Cultura

Basta ya de señalarnos: es cuestión de tiempo que todas nos definamos como feministas

"Yo no soy un chocho". Analizamos el discurso de Paula Echevarría y descubrimos que, sorpresa, también ella es feminista

La semana pasada se hizo viral el vídeo de Paula Echevarría diciendo que no se trataba de ser “feministas, sino de ser personas”. Las redes no tardaron en empezar a difundir y ridiculizar el patinazo de la actriz al rechazar una etiqueta que el movimiento feminista está tratando de poner en valor desde hace varios años.

El feminismo persigue la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. La igualdad en todos lo ámbitos. No hay truco. No hay trampa. No hay lado perverso. El feminismo no es ninguna fuerza exterminadora que propone el fin del género masculino. O la supremacía de la mujer. El feminismo busca la igualdad de un género históricamente oprimido. Y ya está. No hay nada más. Lo dice hasta la RAE.

Sorprende cuando una mujer se niega a utilizar esta etiqueta, porque persigue algo tan básico como es combatir cualquier forma de discriminación de género (desigualdad salarial, cosificación, acoso callejero, violencias, abusos, feminicidios). Más aún: cuando la misma mujer que rehúsa la etiqueta parece compartir, en realidad, un mismo ideario.

Paula Echevarría no quiso definirse como “feminista”, pero abordó unos puntos muy interesantes que tienen que ver con la emancipación y autonomía femenina, contestó con astucia a la pregunta machista de un periodista y remató diciendo que “ella no era ningún chocho”. Pero el interés mediático de su intervención solo se redujo a si se consideraba o no feminista. Periódicos de tirada nacional como El País, que son feministas a ratos, le dedicaron, incluso, un womansplaining.

Más allá de lo de no ser feministas, “sino ser personas”; Paula Echevarría estaba hablando de ser una persona válida y talentosa sin necesidad de depender de un alguien (un hombre). También criticó la brecha salarial en el mundo del cine. Y, de paso, salió airosa de la impertinencia machista de ese reportero que bien podría haber acaparado la misma atención que recibió ella.

“¿Cómo se consigue eso estando a la sombra de alguien, de tu pareja?”, le pregunta una voz masculina. “¿A quién te refieres? ¿Quién estaba a la sombra de quién?”, replica ella.

De haberse descrito como "feminista" en esa misma rueda de prensa, la perversa lógica del clickbait y de los medios digitales la habría coronado en tiempo récord como " Paula Echevarría, nuevo icono feminista". O nos habríamos hartado de leer " El gran discurso feminista de Paula Echevarría" o "¿Por qué Paula Echevarría es la feminista del momento?". Todo eso quedó muy fuera, pero en realidad no estábamos tan lejos.

Por supuesto, no hay que negar la importancia de reivindicarse como feminista y usar los altavoces mediáticos para desestigmatizar, como decíamos, un término que nos empodera y que básicamente sienta las bases de una lucha historica desde el siglo XIX . De ahí también la importancia de que personajes de la cultura popular y de alcance masivo, como Ylenia de Gandia Shore, la usen sin miedo.

Lo que cabe preguntarse aquí es qué hacer en aquellos casos en los que se está muy cerca. Pero aún no.

Rechazar una etiqueta no puede invalidar el discurso. Negar el feminismo no significa que, a la práctica, no seas feminista. O que, como mínimo, no tengas conductas que sí puedan considerarse como tal. “ En la medida en la que todas tenemos que sobrevivir en un mundo patriarcal, a los abusos y a la discriminación, todas tenemos comportamientos feministas”, explica June Fernández, activista y feminista, responsable del portal Píkara.

Para abuso: la pregunta del periodista que tuvo que enfrentar Paula Echevarría. O es que acaso a algún hombre le hubieran preguntado qué se siente al estar a la sombra de “su mujer”. Rebelarse frente a estos ataques es casi una cuestión de supervivencia. Y ahí está el feminismo también. Para Fernández, vale más la pena que nos fijemos en los aciertos y en las pequeñas transgresiones de cada mujer. “ Me preocupa que, a veces, nos quedemos en la anécdota, pero no vayamos más allá”.

La anécdota, el clic fácil, luego el linchamiento masivo. Y todo se esfuma, justo después. No existe un debate profundo detrás. No nos estamos preguntando por qué la palabra feminista sigue estando tan estigmatizada. Porque de tanto miedo pronunciarlo en un evento de una marca, delante de un micro o durante la promoción de una película o una serie.

