feria de cine para adultos de España. Este año, como novedad, se ha cambiado la tradicional sede en Barcelona por el recinto de la Casa de Campo en Madrid. Es la primera vez que la capital acoge este evento en 10 años. Según la organización, han asistido 6.000 personas.

La tónica, en cualquier caso, es la misma: varias productoras de cine para adultos montan su stand y preparan shows en vivo con las actrices y actores que representan. Orgías en directo, BDSM o sexo oral son solo algunas de las prácticas que los visitantes pueden ver —y filmar y fotografiar— pagando 20 euros de entrada o 45 euros por el abono. El salón también dispone de expositores especializados en novedades y juguetes eróticos, área swinger, striptease, poledance y espacios para charlas o conferencias.

La teoría suena bien: un espacio para abordar la sexualidad y el porno sin tabúes, de forma honesta, directa y divulgativa. A la práctica, en cambio, este ideal parece tambalear un poco. O eso cuentan algunos de los testimonios que estos días están visibilizando a través de las redes sociales algunas de las precariedades de este tipo de ferias. No solo la de Madrid.

Volvamos a Alexa, la joven de 20 años que se sintió como en mitad de un “mercadillo”. El de Madrid ha sido su tercer salón, después de Barcelona y Valencia. “ Ninguno mínimamente decente”, crítica. Aunque este último puede que haya agotado definitivamente su paciencia. Para empezar no cobró ni un euro y eso que participó en un total de seis shows en dos días. Aunque los honorarios de los performers no dependen del salón —sino de las productoras— muchas de estas empresas deciden no pagar a nadie porque se supone que lo hacen para promocionarse.

Fuera del salón, Alexa puede llegar a cobrar entre 200 y 300 euros por show.

Lo que sí corre a cuenta de la organización del salón son las instalaciones del propio recinto, el alojamiento y las dietas. Y aquí parece haber cierto consenso. Principal problema: las duchas. O mejor dicho: la falta de duchas.

“No puede ser que en una feria erótica no haya ni una sola ducha. Es una guarrada. Si yo me ducho unas dos veces al día en un día normal, tú imagínate todo el día sudando... Nos tendríamos que duchar al menos una vez después de cada show”, explica Rul Jimenez, actor porno de 28 años que también ha asistido al evento de Madrid. Jiménez también es de Barcelona y no ha cobrado nada.

No volveré ni loca. No quiero volver a sentirme como un objeto

El performer no entiende cómo puede faltar algo tan básico en un evento de este tipo que garantice la seguridad y la higiene de las prácticas. “ Tantas analíticas para que después compartamos fluidos o sudor teniendo que lavarnos en el baño de los mismos asistentes”, explica. En el salón de Madrid no hay camerinos, los profesionales se duchan en los baños que también utiliza el público. Jiménez se lavó como pudo con unas toallitas.

Esta realidad sorprende, pero no es ni mucho menos infrecuente; de hecho, la mayor parte de los testimonios y la propia organización coinciden en señalar que, por lo general, en los salones de este tipo no hay duchas. “El único donde sí he visto es en Barcelona y porque se hace en un polideportivo y las duchas ya están ahí”, cuenta a Playground.

Alexa también lo describe como algo asqueroso: “ Si tengo que hacerme una lavativa anal o vaginal ni mucho menos quiero hacerlo delante de gente y menos del público”. La falta de duchas complica la higiene y la prevención de ETS; pero el hecho de que performers compartan baño con asistentes también es peligroso para su seguridad. “Siempre te van a venir a hablar, a pedir una foto o a decirte algo”, comenta Alexa.

La actriz porno Lucia Fernández subió un vídeo a Twitter este fin de semana en el que precisamente se ve a ella lavándose con una garrafa de agua a las afueras del recinto, prueba de que ese fue el tema de debate, la comidilla, entre los corrillos de artistas.

De nuevo aquí entra el compromiso de la productoras: “ En mi caso he intentado que no les falte de nada. Compré botellas de agua para que se pudiesen ir limpiando. También traté de buscar una ducha portátil, pero no fue posible”, explica David (nombre ficticio), director de una productora que ha representado a alrededor de unos 10 actores dentro del salón. Prefiere no revelar el nombre. En su caso, aseguran, sí que pagan a los artistas: unos 600 euros por los tres días. “Me parece lo lógico. Yo ofrezco mi stand para que se promocionen, pero ellos están ahí dándolo todo y tienen que tener su recompensa económico”. David es consciente de que no todas las productoras lo hacen.

Otra productora también se encargó de comprar comida vegana para alguna de las actrices, ya que el salón no disponía de una opción sin carne o pescado en sus dietas pese a que, dicen, se había avisado de esa condición. Fuentes de la organización de la feria lo niegan.

Desde el Salón Erótico de Madrid insisten en lo de las duchas: " No hay duchas ni en el recinto de la Venus de Berlin, ni en el recinto de los AVN de Los Ángeles. Los recintos feriales no tienen duchas excepto una sola para sus empleados que no son alquilables. En Oporto, hace unos meses, tampoco había duchas". Lo que se preguntan los artistas es por qué no alquilan portátiles como ocurre, por ejemplo, en los festivales de música.

Susy Blue, actriz porno de 21 años es de las que tampoco vio ni un euro por los tres shows en los que participó. Ella lo define como un “aquí te pillo, aquí te mato. Hay cosas que están bien, para mí la comida de lujo, pero luego hay otras cosas que no tanto”. La organización también se pilla los dedos con el tema de los autobuses. “Había gente que salía de Barcelona a las 6 de la mañana para llegar a Madrid con las prisas, en dos horas se tenían que duchar y cambiar para ir el salón. Sin tener tiempo para descansar”

El domingo lo mismo, muchos tuvieron que coger el autobús a las 12 o la 1 de la madrugada para ir directos a Barcelona, sin hacer noche ahí. Lucy, al ser de Madrid, no tuvo ese problema y pudo instalarse en en el hotel de Alcalá de Henares (a casi una hora en bus del recinto) desde el jueves hasta el lunes.

Pajilleros, babosos y mamadas gratis 

Después de su tercer salón, Alexa lo tiene claro: “ Yo no volveré ni loca. No quiero volver a sentirme como un objeto”. Alexa me explica que cuando ella pensaba en un salón erótico se imaginaba algo “elegante” con hombres y mujeres “bien vestidos y atentos a los shows”. La realidad es distinta: “ En Barcelona ya me decepcioné, dos tristes bocatas y 100 euros para aguantar una jornada llena de gente que te mete mano y te falta el respeto”. En una ocasión, al bajar de un show, un hombre casi “me metió medio dedo”, denuncia la actriz.

Otra compañera, en Madrid, tuvo que soportar a un acosador que la acompañaba hasta el transporte público. Aunque están muy claros los límites entre el show y lo que pasa cuando la actriz baja del escenario, algunos hombres no lo entienden. Para Caomei Bala también hay un problema aquí de pedagogía entre los propios performers: “No conocemos en qué casos podemos o debemos acudir al personal de seguridad ni nuestros derechos”.

La actriz Lucía Fernández también usó la redes para denunciar una agresión machista dentro del propio salón. “Ayer tuve un par de percances que acabaron en bofetón. NO SE TOCA a la actrices. Respeten”, escribió en este tuit.

Un día después de la clausura del salón la performer Anneke Necro, conocida dentro del porno ético y feminista, colgó una reflexión en su blog personal. Razones por las que no asistí al salón erótico, titulaba. Su texto, en realidad, fue el que dio pie a que otras muchas chicas manifestaran su descontento, compartieran la denuncia o hicieran públicas las precarias condiciones. También instaba a que se organizaran en un sindicato

La denuncia de Anneke sirvió para poner el foco también en la hipocresía de los salones, que invitan a referentes feministas de la industria del porno como Amarna Miller o Natalia Ferrari solo para dar charlas, pero que no tienen ninguna voluntad de crear espacios ni albergar shows realmente seguros, éticos y feministas. “No queremos que nos usen para lavar su imagen”, explica Anneke a Playground.

Estamos hablando de eventos de señores pensados para señores con el fin de sacar pasta

“En el salón de Barcelona pasó lo mismo”, dice Anneke. Les programaron en un búnker escondido que no había sido prácticamente anunciado. “ Solo nos vinieron a ver colegas, parejas y algún que otro despistado que sin saber cómo había llegado a una sala llena de mujeres tratando inútilmente de remover conciencias”. “

El feminismo se habla de puertas para adentro. Fuera de las charlas, el panorama es una cosa distinta. Señores, por lo general heterosexuales, apoderados con cámaras de foto y vídeo se aposentan en las primeras filas para registrar al detalle. “Por lo general en este tipo de salones hay porno muy heteronormativo, excepto cuando Irina Vega hace algo distinto”. Y si haces algo distinto, a veces, no funciona, “ en mi primer show intenté mostrar algo más estético, pero no vino nadie a verme. A los asistentes le gusta ir a piñón, así que yo también he adaptado los shows”, me cuenta David, de la productora.

Estamos hablando de eventos de señores para señores con el único objetivo de sacar pasta”, explica Natalia Ferrari, trabajadora sexual. Natalia también fue invitada al salón para dar una charla no remunerada sobre prostitución. Rechazó la propuesta. "Yo no apostaría por estos sitios. Creo que el problema de raíz es que su único interés es económico".

“¡Mamadas gratis! No te vayas sin tu recompensa”, reza un cartel de la productora española FAKing, en la feria de Madrid. “Es humillante”, crítica Alexa. Anneke Necro considera que esta práctica es, cuanto menos, dudosa. Al menos si se quiere vender la feria como un entorno apto para divulgar el porno ético y responsable. “ Por lo general todo lo que tiene que ver con compartir con el público a mí personalmente me da grima”, espeta Anneke.

Desde la organización advierten que, para ellos, se está frivolizando con lo de las mamadras gratis: " Es una actividad puntual que se hizo el sábado de 19h a 21h. Un glory hole, una práctica milenaria japonesa". No ven que eso sea un reflejo de ningún rol patriarcal.

¿Cómo hacemos, entonces, para encajar estas posiciones? “Yo, visto lo visto, no creo que sea una cuestión de ir parcheando. Hay que crear una alternativa, construir algo nuevo. Como performer, yo me siento más a gusto en espacios como el Ero Street. Ahora mismo no me imagino asistiendo al salón con unas condiciones que me gustaran”, explica Anneke.

Alexa cree que si hubiera buenas condiciones y se pagara lo justo “ la gente prepararía espectáculos artísticos y no solo de sexo y eso serviría de reclamo para otro tipo de público y para más mujeres. Si solo se sube al escenario a follar 10 minutos, normal que solo vengan a vernos a pajilleros”.

Desde la organización rechazan rotundamente esta imagen: "Lo de varón de cuarenta años es un falso cliché que nos intentan colar desde la ignorancia. Es totalmente falso. Vienen muchísimas mujeres, muchísimos jóvenes". Afirman que llevan 25 años tratando de representar a todas las sexualidades y trabajando por la paridad. El 40% de las visitantes del Salón de Barcelona del año pasado fueron mujeres, aseguran desde la organización. "Nos encantaría que más creadoras y creadores relacionados con el porno ético y feminista usaran la gran plataforma que son los salones eróticos para divulgar sus ideas y arte". Quienes no parecen tan convencidas son ellas.

La decadente situación del salón es también el espejo de una miseria latente que campa desde hace años en el sector. La industria del porno ha sido una de las más afectadas por la crisis pero, sobre todo, por el auge de internet. La proliferación de las descargas gratis y la generalización del porno amateur ha reducido considerablemente el caché de los actores y los ingresos de las productoras. Se estima que los sueldos de las actrices se ha reducido entre un 60 y 80% en los últimos años. Las veteranas dicen aquello de “nada es como antes”. Y las jóvenes que esto “habrá de cambiar”.  

Queda por ver cómo se encaja todo esto en mitad de ese escenario asfixiante del ‘todo gratis’ y de estructuras aún patriarcales.

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