Cultura

La puta, el genio y la cover de la discordia: El Último Vecino VS La Zowi

¿Hace falta que El Último Vecino haga una versión de la Zowi para qué reconozcamos que es un temazo?

“Solo una vez he sentido tanta nostalgia como la que me transmite esta canción, y fue leyendo a Richard Ford”.

Éste es el comentario #21 que aparece publicado en el vídeo de Mi Chulo, la versión que Gerard de El Último Vecino (EUV) realizaba, semanas atrás, sobre una canción original de la Zowi. Excepto contadas disidencias —oyentes indies incapaces de comulgar con lo que propone EUV—, los comentarios oscilan, y sigo citando literalmente, entre el “jefada del quince”, el “ole tu polla” y el “puto amo”

Entre todos los comentarios entusiastas que generó el tema, hubo uno que llamaba especialmente la atención: “Una lástima que a ella no la dejen comentarios tan positivos en sus vídeos”.

Para comprobarlo, pongo el vídeo de la Zowi (con Lorena B) y, mientras empieza a sonar la versión original de Mi Chulo, hago scroll down. Leo “un mono tirándose pedos es más música que esto”. Leo “he sufrido cinco infartos cerebrales escuchándolo”. Leo “estarás buena, pero musicalmente das asco”.

Cuando voy por “me la ha puesto dura las tetas de Zowi, la canción es una mierda”, Mi Chulo está a punto de terminar su reproducción; entonces, caigo en la cuenta: todas las bondades y los potenciales que tenía la versión de EUV ya están, multiplicados por mil, en la canción de la Zowi. Mi Chulo, en su versión original, tiene cualidades de himno pop: las rimas son tan sencillas como poderosas; la base se instala en tu neocórtex como solo puede hacerlo un hit. Eso es Mi Chulo de la Zowi: un hit.

Así pues, ¿de dónde nace la disparidad de feedbacks entre a versión de EUV y la original? ¿Por qué uno es un genio y la otra, según este foro, una puta?

Es obvio que la masa crítica que comenta uno y otro vídeo no es la misma; eso sería dramático. Sin embargo, el machismo y el clasismo explosivo de unos —“seguro que éstas son filólogas”— tiene su reflejo en el revisionismo de otros —“mucho mejor que la original”. ¿Sí? ¿Hasta qué punto es eso cierto? ¿Son esas guitarras a lo Smiths lo que hace que se decante la balanza? ¿Es quizás la relectura postmoderna que EUV hace del tema?

No pongo en duda que Gerard Alegre admire a la Zowi. Sé que lo hace. Igual que admira a El Último de la Fila, a Los Héroes del Silencio o a Queen. Cuando se revela fan del AOR, lo hace de forma sincera; ahí no hay impostura.

Sin embargo, si los comentarios de Mi Chulo han servido para algo, es para revelar la pose que sí parece instalada en el fan-del-indie-que-se-acerca-al-trap; una pose por la que, aunque en líneas generales estemos hablando de la misma canción, es lícito mencionar a Richard Ford en un vídeo y no en otro.

Porque, ¿cómo iba la Zowi a transmitirte lo mismo que Richard Ford?

Mi Chulo no ha sido la primera ni la última vez que la relación entre indie y trap se ha hecho patente, aunque quizás sí descubrió lo tóxico de dicha relación —nadie expresó esa toxicidad tan bien como Young Vibez en este “artículo sobre trap para conseguir visitas”.

Young Vibez atacaba con su texto a las publicaciones de tendencias que, si bien no son ‘el indie’ como tal, sí le sirven a éste de panfleto propagandístico. Leyendo Young Vibez recordé, precisamente, el frenesí en el que entraron las webs el pasado verano, cuando todas quisieron sacar su propio reportaje sobre “chicas que hacen trap” y, casi al unísono, intentaron dibujarlas como feministas —pese a que, en la mayoría de casos, ellas no se sintiesen cómodas con dicha etiqueta.

La Zowi fue una de las que, durante el verano de 2016, sufrió esa mascotización: parecía más importante coronar su foto con un “cómo combatir el machismo haciendo trap” que en escuchar lo que realmente tenía que decir. Ese paternalismo está volviendo a mostrarnos los dientes: si estrofas como “no pienses en el juez / libera el estrés / tráete a otra puta / y lo hacemos los tres” nos suenan mejor en boca de EUV que en la de alguien cuya pareja, en esos momentos, realmente estaba afrontando un juicio por estafa, es que no tenemos ningún interés en lo que la Zowi tenga que contarnos con su música.  Ni tampoco en ella.

Este fenómeno, lejos de afectar únicamente a la Zowi, se volvió a repetir la semana pasada, esta vez con Yung Beef.

Los Planetas publicaban Islamabad, una versión libre de Ready pa Morir que también cosechaba las alabanzas de la plana mayor del indie. De nuevo, frases como “yo no le temía a nada / pero ahora temo perderlo todo” malograban todo el significado de una versión a otra —cuando Yung Beef dice estar Ready pa Morir, por lo menos te lo crees. Ni siquiera el intento de darle a la canción una dimensión política deja de sonar, a estas alturas y con una trayectoria como la de Jota, como algo completamente impostado.

En ese sentido, hay más política en el “que le follen al aviso de desahucio” de A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. que en los siete minutos de Islamabad. Y más capacidad de conmovernos.

Entre indie y trap, queda por ver si el único diálogo que se va querer mantener es, como hasta ahora, puramente estético. Por el momento, el público indie parece haberse enrocado en un acercamiento irónico del que va a ser difícil rescatarle —es imposible controlar, claro, la forma en la que alguien consume un producto cultural. En cualquier caso, el “some girls are bigger than others” de Gerard en su versión de Mi Chulo marca , aunque sea de forma accidental, el camino: no hay nadie más grande que la Zowi.

El primer paso, como siempre, es reconocerlo.

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