Solo hay que ver Las Chicas del Cable, la ficción de Netflix que narra el proceso emancipador de cuatro mujeres que empiezan a trabajar en una empresa de telecomunicaciones. Se hartaron de venderla como la "serie feminista española del momento" y, de hecho, buena parte de su argumento se podría rescatar desde un discurso feminista. Al fin y al cabo, esas mujeres que empezaron a trabajar fuera del ámbito doméstico en España eran pioneras para su tiempo. Ahora bien, el reparto, las propias chicas del cable, se apartan de la etiqueta y prefieren llamarla "serie liderada por mujeres" o "serie femenina que puede despertar sentimientos feministas en el espectador".

Fotograma de la película Sufragistas

“Creo que cuando hay un complejo o un prejuicio tan instalado en la sociedad, cuesta mucho desprenderse de él. Hay elementos emocionales más fuertes. Las feministas somos muy estigmatizadas, nos tienden a ver como algo incómodo, contestatario, odia-hombres, feminazis...”, argumenta Fernández. Algo que concuerda con los datos del informe realizado por Ipsos sobre Feminismo e Igualdad de género.

Mientras que el 73% de las españolas cree que en España no hay igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres; y el 91% afirma que todo el mundo debería ser tratado por igual… pero solo poco más de la mitad (el 63%) se definen a sí mismas como feministas.

Meryl Streep aseguró, en unas declaraciones similares, que ella no se reconocía como feminista, “que ella era humanista”. Y lo hizo, paradójicamente, en el marco de la presentación de la película Sufragistas. “ Soy humanista. Busco un buen equilibrio”, dijo. Y se quedó tan ancha. Pero es que la misma Meryl Streep es la misma que aplaudió el discurso feminista de Patricia Arquette en la gala de los Oscars o que en abril promocionó Writers Lab, una iniciativa para combatir el falta de mujeres en el mundo del guión. Streep también envió cartas a cada uno de los Congresistas para apoyar la Enmienda de la Igualdad por los Derechos.  

¿Qué hacemos con todo eso? No nos podemos resignar a apartarlo porque no sepamos dónde meterlo. Es feminismo. “Claro que duele que Meryl Streep no se considere feminista, pero hay que mirar hacia adelante. Todo suma”. La falta de identificación no puede restar o invalidar toda una serie de aportes.

La ansiada palabra llegará. Tarde o temprano. “ Está muy bien hacer pedagogía, pero para quien tenga energía. Creo que tampoco podemos obligarnos a rebajar el discurso porque eso es una estrategia para desmovilizar del patriarcado. El feminismo tiene que seguir siendo radical, nosotras tenemos que seguir nuestra agenda y cumplir nuestras demandas”. Es cuestión de tiempo que todas y todos nos vayamos sumando.

A raíz de esta polémica, la presentadora de televisión Cristina Pedroche, quien también fue linchada en el pasado por decir que ella no “creía ni en el feminismo ni el machismo y que los extremos nunca son buenos”, se ha solidarizado con Paula Echevarría en su blog personal. La presentadora asegura que ella también estaba confundida con el término y que lo asumía como lo opuesto al machismo, como mucha otra gente.

"Yo también hace tiempo dije que no era feminista ni machista, ya que como el 80% de la población los entendía como opuestos, y por eso en mis últimas entrevistas he querido recalcar que por supuesto soy feminista, y he intentado explicar la diferencia entre ambos términos a mucha gente que también estaba errónea", relata en el mismo post.

Helen Mirren, la actriz británica ganadora de un Óscar por su papel The Queen, es un ejemplo de esto mismo: en un discurso de graduación que se ha hecho viral en una Universidad de Nueva Orleans, la intérprete ha asegurado que ella, ahora, también abraza el término.

Mirren siempre fue feminista (ya en 1975 contestó de forma brillante a un entrevistador machista). Pero no ha sido hasta hace muy poco cuando ha podido expresarlo así:

“He empezado a entender que el feminismo no es una idea abstracta, sino que es una necesidad”. Mirren asegura que durante años creía que las mujeres podían ser tan capaces, enérgicas e inspiradoras como los hombres. Algo evidente. “ Pero unirme a un movimiento que se llamaba feminismo me parecía algo muy didáctico, muy político”. Ahora, Mirren ha entendido que el feminismo es la “única dirección para seguir adelante” y romper con una estructura de poder. Por eso ahora se declara feminista.

Su discurso, cuya transcripción se puede leer aquí, es un buen ejemplo de ese margen que necesitamos para el cambio. De la necesidad de escucharnos las unas a las otras. De parar de señalarnos. De acribillarnos. De ridiculizarnos.

El patriarcado no nos quiere como aliadas, por eso mismo tenemos que estarlo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar