Cultura

Ni frígidas, ni santas: las mujeres no llegábamos al orgasmo porque nadie nos enseñó

Un montón de mujeres han subido el sonido real de su orgasmo a Internet para seguir desmontando tabús en torno al orgasmo femenino. Y sí, aún hace falta

Un pulpo succiona el clítoris a una mujer enrollándose en ella con cada uno de sus ocho brazos. El villano Barbarella se enzarza con una máquina para matar —literalmente— del gusto a Jane Fonda a partir de unas teclas sinfónicas. Tres ángeles divinos estimulan los senos y el clítoris a una mujer en una especie de festín celestial en el que nada es real y todo es mentira. Será por eso que durante tanto tiempo el orgasmo femenino parecía obra del Espíritu Santo.

De habernos guiado por algunas pinturas, películas, lecturas o estampas de principios de siglo XIX y XX, todo hubiera quedado ahí: entre lo onírico y la ciencia ficción. El orgasmo femenino era algo irreal, algo a lo que no había que aspirar demasiado.

Recuerdo un día que le pregunté a mi abuela de 94 años si ella sabía explicarme qué se sentía con un orgasmo. Solo sé que me miró muy violentada y me dijo que “esas cosas no las hacían las chicas”. Nunca volví a sacar el tema.

Ahora me gustaría enseñarle esta Biblioteca de Orgasmos en Internet y decirle, mira, abuela, esto es lo que hacen las chicas. Este portal recopila más orgasmos reales de diferentes países “donados” por sus beneficiarias y han sido escuchados más de 2 millones de veces. Los orgasmos aquí se escuchan, pero también se ven gracias a un algoritmo de data art que crea formas de diversos colores.

Este proyecto busca reivindicar la sexualidad femenina desde una perspectiva libre de tabús y prejuicios y también mucho menos ficcionada. “Queremos demostrar que el placer no tiene un sonido particular, ni una sola manera de expresarlo ni sentirlo”, explica Marta Aguera, una de las mujeres tras esta iniciativa. En cada orgasmo también se especifica cómo se ha conseguido: masturbación, penetración, sola, pareja, trío, etc. La mitad de ellos, sorpresa, los consiguieron mujeres solas en su habitación y a través del clítoris.

“Aunque cada vez existe menos tabú en relación al orgasmo femenino, seguimos basando nuestras relaciones en ideas preconcebidas basadas en películas, a lo 50 Sombras de Grey, o en el porno mainstream. Por eso ahora, el siguiente paso, es hablar del sexo desde la realidad”, razona Marta.

" La primera vez que tuve un orgasmo, no sabía lo que era", confiesa la activista, actriz porno y trabajadora sexual Maria Riot, de 25 años. " Sabía que había tenido sensaciones que me habían dado mucho placer y que nunca había sentido algo igual pero no tenía idea de que un orgasmo era eso hasta que me puse a investigar en libros y en revistas. Nunca nadie me habló de orgasmos, de placer sexual, de masturbación u otras práctica", prosigue.

Con el tiempo, "empecé a entender que yo también quiero tener orgasmos y que si la persona con la que estoy llega a uno y yo no, no significa que ha terminado el acto, puedo querer seguir masturbándome o pedirle al otro que me toque". 

 

 

Captura de pantalla de la Biblioteca de Orgasmos

Para la sexóloga Silvia C. Carpallo, autora de El Orgasmo de mi vida, también parece claro que ya hace un tiempo que hemos sacado del armario el orgasmo femenino, pero también cree que “ lo hemos ficcionado demasiado por esa falta de referentes reales en el pasado”. Otro de los grandes referentes —recuerda Silvia— es Freud, el mismo que nos tachaba de " histéricas" y decía que el orgasmo clitoriano era una especie de defecto. "Es absurdo que ese sea el principal referente del orgasmo femenino. Su idea de la dicotomía entre el orgasmo vaginal y orgasmo clitoriano a día de hoy carece completamente de sentido".

