Cultura

14 fotos que nos descubren la fuerza y la bondad de los habitantes del Himalaya

"¿Cómo es posible que haya corazones tan hermosos en entornos tan hostiles?"

"¿Cómo es posible que haya corazones tan hermosos en entornos tan hostiles?", se preguntó la fotógrafa Tania Abitbol desde el Tibet. Estaba haciendo un reportaje fotográfico, pero terminó llevándose mucho más que eso.

Se marchó con sus cámaras y con una idea preconcebida. Volvió con una serie de fotos y una lección vitalicia.

Todos los momentos que capturó son distintos, pero cuentan con un elemento en común: la esencia de las personas. Algo que, como ella misma nos ha explicado, le atrapó. Y esto se refleja en el resultado de su viaje: Himalaya, un libro que podría describirse como una colección de almas.

Durante aquellos días se empapó de la insólita belleza de los 3 reinos del Himalaya: Nepal, Bután y Tíbet.

Cada uno tiene paisajes, creencias y sus bagajes culturales diferenciados. Pero en todos ellos acabó encontrándose con lo mismo: una fuerte conexión con la naturaleza y un carácter que, a pesar de las adversidades, destaca por la alegría y el respeto.

Además de aquellos parajes majestuosos, lo que más le impactó fue la fuerza y la bondad de los habitantes del Tíbet. Bajo la invasión de China han vivido oprimidos, presenciando como violaban los derechos humanos de su comunidad sin poder hacer nada. Pero, aun así, aguantan.

Con ellos fue testigo de la capacidad que tienen las personas para sobreponerse a las adversidades y como, a pesar de todo, la población tibetana todavía es capaz de creer en la bondad humana. "¿Cómo es posible que haya corazones tan hermosos en entornos tan hostiles?".

Pero después de varios días pisando suelo tibetano, lo entendió. Como ella misma ha explicado, lo han hecho posible gracias a su fe en Buda. Desde niños aprenden sus enseñanzas, las cuales se basan en el amor, la compasión y el perdón.

De este modo, pueden dejar de lado el sufrimiento y ser las personas bondadosas y generosas que Buda les enseñó a ser. "Y esto se ve reflejado en su manera de sentir y de vivir... Sin ira, con amor".

Las grandes ciudades destacan por el ritmo frenético con el que viven sus habitantes. El Himalaya lo hace por el silencio. Gracias a ello, conservan ese vínculo con la naturaleza y su propio yo. Algo que la mayoría hemos perdido.

Abitbol presenció una escena que retrata fielmente la personalidad de los habitantes del Himalaya el día que visitó por primera vez el templo de Jokhang, en el Tíbet:

"Allí acuden peregrinos que vienen desde muy lejos para poder rezar en su templo. Para ello, deben esperar durante horas y horas en larguísimas colas mientras los turistas, en su gran mayoría chinos, entran inmediatamente al pagar una entrada".

"Pero no vi rencor en su actitud...tan sólo paciencia. También mucho amor por parte de las personas que, repartiendo alimentos y termos con té, ayudaban a sus congéneres a sobrellevar la situación lo mejor posible. Toda una lección de vida, lo aseguro".

Al preguntarle sobre una frase o declaración que le hubiese impactado durante su viaje, Abitbol recordó una del Dalái Lama. Anteriormente, la había leído cientos de veces, pero después de su visita tiene más sentido que nunca:

""Esta es mi simple religión: no hay necesidad de templos, y no hay necesidad de una filosofía complicada. Nuestro propio cuerpo, nuestro cerebro, nuestro corazón...son nuestro templo y la filosofía la bondad". Tan simple, tan puro".

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