Cultura

Forenses desvelan las auténticas causas de la muerte de Carrie Fisher

¿Qué falló aquel fatídico 27 de diciembre?

Getty Images

Tras la muerte de Carrie Fisher el pasado 27 de diciembre, empezó la floración de artículos en los que se cifró la importancia de la actriz dentro del género de la ciencia ficción, la valentía con la que se enfrentó a Darth Vader, y la ferocidad con la que, vestida de esclava, estranguló al repugnante Jabba the Hutt.

Las circunstancias de su muerte, en cambio, fueron de lo más prosaicas.

Según las investigaciones forenses, Fisher murió por una apnea del sueño, además de otros factores, como la acumulación de grasa en las arterias. La autopsia certifica que la actriz también habría tomado diferentes medicamentos, pero los especialistas todavía no han confirmado que el uso de éstos fuese determinante en la muerte de Fisher.

Cabe recordar, en cualquier caso, que Fisher tuvo varios problemas relacionados con las drogas a lo largo de su vida. Desde el consumo de marihuana durante la adolescencia, pasando por la experimentación con LSD siendo ya adulta, la relación de la actriz con los estupefacientes terminó desembocando en un desorden bipolar, que se empezó a manifestar a sus 24 años, cuando El Imperio Contraataca llegaba a los cines —y ella prometía amor eterno a Han Solo.

“Nada de esto nos sorprende”, declaraba su hermano, Todd Fisher, al enterarse de los últimos hallazgos forenses. “Tal y como yo lo veo, no es ninguna noticia que Carrie tomase drogas”, añadió, “por lo que no me impresiona que su salud se viese afectada por el abuso de ese tipo de substancias”.

La espectacularización que Fisher hizo de sus vicios en incursiones literarias, con Postales desde el filo a la cabeza, explica, en parte, el diagnóstico que hace Todd. El hermano de la actriz incide en que otros de los factores que pueden explicar la muerte de Fisher bien podrían ser su adicción al tabaco, o bien un abuso de las pastillas que tenía preescritas para tratar sus problemas psiquiátricos.

La inquinia con la que Todd Fisher parece tratar el tema quizás tenga su explicación en un hecho que no ocupó tantas portadas, pero que también ocurría el pasado diciembre: a la muerte de Fisher, de tan solo 60 años de edad, le siguió, solo un día después, la de su madre Debbie Reynolds, víctima de un infarto fulminante. 

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