Esta falta de referentes del pasado, nos ha acercado a ideales basados en la cultura de masas que hoy consumimos en la que siempre existe un amante (normalmente hombre) que te brinda un sexo perfecto y te lleva al orgasmo en cuestión de segundos, solo con penetración y en el que se acaba gritando muchísimo. Como en las películas.

Nos hacen falta más dosis de realidad. Por ejemplo, Lena Dunham ha conseguido contar en Girls cómo es el sexo real, sin que suene música de fondo, sin que la pareja se mueva totalmente acompasada, bañada por una luz tenue, sin resumir todo al coito y, sobre todo, sin que la pareja llegue a la vez al orgasmo, como pocas veces pasa en la vida real”.

En esas mismas está la protagonista del libro Ahora me toca a mí (Los libros del lince, 2017), una mujer adulta y madre de tres hijos que se retracta a sí misma al cabo de años y lo admite: nunca ha tenido un orgasmo y sabe que ahora ha llegado su hora. En su caso, le fallan muchas casos: su tensión constante, su expectativa, una herencia familiar que le ha negado una conversación abierta sobre sexo femenino y también, claro, el peso de una industria cultural que nos muestra, otra vez más, como seres casi de mentira. Así lo explica en el segundo capítulo:

"Pero aunque K es culpable de que no me corra, no toda la culpa es suya. El cuerpo también forma parte del problema. No me relajo, no estoy tan delgada. No me parezco a las mujeres de las películas. (...) Es como si las mujeres de las revistas vinieran de otra parte, como si fueran de una especie distinta a la mía. Si las mujeres de las películas fueran perros, serían galgos, mientras que yo sería un san bernando o un rottweiler en uno de mis mejores días con unas copas de más"

Fotograma de Broad City

La protagonista de esta novela, Julie, se arma de valor y se compra un vibrador que la garantiza un orgasmo a los 30 días. Y ahí está: intentando olvidar que el ruido del cacharro le recuerda al cortacésped de su padre y tratando de encontrar la concentración (como puede) para llegar de una puñetera vez a correrse.

Otro dato es que, entre todos los orgamos de la audioteca online, un 20% fueron alcanzados con la ayuda de dildos o juguetes sexuales. "Esta cifra también es significativa, ya que muestra que el vibrador se está volviendo una herramienta cada vez más común en la sexualidad femenina. Empezamos a desterrar la palabra consolador porque un consolador ni consuela ni sustituye a nadie, sino que simplemente ayuda a darle más chispa a la experiencia sexual, tanto en solitario como en pareja", agrega Silvia, la sexóloga.

"La clave de por qué ahora parece que los juguetes sexuales están más aceptados y son más visibles es precisamente que se ha desvinculado del pene. Ya no hablamos de penes de goma, que de hecho parecían más pensados para el hombre que para el disfrute de la mujer. Ahora esto ha cambiado y algunos de los juguetes más vendidos están pensados para la estimulación exclusiva del clítoris, sola o en pareja, y por tanto ayudan a la mujer a alcanzar el orgasmo"", subraya. 

María Riot admite que las mujeres sabemos ahora mucho más sobre nuestro cuerpo y sobre sexualidad, pero que aún así queda un largo camino. “Hace años yo era la única entre mis amigas que aceptaba que se masturbaba y ahora poco a poco se está normalizando cada vez más, aunque nos falta muchísimo. He alentado a amigas a que empiecen a decirle a sus parejas si no les gusta algo o a pedir qué cosas quieren, a masturbarse (¡algunas nunca lo habían hecho!) y a que pueden dejar de un lado la culpa, los tabúes y las concepciones...".

Y así, dejar a un lado todo: teorías falocentricas que han negado históricamente nuestro placer y sueños húmedos con cefalópodos para ver si se acerca algo, un poco, a lo que evocaba la escritora  Anaïn Nin en sus conocios relatos eróticos del siglo pasado.

  "Un arco iris de color golpea suavemente los párpados.

Una música resuena en los oídos.

Es el gong del orgasmo""

Ay, menos mal, por fin.

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