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Culture

Un importante paso contra el ocio machista: eliminar el "chicas gratis" de las discotecas

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El Gobierno vasco quiere prohibir la entrada libre a discotecas por el simple hecho de ser mujer. Una propuesta pionera que podría sentar un precedente

anna pacheco

12 Junio 2017 14:02

Estás con tus amigos en la cola de una discoteca un sábado por la noche. Sois tres chicas y cuatro chicos. Al llegar a la entrada, sorpresa. Estáis de suerte, chicas. Entráis gratis. Todas. ¿Por qué? Solo por ser chicas. Recuerdo esta situación de adolescente. Estar parada frente al segurata y no entender bien a qué se debía esa especie de privilegio (envenenado, eso lo sabría después) que se nos permitía a las chicas.

Entre mi grupo de amigos acordamos, alguna que otra vez, dividir el precio de la entrada de los “chicos” entre todas y todos y así la entrada nos salía más barata. A veces hasta nos veníamos un poco arriba. El dinero que nos habían dado nuestros padres con suerte nos tocaba para más cubatas. Con 16 años no reparamos mucho más tiempo en eso: estábamos demasiado eufóricos a las cuatro de la tarde pre-sesión light. Lo que queríamos, sobre todo, era bailar.

Con la edad y la conciencia feminista sí que nos hemos dando cuenta de cosas, de lo que realmente significa estar ahí bailando, como mujer, en un espacio en el que de entrada tú no has pagado nada. No, al menos, con dinero. Tu presencia, reducida a un cuerpo, se paga de otras formas. Hemos aprendido que el coste de la entrada lo soporta tu cuerpo: tú eres el producto, la mercancía y, por supuesto, el reclamo.

Pero esta práctica no es cosa del pasado. De hecho, sigue tan vigente hoy como lo era en nuestra adolescencia y como lo fue en la época anterior, en la que aún los padres ‘sacaban a bailar’ a nuestras madres. Esta práctica se perpetúa en el tiempo e incluso se altera de las formas más grotescas. La reciente polémica con una discoteca de Barcelona que ofrecía entrada libre, copa gratis y 100 euros a las mujeres que fueran sin bragas es solo una muestra de ello: de cómo una práctica de por sí discriminatoria y vejatoria puede serlo aún más.

Ahora el Gobierno Vasco prepara un decreto que quiere poner fin a esta discriminación obligando a los espacios públicos de ocio y recreo a fijar un precio único e inalterable de entrada. El borrador de esta medida pionera pretende evitar así cualquier tipo de discriminación por razón de sexo, raza, origen o religión.

“El precio de la entrada es libre para la empresa organizadora, pero no pueden ser diferentes. Cada vez hay menos, pero se suele ver todavía la típica discoteca: chicos 25 €, chicas gratis. Esto ya no será posible”, subrayó Aitor Uriarte, el director de Juegos y Espectáculos del Gobierno vasco, en declaraciones para la cadena Ser.

De aprobarse definitivamente este decreto estaríamos frente a una victoria pequeña que pone de manifiesto la necesidad erradicar una práctica discriminatoria. El “damas gratis” solo es el poso de un machismo sistémico que está presente en todos los ámbitos y que se intensifica si cabe aún más en el ocio nocturno. El “damas gratis”, disfrazado de una esa falsa generosidad para las señoritas, solo es una puerta de entrada para legitimar más violencia machista.

Ese mismo espacio que te invita a una copa o te abre el paso solo por tener coño es el mismo que ampara los manoseos, las agresiones sexuales y el acoso de los hombres solo por eso mismo, por tener coño. El mismo espacio que te premia si llegas sin bragas o con la falda muy corta es el mismo que luego te culpabiliza si te violan porque, ay, amiga, la “falda era demasiado corta”. Y qué esperabas.

Desde Dones Juristes, asociación de mujeres juristas con perspectiva de género, aplauden esta propuesta pionera —”es un pequeño paso, pero es muy importante y sin duda será efectivo”— y recalcan la importancia de que se hable de cualquier forma de promoción de la mujer como objeto. “No solo es la entrada gratis, esta práctica puede manifestarse de otras formas: cuando se invita con especial énfasis a mujeres solteras o que se pongan bikinis”.

Marisa Fernández de Dones Juristes recuerda una sentencia reciente sobre un bar de Albacete acusado de trato discriminatorio. “Fue la primera vez que la justicia se pronunció sobre un tema de este tipo”, explica. El tribunal obligó al bar a pagar una multa de 1.500 euros por discriminar por razón de sexo. Aunque este caso era desde un punto de vista masculino —el denunciante era un hombre que no entendía por qué las mujeres no tenían que pagar— sentó, en cierto modo, un precedente.

Aún así, no es válido el argumento “pobrecitos hombres que tienen que pagar”, rebate Fernández. “El sistema de opresión y sumisión es producto de una sociedad patriarcal, por lo que la dirección de esa opresión es siempre la misma y es siempre hacia la mujer. No hay otra lectura posible”.

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